Un joven de 28 años detenido desde enero por el crimen de su hermana de 35 fue
imputado además del homicidio de su abuela, un caso cargado de detalles extraños ocurrido cinco
años antes y que no había sido esclarecido. José Damián Saluzzi, mecánico dental y empleado en la
marina mercante, había sido interrogado tras la muerte de la anciana, pero no llegó a estar acusado
por ausencia de pruebas. Dos meses atrás, la confesión de haber cometido el asesinato de su hermana
en la casa de zona sur donde vivían desempolvó aquellas sospechas y ahora fue formalmente acusado
del homicidio calificado de su abuela, un delito que se pena con prisión perpetua.
Aunque los separan cinco años, el crimen de la pensionada Nélida Bertucelli y el
de su nieta Analía Saluzzi convergen en un punto: tienen el mismo acusado. José Saluzzi había sido
detenido por el crimen de Analía el 10 de enero cuando la policía la halló estrangulada en el baño,
luego de que el muchacho negara la presencia de su hermana en la casa de Milán 2481. Los dos vivían
allí junto a su madre, que estaba de vacaciones con su hija mayor en Brasil.
La pericia de la soga.Un elemento hallado en la escena del crimen, una soga que
rodeaba el cuello de Analía, remitía a la otra tragedia que había golpeado a la familia el 27 de
agosto de 2004. Ese día apareció el cuerpo de su abuela materna, desnuda, golpeada y atada de pies
a cabeza con una soga similar, cerca de la planta de Unilever de Villa Gobernador Gálvez. La cuerda
ahora será peritada para establecer si es la misma con la cual fue atada Bertucelli.
Tras ser detenido Saluzzi confesó que al volver de su trabajo la noche anterior
la chica lo descubrió mirando películas condicionadas en el baño, discutieron, él comenzó a
golpearla y acabó por rodear su cuello con una soga hasta ahorcarla. El caso presentaba similitudes
con el de su abuela: las dos mujeres habían sido asesinadas con una soga y estaban desnudas.
Entonces la Justicia reactivó la investigación del crimen impune de la abuela. Bertucelli, de 80
años, había sido hallada con dos golpes contundentes en la cabeza. Una soga la envolvía de los pies
al cuello y sujetaba sus manos en la espalda.
En aquel momento, los investigadores de la Brigada de Homicidios interrogaron
con algunas sospechas al nieto de la víctima pero nunca lo convocaron para una declaración
informativa porque los indicios eran débiles. Pero tras la muerte de Analía la jueza Mónica
Lamperti lo imputó en el caso. Según fuentes judiciales, el joven se abstuvo de declarar. Esa
acusación motivó que la jueza de Instrucción 1ª, Roxana Bernardelli, acumulara el expediente por el
crimen de Analía en el juzgado que investiga la muerte de su abuela.
Los dos dramas. Nélida Bertucelli era una pensionada que vivía en Coronel
Domínguez, a 30 kilómetros de Rosario. El 20 de agosto de 2004 sus vecinos no la vieron más y siete
días después su cuerpo fue hallado por un pescador a la orilla del Paraná, en V. G. Gálvez.
La policía y la médica que hizo la autopsia conjeturaron que se trataba de una
mujer de unos 35 años, por eso sorprendió comprobar la edad de la víctima cuando la reconocieron.
La confusión obedeció a que la deformación del cuerpo en el agua había borrado sus rasgos. La
identificación fue posible por las piezas dentarias. La realizó su nieto Juan José, ahora acusado
del crimen, quien le había hecho algunas prótesis bucales.
Seis meses antes la mujer había vendido una casa en 25 mil pesos, de los cuales
había recibido 12.500. El caso quedó en las sombras hasta hace dos meses, cuando ocurrió el crimen
de su nieta. Analía era soltera y vivía sola con su madre, Nelly, en la misma casa donde residía
José cuando no estaba embarcado. Trabajaba en una pollería de Deán Funes y Maipú.
El 10 de enero pasado una tía denunció su desaparición, preocupada porque no
había ido a trabajar. Fueron a buscarla a su casa, pero el hermano de la mujer negó que estuviera
allí. Dos horas más tarde, tras buscarla en otros sitios, la policía volvió a requisar la casa y la
encontró en el baño, vestida sólo con una remera y con una soga comprimiéndole el cuello.