Este lunes comenzó el juicio oral contra 19 policías de la provincia acusados de participar de la desaparición y muerte de Franco Casco, ocurrida en octubre de 2014 después de que el joven de 20 años estuviera detenido en la comisaría 7ª de Rosario. Se esperan jornadas extensas de debate durante varios meses de juicio en el que declararán aproximadamente 280 testigos.
En la puerta de los Tribunales federales hubo manifestaciones de familiares de la víctima, organizaciones sociales y políticas y también de allegados a los policías procesados.
Desde muy temprano, antes de las 8, Oroño al 900 fue cortado por decenas de personas que se acercaron de cara al comienzo del juicio que intentará definir qué ocurrió con Franco Casco en 2014. Los familiares del chico -algunos que viven en Rosario desde aquel entonces y varios más que viajaron desde Buenos Aires para el debate- llegaron junto a varias organizaciones sociales, políticas, sindicales y de derechos humanos que los acompañan desde cuando el chico de 20 años oriundo de Florencio Varela era buscado con vida.
Las rejas de los Tribunales federales quedaron cubiertas por banderas en recuerdo de Franco Casco y consignas contra la violencia institucional. También con imágenes en homenaje a Elsa Godoy, madre del chico, quien fue la cara del reclamo por justicia hasta que falleció en 2016. En el medio de la calle se montó un equipo de sonido con micrófono por el cual pasaron distintos referentes de la política local y provincial, entre ellos el concejal y diputado electo Eduardo Toniolli y la concejala Luz Ferradas.
La mayoría de organizaciones sociales y políticas que acompañaron el inicio del juicio están nucleadas en la Multisectorial contra la Violencia Institucional, un colectivo integrado también por grupos académicos y sindicales. Marilé Di Filippo, integrante del espacio, habló con La Capital y consideró el inicio del juicio como "un día histórico". "Es un caso emblemático y el Poder Judicial tiene que estar a la altura de las circunstancias. Creemos que lo va a estar porque consideramos que está producida la prueba suficiente para que eso ocurra", agregó.
Para Di Filippo -militante social e investigadora del Conicet- el caso Franco Casco fue una bisagra para los movimientos sociales respecto del abordaje de la violencia institucional. "En primer lugar generó un nuevo activismo en la ciudad, fue un caso que logró reunir a distintas fuerzas sociales y las preocupaciones por la violencia institucional", explicó acerca del rol de estas organizaciones en ese proceso iniciado 7 años atrás.
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"El caso Franco Casco puso en evidencia una serie de prácticas aterradoras de la policía de la provincia de Santa Fe, que generó una suerte de pedagogía de la crueldad contra los jóvenes de nuestra ciudad", agregó Di Filippo. Se refiere, por ejemplo, a casos de chicos que denunciaron que habían sido detenidos y amenazados con "terminar como Franco Casco".
"Que paguen"
Ramón Casco, padre de Franco, participará del juicio como querellante con la representación de la Defensoría General de la Nación. En diálogo con La Capital habló de la importancia del inicio del debate, acerca del cual deseó que "se haga como corresponde". "Que esta gente pague por lo que hizo, por el crimen de Franco", indicó el hombre.
"La familia está dolorida y a la vez un poco aliviada por haber llegado a este día de juicio. Lo único que queremos es que se haga bien y que realmente paguen los que tienen que pagar", agregó Ramón.
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Además fue crítico con la manifestación que hicieron los familiares y allegados de los policías procesados que se ubicaron al lado de donde estaba la familia Casco. "Cómo tienen cara de venir a reprochar que son inocentes. Todos sabemos que a mi hijo lo mataron en la 7ª y ahí desapareció. Se va a saber todo", opinó el hombre.
Primera jornada
La primera audiencia del juicio inició cerca de las 10 y estuvo a cargo de los jueces Otmar Paulucci, Eugenio Martínez, Osvaldo Facciano y Ricardo Vázquez. Entre los policías que serán juzgados se encontraba presente Diego Álvarez, quien en octubre de 2014 ocupaba el cargo de jefe de la comisaría 7ª, donde estuvo detenido Franco Casco y donde se sospecha que perdió la vida producto de golpes y torturas.
En esta primera ocasión se leyeron las requisitorias de elevación a juicio en la que se desarrollaron las hipótesis que manejan tanto la fiscalía como las querellas. En esa lectura se recorrió lo que fue el último día en que un familiar vio con vida a Franco Casco. Fue el 6 de octubre de 2014, en la casa de una tía en el barrio Empalme Graneros que el chico había visitado a fines de septiembre después de llegar en tren desde Buenos Aires.
Aquella mañana Franco ya había avisado a su madre que intentaría tomarse el tren a Retiro a la medianoche para volver a Florencio Varela llegado el amanecer del 7 de octubre. Una tía del chico lo acompañó a la Estación Rosario Norte para comprar el pasaje, pero allí les explicaron que el boleto podía adquirirse después de las 21. Entonces se volvieron a Empalme Graneros.
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Luego de almorzar Franco salió a pasear con su primo Rubén, pero volvieron al rato. Unos minutos más tarde, mientras Rubén miraba un partido de fútbol, Franco le avisó que se iría a la Estación. La última vez que lo vieron con vida fue cuando se alejaba por calle Garzón hacia Génova, donde tomaría el colectivo que lo dejaría en inmediaciones de la estación de trenes.
La última vez que un familiar lo vio, Franco estaba muerto, y su cuerpo había pasado más de 20 días en las aguas del río Paraná. Todo lo que sucedió después de aquella despedida en Empalme Graneros y antes de la aparición del cadáver fue materia de investigación durante estos siete años. La principal certeza es que Franco estuvo detenido en la comisaría 7ª. Para la Fiscalía federal y las partes querellantes, allí dentro el chico fue víctima de torturas y golpes que le ocasionaron su muerte. Luego, según la principal hipótesis del caso y por la cual están procesados los policías, el cadáver fue fondeado en el río, sujeto con sogas a una estructura de peso para evitar su salida a la superficie.