Política

Eduardo Valdés: "El Papa está preocupado por el clima de revanchismo en el país"

Amigo personal de Jorge Bergoglio desde fines de los noventa, cuando era arzobispo de Buenos Aires, Valdés fue un personaje clave en la reconciliación entre Francisco y Cristina.

Domingo 17 de Abril de 2016

Eduardo Valdés, ex embajador argentino en el Vaticano y actual diputado del Parlasur por el Frente para la Victoria (FpV), afirma que hay “un clima de revanchismo” promovido por el gobierno de Mauricio Macri y ejecutado por el Poder Judicial. Dice que sería una “vergüenza mundial” que la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner vaya presa por la causa de dólar a futuro.

   Amigo personal de Jorge Bergoglio desde fines de los noventa, cuando era arzobispo de Buenos Aires, Valdés fue un personaje clave en la reconciliación entre Francisco y Cristina. Tras esa gestión fue nombrado embajador ante la Santa Sede, donde frecuentó seguido los despachos del Papa. “Observo que en el último tiempo en la Argentina se lo está invisibilizando al Papa porque no es macrista”, afirma el parlamentario del Mercosur, quien aventuró que la imagen distante que exhibió el Pontífice en su encuentro con el presidente de la Nación, en febrero pasado, tiene que ver con un “revanchismo” fomentado por el oficialismo y que tiene a Francisco “muy preocupado”.

   Acompañado por Agustín Rossi, colega suyo en el Parlamento del Mercosur, Valdés estuvo en Rosario para disertar sobre “el pensamiento social del Papa Francisco”. Antes se hizo un tiempo para dialogar con La Capital.

   —¿Cuándo estrecha su relación con Jorge Bergoglio?

   —Cuando era arzobispo auxiliar de Buenos Aires, en el año 97 o 98, y lo voy a consultar por el Código de Convivencia Urbana que se discutía en la Legislatura porteña. Fui a conversar con Alicia Oliveira, que en ese momento era Defensora del Pueblo de la ciudad de Buenos Aires. Después, en el 2005, asumo la defensa de un chico abusado por el padre Grassi y se lo fui a comentar. No soy de los chupacirios; yo de teología no sé nada, habló con él de geopolítica.

   —¿Hablaban de peronismo con el Papa?

   —Me encanta que digan que el Papa es peronista, pero lo cierto es que no lo es. Yo publiqué un trabajo que se llama “No es peronista, no es marxista, no es populista” porque me di cuenta de que cada “ismo” que le agregaban a Francisco era para bajarle el precio. El se nutre de la doctrina social de la Iglesia, quizás ahí esté el paralelismo con el justicialismo.

  —¿Cómo vivió esa etapa áspera entre el kirchnerismo y Bergoglio?

   —Quizás me echo la culpa de esa etapa, porque debería haberme propuesto ser puente entre Néstor Kirchner y Bergoglio, porque creo que se perdieron entre los dos una gran oportunidad de hacer cosas juntos, por prejuicios. Cosa que no sucedió con Cristina, gracias a Dios.

   —Sin embargo, el día que lo eligieron Papa hubo una reacción bastante fría de Cristina en un acto. Incluso se escucharon silbidos hacia Bergoglio...

   —Ese momento generó mi reacción y le escribí un mail a la presidenta de las cosas que uno piensa, y me convocó a la residencia de Olivos. Me parecía que Alicia Oliveira era la persona que podía abrir el corazón tanto del Papa como de ella. Y así fue. El Papa invitó a comer a Cristina el día antes de la entronización. Ahí se encontraron los corazones.

   —Hubo una versión de que el entonces embajador en el Vaticano, Juan Pablo Cafiero, había hecho lobby contra Bergoglio repartiendo un dossier que habría escrito Horacio Verbitsky.

   —Es inimaginable que pueda haber hecho eso, porque es desconocer la historia de Juan Pablo Cafiero. Yo vi esa información, sé quién la tiró: fue la periodista Silvia Mercado.

   —¿Cómo fue ese primer encuentro entre Cristina y el Papa?

   —La presidenta fue con su comitiva, después almorzaron a solas, y parece que fue muy bueno. Hay una sola cosa que a Francisco no se le puede achacar: que no es transparente. Cuando está enojado, muestra que está enojado. Lo mismo cuando está bien y a gusto. Eso se vio últimamente.

   —Lo dice por la reunión con Macri. ¿Por qué cree que se mostró tan distante y frío?

   —Ese encuentro fue un sábado. El lunes había recibido al embajador que me sucedió a mí, Rogelio Pfirter, con quien estuvo 45 minutos. El Papa tuvo una reunión acorde, creo, de lo que quería el gobierno argentino. La canciller Malcorra dice 20 días antes que quieren una relación estrictamente protocolar y profesional entre un jefe del Estado Vaticano con un jefe del Estado argentino. Creo que el Papa se comportó en consecuencia con ese pedido. Después vinieron las consecuencias. Desde que me vine el 10 de diciembre no lo he visto más al Papa, pero me cuentan amigos que han estado con él que siente que hay un clima de revanchismo en la Argentina. Y el Papa se informa por los curitas, no por la Conferencia Episcopal. Si su lema es Tierra, Techo y Trabajo y hay un ministro de la Modernidad que se ufana de echar gente... El despido es la herramienta de goce que tiene el gobierno de Macri. No pidan luego que el Papa abrace esa causa.

   —Hubo una versión de que el Papa incentivó un encuentro entre Cristina y Macri para que plantaran juntos un olivo como gesto de concordia. ¿Es verdad esto?

   —Sí, lo leí. Mientras sucede el conflicto en el traspaso de mando, el Papa habría mediado para que eso se resuelva, y estaba la idea del olivo. Y en el medio de que habían aceptado las dos partes, lo habría molestado mucho el hecho de que Macri y Michetti presentaran un amparo, y ahí se rompió la negociación. Es verosímil eso. El insiste mucho con lo de construir puentes. Pudo con Cuba y Estados Unidos y no lo logró con su país. Eso le debe haber molestado mucho.

   —Cuando el Papa le mandó un rosario a Milagro Sala, Elisa Carrió lo acusó de no ayudar construir la paz social...

   —Yo siento que en los últimos tiempos se lo está invisibilizando al Papa Francisco en la Argentina porque no es macrista. Siento que molesta. ¿De qué lado creían que iba a estar Francisco? ¿Del lado de Milagro Sala o del lado de ese atropello judicial armado para detenerla?

   —¿Teme que Cristina pueda ir presa por las causas que se están tramitando en la Justicia?

   —Yo creo que no. Así como fue una vergüenza que aparezcan cinco jefes de Estado con cuentas en Panamá, yo creo que sería una vergüenza mundial que detuvieran a la ex presidenta por este clima de revancha que hay. Jurídicamente no tiene asidero la denuncia del juez Claudio Bonadio.

   —¿Y en las otras causas?

   —Pero no está citada. Si yo me manejo por lo mediático, parece que con Cristina estamos frente al demonio.

   —¿Ve alguna presión del gobierno hacia los jueces federales que han comenzado a mover algunas causas?

   —Primero una aclaración: cualquier persona que cometió un delito debe ir preso. Pero parece una vergüenza que el juez Sebastián Casanello, a quien le decían “tortuga”, ahora por simple presión mediática convoque como lo está haciendo en su juzgado. Lo que sucedió fue que el gobierno sabía que salía lo de Panamá Papers y nos bombardearon el sábado con la imagen de Jaime preso. Y el lunes, como apareció la segunda cuenta de Macri, hicieron lo mismo con Lázaro Báez. En los dos casos con el argumento de que había peligro de fuga. Eso es la vergüenza del Poder Judicial. Como también fue una vergüenza que cinco días antes de que Stiuso declarara en la causa Nisman, el presidente de la Corte Suprema (Ricardo Lorenzetti) saliera a decir que si esa causa no tenía justicia era una vergüenza, cuando esa causa tiene 14 meses y él tiene hace 11 años la causa de la embajada de Israel y ni siquiera le tomó declaración a un embajador, cuando dijo que sabía quiénes son los que pusieron la bomba. Me parece que hubo mucho más de decisión de la corporación judicial en estas cosas.

   —Cristina hablaba del partido judicial. ¿Lorenzetti sería su candidato a presidente?

   —No tengo dudas de que Lorenzetti tiene toda la intención de influir.

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