Maximiliano Pullaro llegó al Centro de Justicia Penal (CJP) para declarar como testigo en la causa contra Esteban Alvarado acompañado de viejos y nuevos socios políticos, en una movida que abre distintas interpretaciones políticas de cara al futuro.
Por Mariano D'Arrigo
Gabriel Chumpitaz y Clara García acompañaron a Maximiliano Pullaro en el Centro de Justicia Penal.
Maximiliano Pullaro llegó al Centro de Justicia Penal (CJP) para declarar como testigo en la causa contra Esteban Alvarado acompañado de viejos y nuevos socios políticos, en una movida que abre distintas interpretaciones políticas de cara al futuro.
El ex ministro de Seguridad llegó al CJP acompañado del diputado nacional Gabriel Chumpitaz (PRO-Evolución) y se encontró con varias figuras del socialismo, sobre todo del núcleo de Miguel Lifschitz.
Lo esperaban allí Clara García, presidenta del interbloque del Frente Progresista en la Cámara de Diputados de la provincia y esposa de Lifschitz hasta su fallecimiento, en mayo del año pasado; el presidente de la bancada socialista, Joaquín Blanco, y los ex ministros de Justicia Ricardo Silberstein y de Infraestructura y Transporte José Garibay. Todos escoltaron a Pullaro hasta la sala de audiencias, donde el actual jefe del bloque radical en Diputados declaró en una causa pesada, que tiene varias ramificaciones políticas.
En el entorno de Pullaro aseguraron que la idea “surgió en una charla informal”. “Maxi tenía que ir a declarar, y se habló de ir a acompañar, nos parece muy destacable”, dijeron a La Capital. Más allá de a quién se le ocurrió la jugada, en este punto los intereses de Pullaro y la cúpula del socialismo coinciden.
A ambos les sirve poner en valor lo hecho durante la gestión de Lifschitz en un tema que ostenta el récord al tope de las preocupaciones sociales -la inseguridad- y que si bien fue el talón de Aquiles en la campaña electoral del 2019 hasta ahora el gobierno de Omar Perotti no puede exhibir mejores resultados.
“Que esté Clara es un reconocimiento de lo que hizo junto a Lifschitz”, dijo un miembro de la mesa chica de Pullaro, que pese al salto a Juntos por el Cambio nunca dejó de reivindicar el gobierno del Frente Progresista. En el PS devolvieron la pared.
“Alvarado fue el último narco de gran volumen detenido durante la gestión de Miguel; si bien la investigación la llevó adelante la fiscalía, fue el resultado de sostener políticas públicas desde el gobierno. Para nosotros es la posibilidad de reafirmar la política de combate criminal del Frente Progresista”, sostuvieron desde el grupo político que trabajó primero con Lifschitz y ahora está bajo las órdenes de García. Pero más allá del pasado en común, los caminos políticos que se separaron en 2019 podrían volver a encontrarlos en un futuro no muy lejano.
“El mensaje político para adelante es que hay posibilidades de síntesis”, se entusiasman en el entorno de Pullaro, quien se imagina como el articulador de un espacio que contenga desde sectores del PRO (como los de Chumpitaz y los que se referencian en el diputado nacional Federico Angelini) hasta el PS y que compita en la interna del famoso frente de frentes. Sin embargo, no la tendrá fácil, especialmente en una eventual gran interna opositora.
Allí podría pelear la candidatura con quien impulse el sector de Julián Galdeano, el armador político de Carolina Losada, e incluso con Pablo Javkin, quien mira cada vez con más simpatía el salto a la provincia en 2023.
Mientras tanto, el PS atraviesa su propio debate interno. Antonio Bonfatti y su sector ya no hablan de límites en el armado de alianzas y proponen sentarse a discutir un programa que, entienden con el declive relativo del PRO en la provincia, podría ser similar al del Frente Progresista.
Entre los herederos políticos de Lifschitz, que mantienen charlas informales con todos, se muestran cautos. Pero deslizan: “No somos ingenuos y entendemos que la foto de hoy (por ayer) puede ser leída como un apoyo a Maxi. No nos asusta el frente de frentes, pero nuestro objetivo para 2022 es trabajar el legado de Miguel”.


