Vivir y morir en Emaús. Los vecinos de Juan B. Justo al 7900, entre las cortadas Querandíes y Ancamayú, contaron básicamente que David Nahim Nuñez, un pibe de 18 años con domicilio en lo profundo de Ludueña, fue a comprar una sándwich a un kiosco ubicado a escasos 30 metros de la casa de un amigo al que había ido a visitar. Y que al regresar del kiosco, alrededor de las 19 de este viernes, fue perseguido por dos pibes de su misma o edad, o menos, que circulaban en una Honda Wave negra y atacado a balazos. La cacería fue encarnizada. Núñez intentó guarecerse en la casa de su amigo pero ningún reparo alcanzaría ante la ferocidad de su atacante quien ingresó a la vivienda y lo acribillo. Núñez recibió disparos en el cráneo, la ingle y el costado derecho del pecho. De la escena se recolectaron nueve vainas calibre 9 milímetros afuera de la vivienda y otras cuatro en el interior.
“No es mucho lo que se sabe. Él (por Núñez) venía siempre a la casa en la que lo mataron porque era amigo del pibe que vive ahí, un chico educado, saludaba siempre. Salió con la mamá del amigo a comprar un sándwich al kiosco y cuando volvía lo comenzaron a correr desde el pasillo (lindero al kiosco). De ahí lo corrieron. El se quiso refugiar en la casa del amigo, pero se le metieron y lo mataron adentro”, explicó una vecina de la zona.
“Lo mataron dos pibitos que tendrán entre 15 y 17 años, que salieron del pasillo ese en el que venden falopa”, añadió otro vecino. Algunos residentes explicaron que para ellos las balaceras o los disparos forman parte de la banda de sonido de su vida diaria. “Es difícil plantear si el barrio está más o menos tranquilo. Al rato de que mataron al pibe robaron un comercio a una cuadra. No se si eso te sirve para hacer una valoración de como se vive en el barrio”, añadió una vecina.
A pesar de tener numeración catastral, los vecinos se valen de puntos geográficos para señalar al recién llegado dónde queda tal lugar. “¿Ves ese cartel verde? 50 metros más adelante” o “seguí caminando y a la altura de ese perro marrón que salió el pasillo, unas casitas antes”. Todo con extremo de no señalar ningún punto para evitar malas interpretaciones. El último registro de violencia altamente lesiva en las inmediaciones fue el asesinato de Mariano Carlos Segovia, la noche del 1º de julio de de 2019. Segovia era cuñado del también asesinado Sergio Carlos Birri (ejecutado en su casa de barrio Santa Lucía el 19 de noviembre de 2019). Víctimas de un enfrentamiento sangriento a alta escala entre las huestes de Claudio “Morocho” Mansilla y Felipe “Tartita” Giménez.
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Marcas con tiza sobre Juan B. Justo al 7900, donde mataron a sangre fría el viernes al anochecer a David Naim Núñez.
Foto: Gentileza Juan José García.
Terremoto social vigente
Durante años los vecinos de barrio Emaús _también conocido como Fisherton pobre, mención que suele incluir a Stella Maris_ se acostumbraron, primero, y luego se hartaron de convivir con uno de los puntos de venta de drogas más reconocidos de Rosario, como es el búnker del medio, ubicado sobre Tarragona al 1100 bis, a la vuelta del lugar donde fue asesinado Núñez. Fue derrumbado en septiembre de 2012, luego de que dos pibes fueran asesinados a balazos.
Por aquellos días un vecino relató: "El barrio cambió. Hay armas por todos lados. Entre 1999 y 2001 acá hubo un terremoto social, entró el narcotráfico como nunca y varios transas fueron armando una estructura que ahora es un pulpo. No hay menos de dos pasadores por cuadra y esto potencia a los reducidores de objetos robados. Los chicos roban cualquier cosa para poder consumir y algún vivo se las compra y revende”.
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Esa postal sigue imperando en el barrio. Si bien con temor, los residentes cuenta que además del pasillo del que le salieron a Núñez, se vende droga en otros puntos de las inmediaciones como en Ayala Gauna y Tarragona; y en la misma calle y Colombres. No hay secretos. Todo está a la vista.
David Núñez vivía a unas 30 cuadras del lugar donde lo mataron, en las inmediaciones de los monoblocks de Einstein al 6400. A pesar de su corta edad, según investigadores, el pibe tenía prontuario abierto con un par de anotaciones, entre ellas una por la portación de una pistola Glock con cargador y municiones en diciembre pasado cuando circulaba en moto con otro pibe de su edad. También se indicó hace tres meses, el 22 de mayo, que el domicilio en el que residía al momento de su muerte fue atacado a balazos. En el lugar se recolectaron siete vainas servidas calibre 9 milímetros.
“Todo lo que yo te pueda contar no te va a servir para nada porque es lo que debés venir escuchando en todos los barrios. Lugares de gente laburante que volaron por los aires por la llegada de la falopa. Y ya llevamos 10 o 15 años así. Este pibito tenía 18 años. Los que los mataron, quizás la misma edad o menos. ¿Vos ves a la gente muy asombrada con lo que pasó? No. ¿Sabés por qué? porque los que gobiernan nos hacen saber que no les importamos, sólo mañana que hay que ir a votar. Después no existimos”, explicó un veterano vecino de la zona.