Poner en remojo las zapatillas manchadas con sangre, cambiar las sábanas, lavar
el cuchillo, comprar las medialunas para el desayuno, llamar a la policía. En la lista de
actividades que María Belén A. afrontó el 20 de mayo de 2006 se mezclan las tareas más rutinarias
con las que impuso un suceso extraordinario: el crimen de su pareja. Esa mañana discutieron porque
él no iría a trabajar. Ella, de 16 años, buscó un cuchillo, se arrodilló a su lado en la cama y le
hundió el puñal en el corazón. Así puso fin a una historia de violencia y maltrato. Y así empezó a
escribirse la causa penal en la que, ahora, fue declarada penalmente responsable del homicidio de
Alejandro Amarilla, de 23.
El crimen ocurrió en la casa humilde de barrio Ludueña que compartían con los
padres de ella y el hijo de ambos, un bebé de 2 meses. Dos años después, la jueza de Menores
Carolina Hernández dictaminó que la joven es responsable del homicidio. A partir de esa
declaración, el régimen penal de menores prevé que transcurra al menos un año para resolver si debe
ser condenada o puede ser eximida de pena por su evolución en el tratamiento tutelar.
El miércoles de la semana pasada la chica, que ahora tiene 18 años, participó en
Tribunales de una audiencia en la Sala I de la Cámara Penal con los camaristas Ernesto Pangia,
Rubén Jukic y Ernesto Navarro. Ante ese tribunal su abogado reclamó que cambien el encuadre penal
de la causa por el de homicidio cometido con emoción violenta, un atenuante que prevé la ley cuando
una persona sufre un desborde emocional ante una situación perturbadora.
El escenario del drama. Las discusiones eran frecuentes entre los dos jóvenes
para la época en que ocurrió el crimen. Se habían conocido en el barrio. Ella contó que el noviazgo
había sido difícil porque él era agresivo y muy celoso. Después él cayó preso en la seccional 12ª
y, en una visita, ella quedó embarazada. Cuando él salió en libertad empezaron a convivir en la
casa de ella, de pasaje Franco 2065.
El papá de María Belén le consiguió a Alejandro un trabajo en el frigorífico
Sugarosa. Pero, según la chica, él faltaba mucho y todos los días peleaban porque él se drogaba y
se volvía agresivo. La relación era tortuosa, las discusiones cotidianas y la chica sufría malos
tratos que fueron denunciados. Esa mañana el despertador sonó más tarde de lo esperado. Alejandro
salió a trabajar pero a las 7.30 regresó a acostarse en la cama de dos plazas donde María Belén
dormía junto al bebé.
La chica dijo que le reprochó que faltara a trabajar y que hubiera consumido
drogas, algo que la autopsia no comprobó. Relató que él la insultó y le pegó una patada en la nuca,
aunque el examen forense no detectó en ella ningún golpe. Después, dijo, él se acostó y se cubrió
hasta la cabeza con la frazada. "Entonces fui a la cocina. Agarré de la mesa un cuchillo, volví a
la pieza y me arrodillé en la cama", detalló.
El cuchillo era de hoja corta y mango negro. Según la declaración de María
Belén, el joven le dijo con desdén que lo tirara al piso porque no lo asustaba. Entonces ella se lo
clavó en el corazón, con un movimiento de arriba hacia abajo. Después se lo retiró del pecho y él
empezó a sangrar y a gritar. "Después de sangrar se acostó de nuevo en la cama", precisó la chica.
En ese momento el papá de María Belén, alertado por los gritos, aguardaba una ambulancia en la
vereda. Como no llegaba, llamaron a la policía.
La espera encontró a María Belén socorriendo al muchacho que se desangraba en la
cama: "Alejandro me pidió un vaso de agua. Estaba pálido, transpiraba. Sentado, apoyado en el
respaldar de la cama. Se acostaba y se sentaba". Unos minutos después un patrullero lo llevó al
hospital, donde falleció a poco de llegar. La autopsia dictaminó una muerte violenta y rápida.
La partida del móvil retornó a la adolescente al orden de lo cotidiano: "Volví a
la casa. Saqué las sábanas. Fui a comprar facturas. Preparé la ropa de Alejandro por si me la
pedían del hospital. A las zapatillas que tenían sangre las puse en remojo y al otro par le puse
los cordones. Lavé el cuchillo y lo puse en el cajón del modular".
Esa mañana, cuando habló con la policía, la joven primero dijo que Alejandro
había llegado herido desde la calle. Pero después confesó y quedó detenida, junto a su bebé.
El debate. Una psicóloga de parte dictaminó que la chica sufrió un desequilibrio
por la violencia sufrida, lo que la impulsó a cometer un crimen no planeado. En cambio, los médicos
policiales y forenses que la examinaron en el momento no advirtieron en ella una alteración
visible. Una junta psicológica detectó "ciertos déficits de los mecanismos de represión" y que "sus
vínculos tienden a instaurarse con una lógica especular".
Para la jueza Hernández, no hubo en la situación previa al crimen y en la
conducta posterior de la adolescente indicios de que actuara bajo emoción violenta. Consignó que
los malos tratos constatados "no habilitan la acción homicida". Para la defensa fue justamente ese
hostigamiento lo que la impulsó a reaccionar así. La decisión está en manos de los camaristas, que
el jueves a las 10 darán a conocer su veredicto.