El sobrenombre de “Motomel” fue aportado por vecinos y testigos de identidad reservada que declararon por el doble crimen de Gastón Nahuel y Agustín Jaime, dos hermanos asesinados desde un auto cuando iban en moto por Castellanos y 24 de Septiembre a fines de octubre de 2020. Esos dichos fueron citados como evidencia en la audiencia en la que Diego Roberto Z. , a quien le atribuyen ese apodo, quedó en prisión preventiva por dos años imputado como coautor de un doble homicidio agravado por el uso de arma de fuego.
El mecánico de motos de 29 años fue detenido el martes tras una serie de allanamientos pedidos por el fiscal Alejandro Ferlazzo, quien libró una orden de captura a su nombre. En la audiencia judicial lo imputó de haber conducido el auto Renault Clio gris desde el que el acompañante efectuó más de siete disparos que causaron la muerte casi instantánea de los hermanos por hemorragia masiva de tórax. El juez Pablo Pinto dispuso su arresto preventivo por el plazo legal de dos años.
La noche del 31 de octubre de 2020, alrededor de las 23, los hermanos Agustín y Nahuel Gastón Jaime, de 16 y 24 años, salieron en moto de la casa de su padre para comprar unos choripanes. Iban hacia bulevar Segui por calle Castellanos cuando al llegar a cruce con 24 de Septiembre se les puso a la par un Renault Clio gris desde el que les dispararon.
Agustín y Nahuel fueron gravemente heridos. El que iba como acompañante cayó al suelo de inmediato en Castellanos y Seguí, mientras que el otro continuó sobre el rodado intentando mantener el equilibrio. Pero unos metros más adelante, sobre Saavedra y Uruguay, perdió el control de la moto y chocó contra un auto estacionado. Los dos murieron en el lugar.
Del caso nada se supo hasta que agentes de la División Homicidios de la Agencia de Investigación Criminal allanaron esta semana dos viviendas, una en Castellanos al 3600 y otra en una casa ubicada a tres cuadras sobre la misma calle pero a la altura del 3900. En la primera vivienda se encontraba Diego Z., quien al ser imputado este viernes por el doble crimen se abstuvo de declarar.
Según las evidencias de las que dio cuenta el fiscal en la audiencia, esa noche los hermanos se habían reunido en la casa de su padre porque era el cumpleaños de uno de ellos. Más temprano, Gastón le había pedido prestada a su hermana una moto Yamaha Crypton para ir a cobrar su semana de trabajo a la casa de su patrón, que vivía en Pérez. Luego se quedó con Agustín tomando cerveza frente a la casa de su padre en la zona de Lavalle y bulevar Seguí.
A las 23 se fueron a comprar choripanes y no volvieron. La mañana siguiente el padre los buscó en casas de familiares. “Me cansé de llamarlos y daba el contestador”, dijo al presentarse en la comisaría 21ª a realizar una denuncia de averiguación de paradero. Allí reconoció la moto en la que iban sus hijos al ser atacados y le informaron que estaban fallecidos. Luego reconoció los cuerpos en la morgue judicial. Más tarde le comentaron en el barrio que los habían atacado desde un auto y que quien conducía era Diego “Motomel”.
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“Todos decían que era un auto gris”, comentó un vecino que esa noche escuchó desde su casa entre ocho y diez disparos “todos seguidos” y a continuación la aceleración de un vehículo. Desde la planta alta vio pasar la moto por Castellanos y observó que el que iba como acompañante cayó al suelo. La moto siguió hasta perderse de vista por a la altura del bulevar El vecino llamó al 911 y al salir a la calle supo que los dos motociclistas estaban muertos. Según las autopsias, fallecieron por hemorragias tóraco abdominales. En el lugar se secuestraron tres vainas calibre 9 milímetros.
Un testigo de identidad reservada dijo que los habían atacado tras acusarlos de un robo a un familiar del tirador. Otra persona contó bajo reserva de identidad que tras el ataque los agresores —Diego entre ellos— llegaron en un auto gris con vidrios polarizados a una casa donde escondieron una mochila bajo el parrillero con una advertencia: “No la toquen porque hay un fierro y está montado”.
Otro vecino que a la hora del doble crimen salió a comprar cigarrillos observó que por la esquina de su casa “pasó un auto muy fuerte, era un Renault Clio gris con una de sus puertas blancas”. Siguió caminando y el mismo auto dio la vuelta manzana “muy rápido” hasta estacionar en 24 de Septiembre y Castellanos, donde “se bajó el acompañante y les dijo a los de la moto: «Qué te dije, choro de mierda, que te iba a agarrar»”. Los de la moto arrancaron, dijo el testigo, y el atacante les disparó siete u ocho tiros con “una pistola enorme, plateada, cromada”. Luego el tirador se dirigió al testigo y le dijo: “Cumpa, con vos no pasa nada, con vos no es la bronca. Tené cuidado que estos giles andan robando”.
Por último, el fiscal citó entre las evidencias un mensaje enviado por Diego Z. para advertirle a un conocido que habían “matado a dos” en el barrio y que tuviera cuidado. Según otro testimonio reservado, las víctimas y los atacantes no se conocían y discutieron porque “los pibes supuestamente estaban robando, los persiguieron y les dispararon”.