Policiales

Un jubilado ofrece 20 mil pesos por datos sobre el asesinato de su hijo

Es el padre de un farmacéutico a quien hallaron estrangulado en el baúl de un auto hace dos años. Todos sus ahorros los destina a esa recompensa personal. "No quiero morirme sin saber qué pasó".

Domingo 04 de Octubre de 2009

Todas las mañanas, cuando lo despiertan a la hora del desayuno, José Linares cumple con un rito. Besa la foto de su hijo Fabián, el farmaceútico asesinado en septiembre de 2007, que está posada en la mesita de luz. Este jubilado de comercio, a sus 82 años, conserva una lucidez y entereza envidiables. Todos los días se repone al dolor de una pérdida prematura y trágica, y enfrenta el último tramo de vida con la angustia de saber que la investigación judicial del episodio no pudo dar hasta el momento con el o los autores de la muerte de Fabián. La causa en Tribunales no está archivada aún y entonces se aferra a una última esperanza: ofrecer una recompensa de 20 mil pesos a la persona que aporte información fidedigna que desemboque en resultados positivos.

"Antes de morirme quiero saber quién mató a mi hijo. Es lo único que me queda", dice José. La idea de promover una gratificación a cambio de pruebas que conduzcan hacia los autores de la muerte de Fabián surgió de su propio impulso. "Pasaron dos años, pero a lo mejor aparece alguien que tenga algo que decir", agrega. Sus allegados, entre ellos amigos del farmaceútico, abrieron una casilla de correo electrónico, fabianlinares@hotmail.com, para recibir datos.

La intención era en principio canalizar todo a través del juzgado a cargo de la causa, el de Instrucción Nº 4, que en la actualidad está vacante porque su titular hasta el año pasado, Jorge Eldo Juárez, se jubiló. Pero la falta de una ley provincial que reglamente mecanismos para el otorgamiento de recompensas la hizo quedar a mitad de camino. Pese a esa imposibilidad legal, José dio su consentimiento a sus allegados para hacerlo de motu proprio, poniendo a disposición los últimos ahorros.

El papá de Fabián vive en un geriátrico de zona sur. En una tarde primaveral con todas las letras, el anciano llegó al encuentro con este diario caminando con algo de dificultad, arrastrando un andador con rueditas y un bastón a mano. Artrosis en las rodillas, ese fue el único indicio de fragilidad física que presentaba, pero que lo impulsó a admitir que ya no podía vivir en la casa de calle Dorrego, donde LaCapital lo entrevistó hace exactamente un año.

De aquella charla a este último encuentro en el hogar de ancianos, José no cambió una coma de lo que pensaba en 2008. "Si no lo mató ella, seguro que lo entregó", había dicho en aquella ocasión en referencia a Clara Soto, la esposa de Fabián. Sin embargo, pese a las controversias que tuvo la investigación, la mujer nunca estuvo imputada y la investigación no avanzó en otras direcciones.

En los ocho meses que lleva en el asilo, José salió una sola vez. Fue el lunes pasado, cuando se cumplieron dos años del asesinato. Un familiar lo llevó hasta la tumba de Fabián, en Ibarlucea, donde colocó un placa recordatoria: "En el segundo aniversario de tu muerte te recuerdan tu padre, tu hijo Emanuel y tu primo Jorge". A pesar del esfuerzo, el jubilado se quebró un par de veces. Uno de esos momentos se dio cuando recordó: "Si (Fabián) hubiese sido una mala persona... pero era tan bueno. Los clientes de la farmacia me decían «Dios nos bendijo» al tenerlo en el barrio. Yo, con él cerca, estaba como un rey. Venía a mi casa todos los días, me llamaba por teléfono a cada rato para preguntar si estaba bien. Nunca me desatendió. Yo se que quería llevarme a vivir con él y la mujer para no dejarme solo".

Al igual que el año pasado, Linares padre exhibió otro punto débil, su nieto Emanuel, el hijo de Fabián. "Ahora tiene cuatro años. A la mamá no la vi nunca más, la que me lo trae es la señora que lo cuida. Trato de tener golosinas, un chocolate. Para Reyes le compré un camioncito y se quedó muy contento", rememoró. A pesar del dolor, los días en el albergue transcurren con tranquilidad. "Estoy contento, no me falta nada", dijo. Se nota que está a gusto en ese lugar. Ya cosechó amigos con los que comparte penas, pero también tardes de fútbol en la televisión, sesiones de kinesiología y alguna que otra "fiestita" como la que se hizo, con atraso, por el día de la primavera esta semana.

Antes de despedirse con un apretón de manos, repitió sereno y esperanzado: "Mientras esté vivo voy a hacer lo posible para que aparezcan los que le hicieron eso a Fabián".

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