Pandemia

"La política no puede fallar, el consenso sobre la cuarentena es lo único que tenemos"

Pablo Touzon es politólogo, consultor y analista político. Fundador del sitio web Panamá y coautor, junto a Martín Rodríguez, del libro "La grieta desnuda".

Lunes 13 de Abril de 2020

Para el politólogo Pablo Touzon, al tener la Argentina un Estado desfinanciado y una economía ya en crisis antes de la pandemia el consenso social y político sobre la cuarentena es la única herramienta que cuenta el país para enfrentar al Covid-19. "Los países que siguieron apostando a una especie de gobernabilidad de grieta y polarización extrema como Estados Unidos y Brasil están en severos problemas", advierte.

En esta entrevista con La Capital, el coautor junto a Martín Rodríguez del libro "La grieta desnuda" asegura que Alberto Fernández encontró su "misión histórica" con la crisis sanitaria, reflexiona sobre si puede darse un nuevo 2001 y plantea sus hipótesis sobre la Argentina y el mundo que vienen después de la emergencia.

—¿Cómo analiza la cooperación entre el gobierno nacional y gobernantes de signo opositor?

—Empezaría por una historización muy corta. A partir del año pasado en la Argentina se fue dando un proceso, un poco a los ponchazos y sin decir su nombre de tal manera, de discontinuar la grieta iniciada en 2008, sobre todo superar la rivalidad entre Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Si en lugar de Alberto Fernández y Horacio Rodríguez Larreta estuvieran Macri y Cristina, la cuarentena no habría sido posible, porque implica grandes dosis de acatamiento social y una política que mire más a la Argentina y no a su minoría intensa. El modelo de gobernabilidad, de 2011 para acá, que se basaba en las minorías intensas de cada lado, te permitía llegar al gobierno pero no podías transformar nada. La Argentina tiene un Estado desfinanciado y maltrecho por motivos estructurales, no tiene la economía de Estados Unidos o China, tampoco el Estado autoritario algorítmico chino ni el Estado alemán, por eso la política no puede fallar: el consenso sobre la cuarentena y la forma de combatir la pandemia es lo único que tiene la Argentina. Los países que siguieron apostando a una especie de gobernabilidad de grieta y polarización extrema, como Estados Unidos y Brasil, están en severos problemas. Queda muy claro que no se puede combatir una amenaza de tipo nacional con un solo sector.

—¿Cree que se va a sostener en el tiempo?

—No sé si va a durar, o si vendrán otras grietas después. Se suponía que en la Argentina había cristalizado ese modelo para siempre y ahora, frente a la mala, se solapó. En realidad se venía solapando de antes: había una parte de la sociedad que no quería más eso. Por eso Fernández y Larreta suben en las encuestas cuando se juntan. En ese sentido, Larreta fue inteligente: con el cacerolazo había una tentación de subirse. En realidad, a esta altura en cualquier crisis argentina el cacerolazo es parte del elenco estable de la protesta, no es tan grave; la cuestión es cómo lo procesa la política. Eso puede durar lo que dure la pandemia o sobre eso se puede construir algo. Ahora hay una especie de consenso sobre lo sanitario, pero se necesitará lo mismo para la reconstrucción social y económica de la Argentina. Esa parte será más compleja: seguro será menos natural esa unión, pero sin esos acuerdos resultará muy difícil una transformación o reconstrucción real.

—El coronavirus le sumó a Fernández otro desafío gigante a los que ya tenía. ¿No es también una oportunidad para reafirmar su liderazgo como presidente y al interior de su coalición?

—Sí, creo que Alberto encontró su misión histórica. Parte de esa misión había sido superar la grieta del peronismo, convertirse en el CEO de la unidad. Ahora le toca gestionar la unidad nacional para derrotar esto. El desafío es ampliar el consenso a lo económico y social, con los sindicatos y los empresarios; esa es mucho más difícil. Necesita que además de la construcción de Fernández como presidente —que es una discusión que había antes, sobre el albertismo— es que se defina quiénes son los hombres y las mujeres del presidente que van a hacer eso. Hasta ahora todo está muy centralizado en él y se ven discusiones sobre el gabinete, pero cuando pasemos de la crisis sanitaria a lo económico y social se exigirá al gobierno más volumen. Que no sea sólo la figura del presidente, que haya algo más.

—¿Se puede jugar ese partido con este equipo?

—No se trata de que se vayan los que están. Está claro que el gabinete está pensado para otra cosa, que ya de por sí era muy desafiante: estaba la deuda, la crisis. La fase dos —que estaba viniendo y justo vino la pandemia— implicaba no sólo que la unidad del peronismo esté expresada en el Estado, sino también hacer que eso efectivamente gestione. Ahora ese debate se da en un marco más favorable a Alberto, porque su liderazgo está consolidado. El gran desafío es que el Estado argentino, tal y como está, pueda dar respuesta frente a la pandemia en este contexto económico y social. Implica que ministerios enteros se pongan en un formato que no habían planificado.

—¿Hay riesgo de un nuevo 2001?

—La diferencia con 2001 es la política. En ese momento, además de la crisis económica, hubo una especie de default de la clase política. Eso hoy no pasa. La crisis económica no la podés evitar, acá ni en ningún lugar del mundo. Lo que no es igual a 2001 es que ahora hay legitimidad política: eso fue dos años después de la asunción de los gobernantes, pero ahora acaban de asumir todos. Así y todo, así como el kirchnerismo y el macrismo nacieron de la crisis de 2001, no creo que la política argentina quede igual: no creo contemos las mismas historias, las mismas internas y las mismas disputas en dos años. Es imposible de pronosticar, pero sí creo que habrá algún ruido más fuerte dentro de Cambiemos, porque ahí el liderazgo está abierto.

—¿Cómo interpreta el silencio de Cristina? ¿Tiene que ver con la división del trabajo político que establecieron con Alberto el año pasado?

—Cuando Cristina nombra a Alberto, ella decide tener un rol sistémico en la política argentina. Para un político, la decisión estratégica más importante es su propia sucesión. Después están los rumores, pero desde que asumió su rol público fue así, y el coronavirus profundizó algo que ya estaba. Suma a la gestión de la crisis: tiene que haber un solo comando y buena relación con la oposición. Además, tiene sus representantes en la administración: están Axel (Kicillof), (Eduardo) Wado de Pedro. El rol que está tomando es el mejor que puede tomar hoy, y es una cosa que podría no haber ocurrido.

—Todavía el futuro es incierto, ¿cuáles son sus principales hipótesis de cómo será la relación entre Estado, mercado y sociedad después de la pandemia?

—La va a reformular. Ocurre en cualquier situación de guerra: el Estado se expande. Sin embargo, los modelos de Estado puro —la versión fetichista de eso es Venezuela— ya no funcionaban desde antes de la pandemia. El desafío es inventar. Mi deseo es que también implique un rol más importante de la sociedad en términos de sus organizaciones sociales, sindicales, culturales. Que no sea sólo una tarea de funcionarios sino que se incluya un activo que tiene la Argentina y que no tienen otros países, que es esta sociedad organizada.

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