Para Javier Milei nada marcha de acuerdo al plan. Ni en la política ni en la economía. Empantanado, el presidente se lanzó a una pelea frontal con la prensa. Otro intento por resetear una agenda que no le da respiro.

La expulsión de los medios de la Casa Rosada, otro intento por resetear la agenda. El pesimismo del círculo rojo y los objetivos de la reforma electoral. Unidos versus Perotti y las señales rosarinas
Por Mariano D'Arrigo
El presidente Javier Milei, en una guerra abierta con los medios de comunicación.
Para Javier Milei nada marcha de acuerdo al plan. Ni en la política ni en la economía. Empantanado, el presidente se lanzó a una pelea frontal con la prensa. Otro intento por resetear una agenda que no le da respiro.
La inflación y los escándalos de Manuel Adorni ponen al gobierno en una posición defensiva de la que no logra salir. Es más fácil enojarse con los periodistas que recalibrar un programa económico que encontró su límite y reclutar funcionarios a la altura del cargo.
Tras la restauración de la democracia todos los gobiernos tuvieron sus episodios de alta tensión con los medios. La novedad que introdujo Milei es el corrimiento de todos los límites: el ataque sistemático a la prensa, la naturalización del insulto y la expulsión de periodistas de la Casa Rosada.
Periodistas que hacen base en la Casa de Gobierno acreditados cuentan que presuponían que el gobierno iba a tomar una decisión dura con la prensa. El clima estaba enrarecido desde la investigación por la supuesta campaña rusa de desestabilización de la gestión libertaria.
La decisión del canal TN de filmar con anteojos inteligentes en los pasillos de la Casa Rosada fue la excusa perfecta para cancelar todas las acreditaciones.
De todos modos, el apagón total es una medida que difícilmente el gobierno pueda sostener en el tiempo. Para la semana próxima se espera algún tipo de flexibilización de una decisión opuesta al liberalismo y que cercena el derecho a la información de la sociedad sobre lo que sucede en el ámbito donde se toman las principales decisiones del país.
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La medida coincidió con la reunión que tuvo Milei el mismo jueves con Peter Thiel. Se trata de un magnate de Silicon Valley que cree que la democracia es enemiga del progreso tecnológico y que ve a la Argentina como un laboratorio anarcocapitalista.
El desafío que tiene Milei es cómo tornar sustentable el experimento en términos económicos, sociales y políticos. La economía cayó 2,6% en febrero respecto de enero, el pesimismo tiñe las expectativas y en un año el gobierno tendrá que enfrentar el veredicto de las urnas.
El círculo rojo está preocupado. Se vio esta semana en la cena anual de Cippec, el think tank dirigido por el santafesino Luciano Laspina. El evento suele ser un termómetro de la marcha del país.
En la pública, dirigentes de la política, el empresariado y la diplomacia destacan la impronta reformista de Milei, señalan las tareas pendientes y piden acuerdos políticos, que tengan como pilares el equilibrio fiscal, la estabilidad macro y la seguridad jurídica.
Por lo bajo, son más críticos. Advierten que la Argentina está ante una gran oportunidad y el gobierno hace todo por desaprovecharla. “Hay un clima raro. Se ve que el gobierno no reelige, que el rechazo está consolidado entre los 60 y los 70 puntos y que Milei está muy encerrado”, dice una persona que estuvo en el Centro de Convenciones de Buenos Aires.
El fantasma que sobrevoló toda la noche es el de Adorni. Un nombre incómodo para el oficialismo, pero sobre todo para los aliados. “Que se haga cargo él de lo que hizo”, dicen en el PRO.
Este miércoles, Adorni irá al Congreso a dar su informe. Milei confirmó que irá a bancar a su jefe de Gabinete. El recinto de Diputados se convertirá en un circo romano. Es una batalla imposible de ganar para el exvocero, cada vez más cercado en la investigación por enriquecimiento ilícito.
En el mejor de los casos, dará material para contenido en las redes teledirigido al núcleo duro libertario. Todo servirá para instalar la narrativa de que Adorni y Milei domaron a los kukas y a los zurdos.
En ese cuadro entra la reforma electoral. El corazón del proyecto es la eliminación de las Paso. En el corto plazo, sería una bomba de fragmentación sobre el sistema de partidos, un terreno fértil para que florezcan potenciales candidaturas como la del pastor Dante Gebel.
Esa atomización podría ser contrarrestada con las mayores exigencias para crear y sostener la personería. Una forma de evitar una peruanización total de la política argentina.
Sin embargo, el horizonte es 2027. En el cálculo de costos y beneficios, la eliminación de las Paso beneficia al gobierno. La Libertad Avanza es la única fuerza nacional y que tiene un candidato indiscutido: Milei. El resto necesita las primarias para soldar alianzas y dirimir liderazgos.
Ese es el caso del radicalismo, el PRO y quienes transitan la angosta tercera vía. Consciente de su capacidad de daño electoral, Mauricio Macri se mueve con perfil más opositor. “Hay que prepararse. La improvisación ha hecho mucho daño en la Argentina. En este próximo paso lo que hace falta es planes claros, método y equipo”, fue el mensaje que envió a un encuentro del PRO Santa Fe del que participaron Gisela Scaglia, Cristian Cunha, Anita Martínez y otros dirigentes.
También el peronismo necesita las Paso para evitar la dispersión. Incluso le serviría para contener expresiones que vayan del centro a la derecha y a la izquierda. Para eso, una tarea es definir un marco de convivencia. En el peronismo santafesino reconocen que la relación entre Axel Kicillof y el cristinismo está “muy mal”. Casualidad o no, Máximo Kirchner vino a Santa Fe el mismo día en que el gobernador asumió la conducción del PJ bonaerense.
La desconfianza en la reforma electoral abarca a otros sectores. En Provincias Unidas creen que la iniciativa es “extorsiva”, porque mete en un mismo paquete la eliminación de las primarias con ficha limpia, una bandera del espacio. “Si no votás quedás como casta o como que estás con CFK”, se quejan.
Respecto de la boleta única, el proyecto introduce el casillero de lista completa. Un cambio resistido por los partidos provinciales, porque los deja en desventaja en las elecciones presidenciales. La carnada que le ofrece Milei a los gobernadores que orbitan cerca de la Casa Rosada es que la misma boleta contenga las categorías nacionales, provinciales y locales. “Es un texto muy para negociar”, dice un aliado de La Libertad Avanza que conoce la cocina de la política.
El tema es que para los jefes territoriales no es lo mismo hacer una alianza con un presidente por encima de los 50 puntos de aprobación que con un Milei que se acerca a la zona de los 30.
Los incentivos para acordar disminuyen y crecen las razones para diferenciarse. Por eso el gobernador Maximiliano Pullaro usó la tribuna de la Bolsa de Comercio de Rosario para quejarse con mayor dureza por el abandono del Estado nacional de las rutas y reclamar por la eliminación de las retenciones. Por eso también el ministro de Obras Públicas y ahora exsenador Lisandro Enrico tildó de “criminal” la política vial del gobierno de Milei.
Eso no significa que todos los puentes entre la Nación y Santa Fe estén detonados. De hecho, en mayo la provincia empezará a cobrar los 10.000 millones de pesos mensuales por el acuerdo por parte de la deuda que tiene la Ansés con la Caja de Jubilaciones de la provincia.
Esta semana, la Legislatura dio el aval parlamentario que se necesitaba para que el convenio entre en vigencia. El dato político es el cruce de alto voltaje entre Unidos y el peronismo. En particular, con Omar Perotti y su sector.
El rafaelino ve un desgaste de la gestión provincial y detecta una oportunidad. Sin necesidad de instalación, puede jugar con el tiempo. En su menú aparecen tres opciones principales: competir por la Gobernación, encabezar una lista de diputados provinciales o tratar de volver al Senado.
Con La Libertad Avanza con dificultades para hacer pie en elecciones provinciales, a Unidos le sirve que el eje sea peronismo versus no peronismo. “Nos conviene que Perotti sea el principal opositor, pero no subestimamos al PJ”, dice un dirigente con asiento permanente en la mesa chica del oficialismo.
Sectores del peronismo también leen que la figura de Perotti tira para abajo en Rosario y creen que la estrategia provincial debe estar alineada con la local. Observan que las chances de cortar con un largo ciclo político de casi cuatro décadas están intactas.
Este sábado hubo una señal. Se juntaron en la Facultad de Arquitectura de la UNR dirigentes de todas las tribus del panperonismo con la excusa de la futura Carta Orgánica local. Se sumaron también referentes de la centroizquierda que suelen ser refractarios al PJ.
Se armaría así un escenario de mayor riesgo para el oficialismo local, la condición que puso el intendente Pablo Javkin para competir por un tercer mandato. En el mundo PRO Anita es un nombre fijo, Cunha busca levantar el perfil con línea dura hacia Juan Monteverde y señales al público libertario.
De todos modos, en el partido amarillo deslizan que en tiempo de definiciones puede aparecer otro nombre: Federico Angelini. El hoy funcionario del Ministerio de Seguridad de la Nación reportó a Patricia Bullrich, pero nunca rompió con el PRO. “Tiene que ser intendente y el momento es 2027”, dice un dirigente de su sector.



Por Matías Petisce

