Policiales

Lo ejecutan de ocho balazos dentro del negocio de su padre

Emiliano Pagliano esperaba para almorzar cuando dos hombres lo fueron a buscar a la cocina, le dispararon y huyeron en un Bora gris

Viernes 24 de Agosto de 2018

El lugar, un desarmadero ubicado en Santiago y Cervantes de Villa Gobernador Gálvez, es conocido tanto en esa ciudad como en Rosario. Allí estaba ayer, cerca de las 11, Emiliano Pagliano. El joven de 29 años esperaba que su padre Julián, de 61 años, terminara de hacer el almuerzo en la casa donde éste vive, en el mismo predio. Con ellos también almorzaba Andrés, de 36 años y hermano de Emiliano, cuando de pronto irrumpieron por el portón dos jóvenes con un arma en la mano. Primero empujaron al padre de Emiliano y le dieron un segundo a Andrés para que pudiese ocultarse; luego dispararon varias veces contra Emiliano que recibió al menos ocho disparos.

El gabinete criminalístico de la Policía de Investigaciones (PDI) recogió trece vainas servidas, por lo que no descartan que los agresores hayan podido haber utilizado una ametralladora.

Los matadores —al cierre de esta edición no estaban identificados— habrían llegado en un Volkswagen Bora gris y un vecino le tomó la patente al auto cuando vio que los que bajaron y entraban al taller tenían al menos un arma de fuego en la mano.

Ráfaga

En el desarmadero, que ocupa una esquina en ochava, hay distintos autos desarmados, chapas y partes de autos debajo de galpones,además de una serie de herramientas. La casa está casi a la entrada y, a un metro del portón, la cocina donde fue perpetrado el ataque.

La ráfaga de tiros duró unos segundos y los dos agresores se fueron por donde llegaron, sin hablar y sin demostrar más nervios de los que impone una ráfaga certera. Cuando el padre y el hermano reaccionaron cargaron a Emiliano en un auto y lo llevaron al hospital Roque Sáenz Peña, lugar en el que murió pasadas las 13.

"No vi nada. Yo estaba cocinando cuando entraron estos dos, me empujaron y quedé tirado a un costado. No vi nada", repitió tres veces el padre de Emiliano, cuatros horas después del ataque y en el mismo lugar donde mataron a su hijo: una cocina de no más de tres metros por tres.

Según contó un vecino, el hermano de la víctima agarró un carburador y se metió en un dormitorio contiguo "a esperar que entraran, porque pensaba pegarles con eso". Pero nadie entró; al parecer la intención era asesinar a Emiliano.

Cuando Julián y Andrés llegaron al Roque Sáenz Peña los médicos no les dieron muchas esperanzas. "Llegó muy malherido, casi muerto el pibe", sostuvo un amigo de la familia.

Hipótesis desestimada

"No sé qué buscaban. Yo sólo quiero a mi hijo y ya no lo tengo. El no tenía problemas con nadie, no me contó nada de eso. Yo soy un pobre tipo que se gana la vida trabajando, como lo hice en los 61 años que tengo", agregó Julián antes de arriesgar una hipótesis: "Yo me quedé acá en el taller porque puse un camión en venta y un hombre lo iba a venir a ver. Por ahí pensaron que tenía plata". El vehículo en venta estaba estacionado en la puerta: un Mercedes Benz Atron 1634.

No obstante, la hipótesis que arriesgó el padre de la víctima sobre el posible intento de robo quedó desestimada por los pesquisas, ya que del galpón y la casa no faltó nada. Y los sicarios nunca preguntaron por dinero u objetos para robar.

Según fuentes judiciales allegadas a la pesquisa, "la víctima ingresó al Roque Sáenz peña con múltiples heridas de arma, donde fallece. Según los primeros indicios y testimonios recabados recibió al menos ocho impactos", El caso lo tomó el fiscal de Homicidios en turno Adrián Spelta, quién ordenó la intervención de Gabinete Criminalístico de la PDI para levantamiento de rastros y toma de testimonio, así como el relevamiento de cámaras de vigilancia de la zona.

Silencios

"Mi hijo manejaba el camión cuando yo no podía. En su momento nos manejamos con el puerto, pero ahora lo quería vender. Yo no quiero hablar más", dijo por último Julián, antes de clausurar la entrevista.

El silencio en Cervantes, la colectora de acceso sur, era tal que cuesta entender que se hayan disparado al menos trece disparos al mediodía en un lugar abierto y nadie haya admitido haber escuchado algo, ni siquiera los vecinos más próximos.

Pero en los barrios los árboles ven y las paredes hablan. Así, una fuente ligada a la causa y un vecino aseguraron que "ese desarmadero siempre fue raro, mucha gente iba y venía. Decían que se vendían drogas", lo cual no pasó de ser sólo un comentario de barrio, más allá de una probable hipótesis de investigación sobre el crimen.

Emiliano vivía en Esmeralda al 4000, en barrio Tablada. Sobre las 17 de ayer, varios de sus amigos esperaban en la puerta de la casa novedades del cuerpo del muchacho. La cuadra era silencio y el aire era espeso.

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