Policiales

La videoconferencia se impone en un juicio oral

Las audiencias del debate por narcotráfico contra algunos miembros de Los Monos no contará con la presencia de los imputados actualmente presos.

Miércoles 22 de Agosto de 2018

El juicio que afrontarán miembros de la banda de Los Monos por narcotráfico se realizará en los Tribunales Federales de Oroño al 900 y sin la presencia de acusados que estén presos en cárceles. Esas decisiones se expusieron en la audiencia preliminar al juicio que se celebró ayer en el Tribunal Federal Oral 3 que presidirá el trámite a partir del 20 de septiembre. La nota más importante fue que sólo aquellos que están libres o con prisión domiciliaria presenciarán las audiencias.

Esto implica, por ejemplo, que Ariel "Guille" Cantero y Emanuel "Ema" Chamorro, señalados como jefes organizadores, seguirán el proceso por videoconferencia sin ser trasladados a Rosario desde las cárceles federales de Resistencia y de Rawson donde se encuentran. Quienes sí estarán en el juicio son sus parejas, Vanesa Barrios y Jesica Lloan, imputadas por integrar el peldaño superior de la banda, así como Patricia Celestina Contreras, la madre de Guille.

La fecha de inicio no se moverá, según fuentes tribunalicias, pese a que ya hay planteos contrarios que aseguran que las garantías del ejercicio de defensa en juicio serán vulneradas si imputado y representante legal no tienen contacto en la sala. Así, 17 acusados seguirán el juicio en la sala de audiencias. Otros 22 lo harán desde las unidades penitenciarias donde están presos.

Garantizado

Para los jueces Osvaldo Facciano, Eugenio Martínez y Ricardo Vázquez el principio de inmediatez de la relación entre acusado y defensor estará garantizado pese a la ausencia de los primeros en la sala. Los imputados presos seguirán el trámite por videoconferencia con un teléfono IP que los comunicará con sus abogados cada vez que deseen intervenir. El teléfono IP es un dispositivo que soporta la transmisión de voz por internet pero sólo habilita el contacto bilateral y ninguna otra llamada. La fecha de inicio del juicio, según las fuentes consultadas, no peligra aún ante la eventualidad de que las defensas persistan en su objeción ante Casación para que los imputados estén presentes.

El juicio se celebrará en dos jornadas semanales, los jueves y viernes de septiembre y octubre. Se usarán las dos salas disponibles en Oroño al 900: en la del piso inferior estarán los jueces, la acusación, las defensas y los imputados presentes; la del primer piso se habilitará para prensa y familiares de acusados con un sistema de TV de circuito cerrado.

De la audiencia de ayer participaron jueces, la mayoría de las defensas y el fiscal Federico Reynares Solari. Sobre la comparecencia de los 200 testigos convocados, el fiscal propuso que sólo asistieran los que presenciaron los allanamientos que dieron positivo, idea rechazada por los defensores, que pidieron que se cite a todos y que luego si las partes desisten de convocarlos se lo haga en el momento.

Medidas

Las medidas de seguridad son un capítulo central del juicio, que con 39 acusados es inédito por su dimensión en la Justicia Federal de Rosario. Tres fuerzas federales (Gendarmería, Prefectura y Policía Federal) se encargarán de la vigilancia y custodia. Los trabajos de prevención ya se notan con el tendido de una media sombra en el acceso a Tribunales por Alvear, para que desde afuera no se adviertan los movimientos. Hay un protocolo de seguridad que ya rigió en juicios por delitos de lesa humanidad con medidas que se mantienen en reserva.

Los jueces señalan que no es inusual el sistema del seguimiento del juicio a distancia. En el reciente proceso al grupo de Delfín Zacarías, uno de los imputados estuvo conectado por internet, al igual que en el reciente juicio al ex jefe de policía provincial Hugo Tognoli, donde los condenados Aldo Orozco y Carlos Ascaíni no comparecieron en la sala.

La causa "Los Patrones" se originó en una investigación sobre un búnker de Laprida al 6300 que llegó, por escuchas telefónicas, a revelar que Guille Cantero y Ema Chamorro lideraban la organización desde la cárcel de Piñero, donde bajaban las órdenes al resto de la red a partir de las visitas de sus mujeres.


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