¿Qué le podían robar al churrero Daniel Osvaldo Acosta un domingo a las ocho y
media de la mañana, cuando recién empezaba a recorrer las cuadras más humildes de Bella Vista? Nada
más que unas monedas, las facturas que había amasado esa madrugada, la bicicleta de reparto. Sólo
por eso lo mataron. Fue el 12 de noviembre en 2006 en La Paz y Gutenberg, donde forcejeó con un
ladrón que lo baleó en el pecho con una escopeta tumbera. La policía detuvo tras un tiroteo al
hombre señalado por los testigos, Mario Vera, quien fue condenado a prisión perpetua.
La pena por ese crimen es la sexta que se agrega al
prontuario de Mario Piscuilo Vera, de 33 años. Cuando ocurrió el hecho era un evadido de prisión,
adonde no regresó tras una salida transitoria.
El juez penal Carlos Carbone lo sentenció a perpetua por
homicidio calificado, es decir, por matar para robar. La pena incluye el uso ilegal de dos armas y
su enfrentamiento con la policía, en el que recibió un disparo. Todo agravado por la participación
de un menor.
La última gira. Acosta, de 52 años, vivía con su esposa en su casa de
Ituzaingó al 7200 y tenía cuatro hijos. Se levantaba de madrugada para amasar las facturas y
churros que vendía desde bien temprano. Los domingos a la mañana recorría el sector más humilde de
Bella Vista y a la tarde se instalaba en el parque Independencia.
Recién iniciaba su gira cuando lo abordaron dos muchachos.
"Escuché la corneta de un churrero y que Piscuilo lo llamaba. Comenzaron a hablar fuerte. Salí y vi
que Vera le tironeaba la bicicleta al churrero, que no se la quería entregar. Vera disparó al piso.
Entonces se trenzaron en lucha, cayeron frente a mi casa y el revólver se cayó a la zanja", narró
un vecino.
Los testigos contaron que el vendedor ambulante logró
reponerse. Que se marchaba de la cuadra cuando Piscuilo rescató de la zanja el arma, una oxidada
escopeta casera fabricada con dos caños superpuestos. Después alcanzó al churrero.
"Ya está, mirá lo que me hiciste", le reprochó el
trabajador señalando una herida que, producto del forcejeo, le había teñido de sangre la frente.
"Piscuilo le pegó un tiro y el hombre cayó a la zanja. Vera agarró la bicicleta y se la llevó por
Gutenberg al norte". Los vecinos socorrieron a Acosta, pero ya era tarde.
Media hora después, Piscuilo fue interceptado por la policía en Rueda y
Pascual Rosas, en villa La Boca. Iba en la bicicleta roja, con un caja adornada con cintas, que le
habían robado al vendedor. Lo acompañaba el chico de 12 años que lo había secundado en el asalto,
quien se arrojó al suelo y fue detenido. Vera empezó a correr entre las balas hasta que una lo
alcanzó en el tórax. Le secuestraron un revólver 22 y luego la tumbera.