Cuando parecía que el tema retenciones quedaba excluido del debate económico en el gobierno nacional, el propio presidente Alberto Fernández lo repuso con fuerza en una entrevista radial. Y fue sorpresa. Minutos después, el ministro de Agricultura, Julián Domínguez, lo desmintió: “de ninguna manera”, expresó y transformó la sorpresa en confusión. Todo, además, luego de que el muy empoderado ministro de Economía, Martín Guzmán, reiterara – en días anteriores- que la decisión de la Casa Rosada era no subir las alícuotas a los commodities que la Argentina exporta, que suben sus precios dramáticamente en el contexto internacional de la guerra Rusia – Ucrania, y que vienen teniendo un inocultable impacto en la canasta de precios de los alimentos básicos que consumen los argentinos.
La palabra “retenciones” a los productos agrícolas expresa un vértice del conflicto político, y atraviesa la historia nacional desde décadas. Sin embargo, alcanzó su “climax” máximo entre los meses de marzo y julio de 2008, cuando el entonces gobierno de Cristina Fernández dio una batalla legislativa sin precedentes, que terminó – con derrota para el gobierno- en la madrugada del 19 de julio de aquel año, con el voto “no positivo” del entonces vicepresidente Julio Cobos. Se quebró el gobierno, ganó “el campo”, y tambaleó la estabilidad institucional.
El vocablo que irrita a amplios sectores rurales, y a la oposición política al gobierno peronista, aun cuando los sectores mayoritarios de la conducción económica querrían sacarla del diccionario, retorna. Una y otra vez. “Las retenciones son el instrumento con que se desacoplan más fácilmente los precios externos de los internos”, dijo Alberto. Pero agregó que se trata de un tema “legislativo”. Minutos luego, su ministro Domínguez reiteró que el Ejecutivo nacional que “no se va a enviar un proyecto de ley al Congreso”.
Para el presidente, sin embargo, una iniciativa legislativa para aumentar las retenciones necesita “consenso”, que la oposición “acompañe la modificación”. Y advirtió, que el tema está “explotado políticamente por la oposición”.
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“Llegado el caso, necesito que el Congreso entienda el problema y acompañe”, abundó Alberto Fernández para sorpresa de sus entrevistadores de la FM Radio con Vos.
Desbordado por la inflación empobrece los bolsillos de millones de argentinos, y su correlato en la creciente debilidad política de la figura presidencial, ¿Alberto retoma la posibilidad de ir por una medida económica insustituible para “desacoplar” la estampida de precios internacionales de los precios internos?; todo lo expresado por el equipo económico hasta acá, va en un sentido contrario. Pero la realidad inflacionaria, en el caso de continuar la tendencia, abruma, empobrece, y deja al borde del nocaut al gobierno peronista.
El gran crecimiento económico post pandemia va a muchas cuentas bancarias, pero casi a ninguna de la base de la pirámide social que lo llevaron al triunfo en 2019.
“Que Rusia y Ucrania hayan salido del mercado le resta al mundo el 35 por ciento del trigo exportable, y a esto se le suma la India que decidió suspender sus exportaciones para garantizarle el trigo para su gente, esto supone un 50 por ciento”, explicó el presidente sobre la tormentosa perspectiva de precios, en especial de trigo: el pan (y los derivados) un componente clave en el precio de los alimentos.
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El gobierno no quiere hablar de “retenciones”; prefiere evitar un eventual recrudecimiento del conflicto político con el “campo” y la amplia plataforma política y mediática que lo acompaña. Pero no puede evitar volver a mencionar la palabra reprimida, que tanto rechaza un sector económico y político de la Argentina. Con retenciones bajas o nulas, y sin otras medidas de shock anti precios, la inflación podría ni siquiera moderarse. En ese caso, al destino político electoral del presidente y su coalición gobernante lo espera la desolación.