La agricultura global enfrenta desafíos enormes. Por un lado, debe reducir las emisiones responsables del cambio climático, pero, al mismo tiempo, es una de sus principales víctimas, ya que las sequías e inundaciones se intensifican debido a este fenómeno. A esto se suma la degradación de los recursos naturales esenciales para la producción, tales como la pérdida de biodiversidad, la contaminación del agua y la degradación de los suelos, que ya afecta al 30% de la superficie mundial. Además, la creciente demanda de alimentos, con la necesidad de aumentar la producción en un 45% para 2050, plantea un reto de gran magnitud. En este escenario, resulta crucial mejorar la productividad agrícola sin comprometer el cuidado del medio ambiente ni la protección de los recursos naturales.

































