Un pintor de 31 años murió ayer a la mañana como consecuencia de las graves
heridas que le provocaron los cuatro balazos que recibió cuando estaba a pocos metros de su casa,
en una esquina del barrio Bella Vista. Pocas horas después del suceso, la policía detuvo a un
muchacho de 22 años bajo la acusación de haber sido quien efectuó los disparos fatales. Sin
embargo, hasta anoche los pesquisas no habían determinado la motivación del ataque, aunque
presumían que podía tratarse de una venganza originada en el robo de una bicicleta. Algo que los
familiares del hombre asesinado no confirmaron.
Edgar Ramón Villarroel tenía 31 años y vivía con sus padres
y sus hermanos en una casa situada en Riobamba 4628, en una barriada de clase media baja. Cerca de
las 20.30 del domingo, el hombre estaba parado en la esquina de Riobamba y Pascual Rosas, a unos 50
metros de su vivienda, cuando de repente apareció un muchacho que, sin mediar muchas palabras, se
trenzó en una pelea con el pintor por cuestiones que nadie parece conocer, o al menos contar.
Al parecer, en medio del enfrentamiento cuerpo a cuerpo, el
contendiente de Villarroel gatillló un revólver calibre 22. Entonces, tres balazos impactaron en
las piernas del pintor y un cuarto le atravesó el abdomen. "Edgar estaba parado en la esquina. Un
pibe vino desde Gutenberg y se empezaron a pelear. El le pegó y el flaco le tiró", contó Diego
Villarroel, hermano de la víctima.
Reacción vecinal. Malherido, el pintor se desplomó sobre el pavimento. Mientras
tanto, las estampidas alertaron a los vecinos del barrio, muchos de los cuales salieron a la calle
para observar lo que había ocurrido.
Entonces, según una fuente policial, algunos hombres vieron que el
agresor escapaba y se abalanzaron sobre él. Aunque hubo un forcejeo, no lograron impedir que el
atacante corriera en dirección hacia una moto que lo esperaba a los pocos metros con un cómplice al
manubrio. El muchacho se subió al rodado y se esfumó en las sombras de la noche.
Un rato después, un vecino trasladó a Villarroel al
Hospital de Emergencias, pero los esfuerzos de los médicos por salvarle la vida fueron vanos. Murió
a las 4 de ayer tras ser operado.
"No sé, no tengo idea de por qué lo mataron". Esa fue la
escueta respuesta que el hermano del hombre asesinado le dio a La Capital. No obstante, el
muchacho admitió que conocía al joven que efectuó los disparos que terminaron con la vida de Edgar.
"Es del barrio", comentó.
Un robo menor. Pero un portavoz de la comisaría 13ª —con jurisdicción
en la zona donde ocurrió el crimen— sugirió que la motivación del homicidio hay que buscarla
en una venganza. "Nos enteramos de que habían tenido un problema, aparentemente por un robo menor",
comentó el vocero.
A las 6.30 de ayer, con los datos obtenidos por testimonios
de vecinos, los efectivos de la seccional 13ª y de la Brigada de Homicidios —bajo la
supervisión del juez de Instrucción Jorge Eldo Juárez— allanaron una vivienda situada en
Felipe Moré al 2100 (a escasos metros de donde ocurrió el hecho) y detuvieron al presunto asesino.
Fue identificado como Luciano Ezequiel E., de 22 años, quien dijo a los investigadores que trabaja
en una fábrica de aberturas. Ya para entonces, los uniformados habían hallado en la escena del
crimen el revólver calibre 22 con el que ultimaron a Villarroel.
Tras la detención, Luciano E. admitió ante el juez
—según una fuente de Tribunales— que había ultimado a Villarroel porque "le había
sustraído la bicicleta".
"Al parecer, este muchacho (por el detenido) creyó que la víctima le había
robado la bicicleta, pero no hizo la denuncia y prefirió la justicia por sus propias manos",
explicó el vocero consultado.