"Mi casa parece una de las bombardeadas en la Franja de Gaza". La definición que
dan Laura y Maximiliano se ajusta bastante a la realidad. Aunque aquí no hubo bombas, sino una saga
de robos tipo hormiga que terminaron por dejar la vivienda en condiciones lamentables. La joven
pareja, que tiene un hijo de 13 meses, estaba acondicionando desde hace bastante tiempo una casa
ubicada en el kilómetro 4,5 de la autopista Rosario-Santa Fe para irse a vivir allí. Pero desde
mayo de 2007 el lugar fue escenario de una serie de robos que llegó al paroxismo la última semana,
cuando la saquearon. "La casa estaba a estrenar, pero el miércoles un vecino nos llamó y nos dijo:
«En los últimos tres días se las vaciaron»", explicó Laura. Para la pareja es difícil hacer un
balance económico de las pérdidas entre elementos robados y destruidos, lo que sí tienen claro es
que les será sumamente difícil recuperarse de todo esto.
Al llegar a la vivienda que Maximiliano Orzuza y Laura
Roldán tienen sobre la colectora oeste de la autopista Rosario-Santa Fe se hace muy complejo
imaginársela habitable. Parece una casa abandonada y sometida a un bombardeo. Las puertas están
barreteadas o directamente sacadas a pesar de los candados y las lingas que las aseguraban, los
paneles de telgopor utilizados para el revestimiento interno de los techos están tirados en el
piso, la central de alarma fue arrancada de la pared, los caños de la instalación eléctrica fueron
extraídos de cuajo, las cajas de electricidad para empotrar en las paredes quedaron destruidas por
el piso, ni un centímetro de cable está en su lugar y todos los vidrios están rotos. Sólo las
marcas de las zapatillas embarradas de los saqueadores han quedado grabadas en pisos y paredes.
La herencia. La pareja contó que la vivienda, de 220 metros
cuadrados cubiertos y asentada en un terreno de dos hectáreas, nació hace tres años como un
emprendimiento del papá de Maximiliano. Pero al fallecer el hombre en una accidente de moto el 19
de mayo de 2007 (ver aparte), la edificación quedó para la pareja.
Desde entonces comenzaron a acondicionarla para irse a
vivir allí. La casa está ubicada a unos mil metros del cementerio de Granadero Baigorria y a unos
500 metros del puente sobre la autovía que la conecta con la ruta a Ibarlucea. Es una zona rural en
los confines de Ibarlucea y Baigorria. Catastralmente está en jurisdicción de la primera localidad.
Pero policialmente responde a la segunda.
"La casa estaba a estrenar. Faltaba que nos dieran la luz y
la idea era a mitad de este año ya estar viviendo acá. Por ahora veníamos sobre todo los fines de
semana", explicó Maximiliano, de 27 años, quien trabaja como administrativo en una empresa de
autopartes.
"A la indignación que te provoca que te roben todo le
sumamos nuestro temor a que usen el lugar como aguantadero de delincuentes o un lugar para tirar
algún muerto o para violar a una criatura, entonces ¿qué hacemos?", se preguntó Laura, de 24 años,
quien trabaja como canillita en barrio Alberdi. "Somos una pareja de laburantes. No sé que se
imaginará la gente. ¿Que por tener esto somos millonarios? Si todo esto es una herencia", relató la
mujer.
La vivienda está bastante aislada del resto de las
edificaciones. En los 500 metros que separan la ruta a Ibarlucea de la casa, se pueden encontrar no
más de siete propiedades.
La pareja relata que desde que el padre de Maximiliano
falleció hicieron al menos seis denuncias en la comisaría 24ª de Granadero Baigorria por distintos
robos. "Mientras mi suegro estaba vivo, no había muchos problemas porque él estaba todo el tiempo
acá. Y como lo pensó como un pequeño emprendimiento, hasta puso un sereno. Pero desde que falleció,
nos fueron saqueando de a poco", relató Laura.
"Es de locos. A cada denuncia sobrevenía un robo peor. Y
después de esta última denuncia (el último miércoles) la policía ni vino", explicó indignada Laura.
"Que se yo. Por ahí si vinieran y vieran las pisadas que hay en las paredes podrían hacer algo.
Tomar huellas, no sé", agregó. "También hicimos una denuncia en la subcomisaría 17ª de Ibarlucea,
pero como no correspondía por jurisdicción, la giraron a la seccional de Baigorria", indicó
Maximiliano.
No queda nada. "El último robo ocurrió entre el domingo y el martes.
El miércoles un vecino nos llamó y nos dijo: «Peguensé una vuelta que en los últimos tres días les
saquearon la casa»", rememoró Laura. "Y cuando llegamos nos topamos con esto", contó mientras iba
mostrando los destrozos. Y para botón de muestra, un detalle: Laura llamó a la redacción de
La Capital el viernes por la tarde y el cronista fue al lugar ayer por la mañana. En ese
interín de la casa faltaron dos puertas de aluminio.
En el último golpe, según relataron Laura y Maximiliano,
los ladrones se llevaron una máquina para hacer musculación de las que se pueden ver en los
gimnasios; una cucheta; varias reposeras; dos garrafas de 5 kilos; un anafe; una caja de
herramientas; palas ancha y de punta, y unos 600 metros en cable. Eso sin contar la instalación
eléctrica de la casa, que desapareció por completo. A eso hay que sumarle algunos marcos de
aberturas de aluminio, una central de alarma y los sensores de presencia de ese sistema.
"En diciembre último nos robaron 10 pinos que teníamos en
el jardín, un rosal blanco y una palmera", contó Maximiliano. "Hicimos la denuncia y las plantas
aparecieron en un barrio que está atrás del cementerio", explicó el hombre y dijo que el lugar en
cuestión es conocido por los lugareños como "Salsipuedes" por los riesgos que se corren al ingresar
allí. Y agregó: "Nunca nos dijeron si hubo detenidos o no por ese robo. Sólo vino un efectivo del
Comando Radioeléctrico de Baigorria y me dio la palmera en la mano", recordó el damnificado.