¿Es posible sostener tratamientos de calidad, centrados en el sujeto y su historia, y cumplir objetivos para generar más autonomía e integración en niños y adolescentes con problemáticas vinculadas al desarrollo? ¿Qué recursos tienen los profesionales? ¿Cómo acortar las distancias entre lo que necesitan los pacientes, las expectativas familiares y lo que el sistema ofrece en un contexto tan complejo como el actual? ¿La discapacidad es una problemática social? Sobre estos temas, habló con La Capital Natalia Rodríguez, licenciada en psicopedagogía, quien coordina y dirige un espacio terapéutico interdisciplinario que se aboca al acompañamiento profesional de niños y adolescentes con discapacidad. "Equipo Encuentros" es un centro ubicado en Gaboto y Alem, de Rosario, con habilitación específica para acompañar a alumnos con discapacidad en las escuelas comunes. El espectro de las actividades que realizan es amplio y se caracteriza por buscar, sostener y lograr un mayor bienestar en la vida cotidiana de niños y adolescentes con diversas problemáticas.
Equipo Encuentros brinda, por ejemplo, maestras integradoras o acompañantes terapéuticos en los casos en los que se requiere, asistiendo a las profesionales en forma constante y capacitándolas para que puedan cumplir con su tarea en terreno.
Natalia Rodríguez, cuya vocación y sensibilidad por las personas con discapacidad apareció en su infancia, decidió abrazar la profesión de psicopedagoga enfocada en quienes son más vulnerables. La profesional contó que la institución consta de un área clínica y otra basada en la integración escolar, con especialistas que se involucran "en cuerpo y alma" con la discapacidad y la escuela.
En lo personal, y creo que es algo que sucede en general, me encontré con el desafío de la puesta del cuerpo. Cuando sos estudiante no tomás la dimensión de lo que eso significa. Desde el punto de vista del niño, la importancia enorme del abrazo, de la caricia, de que pueda hacer uso de la propia voz para conectarse, del propio cuerpo. Entonces una inicia un camino en el que también pone al servicio la corporalidad y tiene que estar dispuesta, desde ese lugar, para poder acompañar: ya no se trata de lo teórico, de lo que está en el papel, sino de una real disposición que plica escuchar pero también ir, venir, saltar, correr...Sin dudas nuestra tarea plica un trabajo desde lo corporal.
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¿Algún recuerdo que no se te borra?
Sí. Uno de mis primeros acompañamientos. Tenía que viajar más de una hora para llegar. Acompañaba a un niño a la colonia de vacaciones, me tiraba a la pileta detrás de él porque le encantaba el agua, y por supuesto, no sabía nadar, hacía un montón de actividades, que lejos pensaba en ese momento que tenían que ver con mi profesión. Hoy puedo darme cuenta que se estaba fundando lo más portante: el vínculo terapéutico. Lo que posteriormente permitió que él se mostrará disponible a mi figura y pudiéramos trabajar actividades más pedagógicas. Ese comienzo fue un gran desafío y el que más disfruté por todo lo que se logró. Entendí que se trataba de conectar, de transitar normas y reglas pero también de adaptarse a las necesidades particulares de cada uno.
¿Qué aporta la psicopedagogía en la discapacidad?
Cuando hablamos de psicopedagogía nos referimos a aprendizaje, y no solo lo formal y pedagógico sino el que se requiere para la vida cotidiana, poder brindar herramientas para una mejor calidad de vida, pero no solo en la lectoescritura o matemáticas (escolar) sino en todo lo que hacemos en forma cotidiana. Trabajamos la atención, la memoria, la sensopercepción. Lo que se hace es evaluar y detectar cómo aprende cada niño o adolescente, y poder tratar pero también prevenir.
En cuanto a anticiparse, ¿el sistema de salud y en las escuelas, pueden detectar a tiempo si hay problemas en los casos en los que la discapacidad no es visible?
Entiendo que a veces las docentes no pueden derivar, o que el pediatra no ve necesariamente a tiempo. Sin dudas cuanto más temprano se brinden los apoyos, mejor. De todo modos es un tema complejo. En ocasiones llegar al diagnóstico no es fácil porque confluye lo socioeconómico, el contexto, lo familiar. Por ejemplo, en el ámbito público de la salud, aún con sospechas de un trastorno o con diagnóstico ya hecho hay mucha gente en lista de espera. Y con el correr del tiempo ni siquiera "se mueven" esas listas, la saturaron del sistema de salud público, está saturado. Lo ideal, y sé que es muy complicado generar cargos, pero igual hay que plantearlo: Deberían haber más psicopedagogos en el ámbito de la salud y en lo educativo. Cada escuela debería tener un gabinete interdisciplinario para poder evaluar estas cuestiones y brindar apoyo a los docentes.Algo que también se pone en juego es la posibilidad de coberturas que tienen las familias, tanto de tener una obra social o prepaga. Las mismas, hoy no aseguran una prestación al 100 por ciento. En estos últimos años, los niños y adolescentes que están en tratamiento sufren un recorte de prestaciones, no les cubren la totalidad o las familias deben recurrir a la Justicia para lograr un medicamento o una herramienta de movilidad, por ejemplo. También es dificultoso para los prestadores porque los aumentos han sido muy bajos, y hay una diferencia importante entre lo que plantean los colegios profesionales, con lo que define la Superintendencia de Salud.
El trabajo que ustedes llevan adelante no se circunscribe a los 45 minutos o la hora de la terapia...
Claro, es así. Nuestro trabajo es analizar cada caso, preparar cada sesión, hacer reuniones con todos los terapeutas y escuelas (de nivel y especial) que tiene ese niño o adolescente. Interactuar con las familias, diseñar un proyecto terapéutico y redactar informes para dejar un registro de nuestro trabajo, seguir formándonos y actualizándonos todo el tiempo...
Con qué perfil de pacientes trabajan en Encuentros...
Es amplio. Tenemos un rango que va de los 3 a los 18 años o hasta que terminen la secundaria, no tenemos una limitación en cuanto a edad pero por lo general estamos en esa franja, y la mayoría de los pacientes que llegan presentan alguna discapacidad.
Trabajamos con muchos chicos con trastornos del lenguaje, con adquisición del lenguaje tardío, que no apareció aun incluso con 8 o 10 años. Más allá del diagnóstico de alguna condición especial vemos una relación directa en esas edades y la pandemia. Son chicos que no estuvieron presencialmente en los primeros años de nivel inicial o primaria, que hicieron primero o segundo grado en pandemia, vemos el uso excesivo de pantallas, que se estableció y que continúa. Si bien es una herramienta útil en muchos casos, se abusó de ella y en lo atencional fue perjudicial.
Escuela común o especial
Hay una discusión en torno a si todos los chicos con estas problemáticas debe asistir a la escuela común ¿cuál es tu mirada?
Desde mi ideal, y remarco ideal, debería haber una única escuela que pueda alojar a todas las personas. La escuela especial nació para contener a los alumnos que no pueden acceder a la propuesta de la escuela de nivel, por sus necesidades particulares de aprendizaje. En la actualidad si bien continua con ese fin, se trabaja en conjunto con la escuela de nivel. Pero lo cierto es que no todos los chicos pueden hacer provechosa su estadía dentro de la escuela. Nosotras formamos un equipo inclusivo que trabaja del lado de la escuela común pero a veces intentamos y no se llega a cumplir un ciclo lectivo de calidad y hay alumnos que no pueden disfrutar aunque se hayan puesto en marcha todos los recursos. De todos modos, tengo esperanzas en que haya más cambios favorables en el sistema. Hoy son muy pocas las aulas que no tienen un alumno con alguna discapacidad o dificultad. Creo que estamos en la mitad de camino, nos falta mucho, es verdad, pero tenemos que poder pensar y accionar para que logremos una "escuela para todos".
¿Qué aportan desde este espacio terapéutico?
Por un lado una evaluación, un acompañamiento y un tratamiento. El principal objetivo es definir y desarrollar las terapias que son necesarias. Tener un diagnóstico, sin embargo, no implica que debés llenarte de terapias. Los chicos precisan tener tiempo libre, no pasarse toda su infancia dentro del consultorio, ese es otro desafío: que puedan seguir encontrando el deseo de continuar asistiendo. Ya en esta época del año se ve la dificultad en el rendimiento, en las ganas, en poder sostener una actividad tanto en el aula como fuera de ella. Entonces también nos toca detenernos y pensar en lo mejor para ese sujeto. Y desde ya para sus familias, que muchas veces se pasan horas y horas de su día en una sala de espera, llevando y trayendo, intentando cumplir con todo lo que se les propone y a veces exige a los pacientes. Como terapeuta considero que debemos colaborar con hacer más amena la vida a los niños y a las familias, teniendo en cuenta que la discapacidad es un paradigma social y el alojar a lo diferente, comienza por nosotros.