“Se escucharon sólo los balazos. Antes y después hubo silencio. Nada de voces. Solo los balazos. Hasta que llegó la policía fueron muy pocos los que se asomaron a ver qué había pasado”. Una vecina del barrio de La Carne puso en palabras como fueron los últimos momentos en la vida de Nahuel Alejandro Goytea, el hombre de 28 años ejecutado a balazos la madrugada de este jueves en la esquina de Alzugaray y Laprida. “Escuché entre 6 y 8 balazos. Todos juntos, uno atrás del otro. Las detonaciones se escucharon súper fuerte. Cuando salimos a ver qué había pasado nos topamos con qué el pibe agonizaba. Nadie lo conocía. La ambulancia demoró más de media hora en llegar y se notaba que estaba malherido”, contó otro vecino de las inmediaciones. El muchacho fue trasladado al Hospital de Emergencias donde murió alrededor de las 5 de la mañana. Goytea vivía unas 20 cuadras de donde lo atacaron, en inmediaciones de Malvón al 1700, en el barrio Las Flores. Y según fuentes policiales tenía prontuario abierto con anotaciones en la policía rosarina y en la Unidad Regional IV del departamento Caseros con asiento en Casilda.
¿Qué hacía Nahuel en las inmediaciones de Alzugaray y Laprida? Es una incógnita que lo acompañó hasta la muerte y que será materia de investigación. Del lado del barrio de La Carne, nadie lo conocía. Por el lado de Las Flores, su familia no pudo ser encontrada. “Andaba sin DNI ni ninguna otra identificación. A esa hora por esta zona no es la peatonal, es una zona bien brava. O lo suficiente para que te roben. A lo mejor se andaba haciendo el pillo y alguien lo mandó para el otro barrio”, reflexionó un veterano vecino de la zona. Según con quien se hable, el cruce de Alzugaray y Laprida es sumamente tranquilo en cuanto a la mirada sobre la violencia letal, o es parte “del caos que son todos los barrios de Rosario”, como explicó una señora.
A la altura del 800 Alzugaray es una calle sin salida, con pesados bloques de cemento que impiden a los vecinos el cruce con un vehículo las vías del ferrocarril que une Rosario con la ciudad de Buenos Aires. A pie se puede, una bicicleta se puede levantar, pero es hasta esa unidad de medida. No es la primera vez que la muerte violenta se pasea por la cuadra. El miércoles 15 de mayo de 2019 a la hora de la siesta Rodolfo Ancherama, de 29 años, y su sobrino Germán, de 25 años, fueron emboscados por un sicario que circulaba en bicicleta y que los atacó a balazos. Germán murió en el lugar, Rodolfo agonizó una semana y falleció el miércoles 21. Ambos eran de Molino Blanco, y sus familiares contaron a este diario que “tenían una bronca y sabían que no tenían que andar por acá” (Alzugaray y Melincué). A ambos lados de la vía los residentes ven con desconfianza a sus pares del barrio contiguo. “Este barrio no es tan jodido como Yrigoyen. Ahí se escuchan disparos todo el tiempo”, indicó una vecina. “El barrio de La Carne fue y será siempre bravo. No se de qué se asombran”, replicó otro residente al otro lado de las vías.
Al otro lado de la vía
Y al otro lado de las vías, siguiendo la traza de Alzugaray, la muerte también ha hecho de las suyas en los últimos meses. En el cruce con Pineda, que corre paralela al terraplén de las vías del ferrocarril Mitre, ubicada a unos 300 metros del Apeadero Sur, la noche del 8 de enero de 2020 dos hombres en moto pasaron disparando contra una familia que cenaba en la vereda. La peor parte la llevaron Marcelo Alejandro Berlari, un verdulero de 49 años que vivía a unos metros de esa esquina; y Antonella Albornoz, una chica de 22 domiciliada en barrio Las Flores, que era su nuera. A la hora de buscar una explicación judicial a este festival de locura y muerte pudo conocerse que integrantes de la familia Berlari estuvieron implicados en el homicidio de Jonatan Ezequiel Ancherama, de 25 años, ejecutado a balazos la madrugada del 1º de enero de 2020. Jonatan era familiar de Rodolfo y Germán Ancherama, las víctimas del doble asesinato de Melincué y Alzugaray ocurrido siete meses antes.
“Esta zona está mucho más tranquila que hace siete u ocho años, cuando fue la guerra de Los Monos, allá por 2013 o 14. En esa época se veían en el barrio cosas como ésta (por el crimen de Goytea). Ahora hay choreos, arrebatos, robos en casas, pero es muy raro que ejecuten a alguien así”, explicó un vecino del barrio de La Carne.
Según se pudo reconstruir, este jueves alrededor de las 3.15 de la madrugada Goytea circulaba por el cruce de Alzugaray y Laprida cuando fue emboscado. Los vecinos aseguraron que sólo escucharon las detonaciones. Y silencio. Unos afirmaron haber escuchado “tres o cuatro”. Otros “seis u ocho”. Lo concreto es que Goytea recibió múltiples disparos en su cuerpo y un balazo que le perforó la cabeza. Un enorme manchón de sangre, donde los perros de la calle se hicieron un festín, fue el último testimonio de la agonía de la víctima. El muchacho tenía antecedentes con prontuarios en la Unidad Regional II (lesiones graves en agosto de 2020 y una tentativa de robo agravado el 4 de septiembre pasado en jurisdicción de la seccional 15ª); y en la Unidad Regional con asiento en Casilda (una condena de cumplimiento efectivo 3 años y 6 meses que venció en julio de 2020 y una media docena de expedientes judiciales abiertos en el nuevo sistema procesal penal).
Como Goytea no tenía documentación, debió ser identificado dactiloscópicamente. Su asesinato será investigado por el fiscal Gastón Ávila, quien completó con este expediente cinco asesinatos en una semana. El fiscal comisionó a efectivos de la Agencia de Investigación Criminal (AIC) para que recabaran declaraciones de potenciales testigos del homicidio y para que también entrevistaran a familiares de Goytea. A simple vista no se visualizaban cámaras de video vigilancia públicas o privadas en las inmediaciones de la escena del crimen. El fiscal ordenó que a Goytea se le realizara la pericia de dermotest para determinar si empuño o un arma de fuego.