POLICIALES

Las chicanas, los desafíos y las ironías de "Guille" Cantero ante los tribunales

Tras decir que su oficio es "contratar sicarios para tirar tiros a los jueces", un repaso de los dichos del líder de Los Monos en el banquillo de los acusados

Domingo 22 de Agosto de 2021

“Contrato sicarios para tirarle tiros a los jueces”. La sarcástica frase dicha por Ariel Máximo “Guille” Cantero la mañana del viernes, cuando el tribunal que lo juzga como instigador de una saga de ataques contra blancos judiciales durante 2018 le preguntó cuál era su oficio, fue uno más de los tantos enunciados que el líder de Los Monos sostuvo antes jueces a los que tuvo que enfrentarse desde el banquillo de los acusados. Para quienes conocen de cerca al hombre que carga sobre sus espaldas condenas por 62 años de prisión y tiene por delante nuevos juicios, esas palabras no fueron una amenaza ni un planteo desafiante ante la Justicia, sino una muestra más de su forma de ser.

“Guille es un tipo que siempre te toma el pelo sin importarle quien seas. Lo hace con todo el mundo porque nunca habla de forma lineal, siempre lo hace con doble sentido y haciendo bromas. Y así como está acostumbrado a hacerlas y reírse de sus chascarrillos también se banca que se las hagan. Tiene un gran sentido del humor, lo que para muchos hombres de saco y corbata sale de lo común, pero él es así y siempre fue así. A tal punto que más de una vez eso lo llevó a pelearse con su padre y buscar protección en su mamá. Es un tipo indomable que siempre hizo lo que quiso y que nunca aceptó sugerencias de nadie, salvo de su hermano Claudio (“Pájaro” Cantero) cuando éste lideraba la banda”. La definición corresponde a un hombre que conoce a Guille desde muy chico y que la mañana del viernes, como muchos, no se sorprendió por la respuesta que dio a los jueces.

Es que no fue la primera vez que Guille se mandó una de las suyas. El 4 de febrero de 2010 un micro con hinchas de Newell’s que volvía de presenciar un partido en Buenos Aires fue atacado a balazos cuando llegaba a la ciudad. Los tiros partieron desde atrás de los yuyales de la banquina de la autopista, a la altura del barrio Las Flores, y causaron la muerte de Walter Cáceres, un chico de 14 años. La investigación la llevó adelante la entonces jueza de Instrucción Raquel Cosgaya y entre los primeros detenidos por el hecho estuvo Guille, aunque no llegó a juicio.

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Tras ser llevado al despacho de la jueza para que preste declaración, la magistrada le pidió que se identifique y él no dudó: “Ariel Máximo Cantero”. Cosgaya entonces levantó la vista, lo miró seriamente y le dijo que ese era el nombre de su padre y que ella no estaba para chistes. Pero el acusado insistió despertando la sorpresa de los presentes en la sala, incluso sus abogados que estaban convencidos de que su verdadero nombre era Guillermo. En medio de la confusión y mientras la jueza ordenaba a un empleado que vaya a buscar la ficha prontuarial, Guille empezó a reirse sin parar y tras una advertencia se explayó: “Lo que pasa es que cuando yo nací mi mamá quería que me llamara Guillermo, pero mi papá no estaba y me fue a anotar un pariente que cuando llegó al Registro Civil se olvidó del pedido y cuando le preguntaron dio el nombre de mi viejo”. Esa quizás haya sido la primera de las bromas duras en la vida del hombre nacido y criado en La Granada.

En calzoncillos

Varios años más tarde, cuando la Justicia provincial inició al primer debate oral contra Los Monos, Guille encabezó otra de sus atrevidas jugadas para poner en ridículo al sistema. Fue el 21 de noviembre de 2017 en el recién inaugurado Centro de Justicia Penal. Ese día los medios de todo el país habían llegado a cubrir las audiencias en las que ocho integrantes de Los Monos serían juzgados por asociación ilícita. El día anterior los acusados habían sido trasladados al edificio de Sarmiento y Virasoro y encerrados bajo una fuerte custodia en las celdas del subsuelo, espacio preparado para que los imputados esperen las audiencias pero no para que pasen largas jornadas. Y como el juicio iba a ser de largo aliento (culminó en abril de 2018), los acusados pidieron ser trasladados todos los días desde y hacia el penal de Piñero para no pernoctar en ese lugar, algo que tanto los jueces como los encargados de seguridad consideraban de extremo peligro.

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Entonces, antes de la primera jornada Guille y los suyos se sacaron la ropa y esperaron en medias y calzoncillos la respuesta a su reclamo. La negociación entre abogados, jueces y fiscales duró más de tres horas. Cuando todo parecía zanjado y los imputados fueron trasladados al pasillo de acceso a la sala de audiencias se enteraron de que el problema no estaba resuelto, por lo que volvieron a sacarse la ropa. “Hace dos días que no nos bañamos ni nos dan de comer”, dijo uno de los tres detenidos que ya estaban en el banquillo. Ante ello los sacaron de la sala y otra vez todos se quedaron en calzoncillos y medias. Incluso, dijeron testigos, rompieron sus ropas. Cuando la Justicia accedió a que esa noche volvieran a Piñero, sus allegados buscaron ropa y media hora después los reclusos entraron bajo la luz de los flashes.

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Guille Canteros, de lentes, sonriente, siempre tuvo una actitud despreocupada en las audiencias judiciales.

Guille Canteros, de lentes, sonriente, siempre tuvo una actitud despreocupada en las audiencias judiciales.

Ratita de laboratorio

Un año después, cuando en los Tribunales Federales de Oroño al 900 empezó el juicio por la causa “Los Patrones”, en la que Guille volvió a estar implicado por integrar una organización dedicada al tráfico y comercialización de drogas, Cantero hizo otro de sus planteos. Fue en la tercera jornada de audiencias cuando, desde el penal de Ezeiza, sostuvo enojado: “Nos levantan a las 6 o a las 7 y estamos en audiencia hasta las 18. Estoy sin comer, nos meten en una jaula y nos dan un sándwich. No quiero formar parte de este juicio, quiero volverme a Chaco (por el penal federal de Reistencia) porque allí al menos recibía visitas”, dijo. Y argumentó que extrañaba a sus hijos a los que no podía ver porque su familia no viaja ya que solamente pueden visitarlo cuatro horas semanales.

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En 2018, y ante un nuevo juicio en el fuero federal en el cual fue condenado, Guille volvió a actuar con sorna. Ocurrió en el marco de la primera audiencia por el denominado caso “Smolsky”. Allí Cantero llegó acusado como jefe de una organización que traía marihuana desde Misiones mediante encomiendas postales para luego venderlas en quioscos de las zonas noroeste y centro de la ciudad. Cuando el tribunal le pidió, como es de rigor en cada una de las audiencias de inicio, que se identifique, Guille dijo llamarse Juan Carlos “Ratita de laboratorio” Pérez, en alusión a los animales usados para experimentos en los cuales poco importa el destino de la vida. Esa respuesta motivó un fuerte reto del juez Moisés Vázquez, uno de los integrantes del tribunal.

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Por dos kilos de asado

Ese mismo año, el líder de Los Monos fue enjuiciado por el secuestro extorsivo de un muchacho identificado como R.F. El joven fue levantado por dos captores que lo subieron a un auto mientras tomaba algo en bulevar Seguí y Espinillo y lo trasladaron a un galpón. Según escuchas interceptadas en la investigación, el hecho había sido ordenado por Guille desde la prisión y mientras ocurría el hecho se mantenía en diálogo con sus secuaces que le mandaron mensajes y fotos del capturado una vez que habían cumplido con lo pedido. Sin embargo el joven secuestrado y por el que iban a pedir un millonario rescate no era la persona buscada, sino el simple hijo de un carnicero de zona sur.

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Enterado de que el joven no tenía dinero, Guille le dijo a sus soldados desde la cárcel que al menos le pidan un par de kilos de carne para hacer un buen asado. Nunca se supo si el carnicero cumplió con el reclamo y si la comilona se llevo adelante, lo cierto es que en las audiencias judiciales por ese hecho Cantero ratificó que esa fue su orden. “Si bien los captores no llegaron a exigir un rescate por la liberación de FR, lo cierto es que esa fue su primigenia intención, la cual mantuvieron hasta el final, aún luego de advertir que habían secuestrado a la persona equivocada, lo cual se cristaliza con claridad meridiana en lo manifestado por Guille Cantero, quien, al menos, quería exigirle a su padre dos kilos de asado”, alegaron entonces los fiscales.

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