El ex marino Emilio Eduardo Massera falleció esta tarde en el Hospital Naval a causa
de un ACV hemorrágico. Integrante junto con Videla y Agosti de la Junta Militar que instauró
una de las más cruentas dictaduras en la Argentina, falleció a los 85 años.
A raíz de una disposición del Ministerio de Defensa todos los militares de la pasada
dictadura militar no se le rinden honores castrenses. El ex integrante de la primera junta militar
del Proceso de Reorganización Nacional estaba eximido de ser juzgado en los procesos por
crímenes de lesa humanidad por el estado de incapacidad mental en el que se encontraba.
El ex dictador y uno de los mas cruentos asesinos de la última dictadura militar Emilio Eduardo
Massera murió esta tarde inimputable por miles de delitos de lesa humanidad cometidos durante el
período en que usurparon el poder entre el 24 de marzo de 1976 y el 10 diciembre de 1983.
“Paro cardiorrespiratorio no traumático” fue el motivo de la muerte del anciano
represor que señalaron los médicos del Hospital Naval al comunicar el fallecimiento a los juzgados
que lo tenían imputado y atribuyeron esa falla cardiaca a un accidente cerebro vascular (ACV) que
había sufrido la semana anterior.
De acuerdo a las normas procesales cuando ese certificado de defunción llegue a cada uno de los
juzgados en los que estaba imputado, los magistrados deberán dictar la extinción de la acción penal
por muerte y el consiguiente sobreseimiento del ex dictador.
Paradójicamente quien fue considerado el principal “cerebro” del terrorismo de
estado hoy encuentra la muerte tras haber sido declarado inimputable por juntas de expertos que
concluyeron que los jueces estaban impedidos de actuar porque Massera no estaba en condiciones
mentales de afrontar un nuevo proceso.
El Almirante Cero, como lo llamaban sus subordinados en los centros clandestinos de detención
donde se torturaba embarazadas, se robaban bebés, se sometía a vejámenes a prisioneros antes de
matarlos o de arrojarlos al mar desde aviones en vuelo y se apoderaban de sus bienes; no pudo
escuchar una nueva sentencia que lo condenase.
Hace cinco lustros el octogenario dictador escuchó al camarista Carlos León Arslanian anunciarle
que lo habían condenado -junto a Jorge Rafael Videla- a prisión perpetua; fue al término del
histórico juicio a las juntas militares del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
Las leyes de impunidad (obediencia debida y punto final) y los indultos dictados por el ex
presidente Carlos Menem lo volvieron nuevamente a las calles, a disfrutar de la libertad que les
había negado a millares de jóvenes hombres y mujeres.
La derogación y declaración de “nulidad insalvable” de esas leyes y de los perdones
presidenciales provocaron la reapertura de decenas de causas y Massera volvió a ser señalado como
el jefe naval más emblemático del terrorismo de estado, el responsable máximo del horror y la
muerte en esos años.
Esta vez su deteriorada salud física y mental fue el obstáculo que encontró la justicia para
volver a sentarlo en el banquillo de los acusados, en el mismo sitial donde muchos de sus ex
camaradas de armas fueron condenados a prisión perpetua que cumplen en establecimientos del
Servicio Penitenciario Federal.
Juntas de peritos y profesionales médicos constataron que el deterioro neuronal del otrora
poderosísimo jefe naval era tal que le impedía sentarse frente a los jueces para afrontar un
proceso; su estado de salud era “altísimamente delicado” y su muerte se consideraba a
cada momento más previsible. (Télam)