Narcotráfico

La defensa de Delfín Zacarías pidió la absolución por falta de pruebas

Para el abogado Juan Monti, a su cliente le armaron una causa en represalia por denunciar a la Policía Federal. La Fiscalía había pedido 16 años de prisión

Viernes 29 de Junio de 2018

En el último descargo antes de que se dicte el veredicto, David Delfín Zacarías, juzgado por controlar una de las mayores cocinas de elaboración de cocaína descubiertas en la provicia de Santa Fe, volvió a exhibir su carta inicial. Su defensor afirmó que el operativo en el que se lo detuvo fue una venganza por denunciar los delitos de un jefe antidrogas de la Policía Federal de Rosario, removido de su puesto a raíz de esa imputación en 2012. El abogado de Zacarías reiteró ayer que la casa de Funes donde fue apresado su cliente hace cinco años era de Luis Medina, el empresario narco acribillado de 18 balazos tres meses después en el acceso Sur y Ayolas, y que los precursores químicos que su cliente trasladó hacia esa vivienda, usados para cocinar la droga, fueron por encargo del propio Medina, y que este mismo lo "entregó" de pies y manos a los efectivos que fueron por él.

Al final de su alegato, el defensor enunció que no quedó probado que hubiera una organización delictiva familiar, que no se había filmado el operativo, que los testigos nunca vieron a Zacarías dentro de la casa allanada y que no se habían levantado huellas dactilares allí porque ese procedimiento "respondió a una represalia policial". Por eso pidió la absolución o, si se lo declaraba culpable, que fuera con una pena muy inferior a los 16 años que el lunes había solicitado el fiscal Federico Reynares Solari, quien aseguró que el principal acusado fue capturado en esa vivienda de Funes en pleno proceso de cocinar cocaína.

El miércoles 4 de julio los jueces Germán Sutter, Ricardo Vázquez y Otmar Paulucci darán a conocer la sentencia.

Una dura prueba

El abogado Juan Monti tuvo que remontar en la audiencia de ayer una cuesta empinada. Plantó su armadura defensiva después de las escuchas que expusieron cómo Zacarías fue a buscar al conurbano bonaerense una partida de dos mil litros de precursores químicos, que se hallaron en la casa donde fue detenido al día siguiente. También tuvo que guerrear contra afirmaciones de los policías que, con solvencia y buena memoria, contaron en audiencias orales y públicas cómo lo investigaron para llevarlo a juicio como organizador de narcotráfico junto a otras diez personas, entre ellas su mujer Sandra Marín, sus hijos Flavia y Joel, y dos policías antidrogas acusados éstos de brindarles cobertura.

Para arrancar, el defensor se centró en un escándalo auténtico jamás esclarecido. "Este juicio se inició porque Zacarías denunció por extorsión a la Policía Federal. El espíritu de cuerpo de los policías con el jefe apartado explica esta causa".

Se refería a que en julio de 2012 la mujer de Zacarías denunció que el comisario Gustavo Serna, por entonces jefe de la Delegación Rosario de Drogas Peligrosas de la Policía Federal, chantajeaba a su marido reclamándole dinero por el hecho de que tenía antecedentes por causas de drogas.

Cuando saltó esa denuncia aparecieron dos cosas insólitas. La primera es que el propio comisario Serna había estado preso y acusado como partícipe de una banda dedicada al narcotráfico. La segunda, que al asumir el cargo en Rosario había armado un operativo para darse a conocer ante la prensa local señalando el secuestro en el barrio Empalme Graneros de 14 kilos de cocaína con un detenido inimputable por ser menor de edad. Lo bizarro de esa acción quedó al desnudo cuando al peritarse la sustancia incautada se descubrió que no era cocaína sino bicarbonato de sodio. Un caso por el que Serna jamás respondió: sólo fue removido.

Vínculos y quioscos

Según el defensor de Zacarías, quienes trabajaban con Serna cuando éste fue echado, organizaron la revancha contra Zacarías. Afirmó que fue entonces que acudieron a los búnkeres del barrio La Cerámica atribuidos a Olga "La Tata" Medina para conectar a Zacarías como su abastecedor. Contó que cuando se interrogó al policía federal Diego Brunetti éste señaló, sin indicar por qué, se iniciaron tareas de calle para ver si detectaban esos quioscos. Adujo que Joel Zacarías (el hijo de Delfín) tenía motivos para andar en la zona de la calle Pavlov, donde estaban los búnkeres, porque tanto su abuela como su mejor amigo vivían cerca de allí. "Brunetti supuso que el traspaso de un vehículo a su nombre fue por una deuda de drogas. Lo supuso pero no lo pudo probar", dijo. Esa alusión se debe a que "La Tata" Medina, con condenas por causas de droga, transfirió a Joel un Chevrolet Spark, lo que para el fiscal es indicio de los negocios por estupefacientes que había entre ambos.

Otro elemento rebatido fue que el imputado policía federal José Luis Dabat advirtió a la también acusada Ruth Castro que le "avise a «La rubia» que cierre las persianas" ante inminentes allanamientos contra cuatro búnkeres del norte rosarino. "Esa comunicación se produjo a la tarde, cuando el allanamiento ya se había hecho. El resultado era inexorable. El fiscal lo sabe pero utilizó ese dato igual para señalar protección policial", dijo el defensor Monti.

El traslado de los precursores químicos que hizo Zacarías desde la localidad bonaerense de Don Torcuato a la casa de calle Las Achiras 2500 de Funes donde fue detenido es algo probado. Pero el defensor dijo que lo hizo en calidad de fletero, porque Zacarías tiene una empresa de remises en Granadero Baigorria. Planteó que a su cliente le interesó hacer ese traslado porque se trataba de solventes para poner una pinturería y cómo él se dedicaba a la construcción le venía bien tener ese vínculo. "Le interesó la compra directa a una fábrica". El encargo se lo dio una persona de nombre Hernán, agregó, quien "no era otro que Luis Medina", subrayó. "Fue Hernán quien arregló las condiciones del flete y le dijo a dónde debía dirigirse", sostuvo.

¿Por qué esa aclaración? Porque el fiscal sostuvo que Zacarías, que era seguido por la policía, fue a buscar los precursores sin pedir dirección porque ya había ido previamente, lo que acredita una relación habitual. El defensor lo rechazó y dijo que no conocía a ninguno de los tres juzgados por conseguir esos solventes para cocinar cocaína, todos de apellido Silva. "Esto se ve robustecido por una llamada donde Zacarías le dice a Silva: «No va a faltar oportunidad para conocernos»".

Cuestión de familia

Asimismo, el abogado rebatió el planteo de que este grupo constituyera una organización sostenida en lazos de sangre y extrema confianza donde David Zacarías ocupaba el peldaño superior. "No se ve una cuestión de mando. No hay imposición de órdenes ni distribuición de funciones. David no es organizador y no es cocinero de drogas. Esto es resultado de la denuncia a (el comisario federal) Serna en 2012 y de la respuesta de la corrupción policial de calle Francia", dijo en referencia a la calle donde está la sede de la Policía Federal de Drogas en Rosario.

"Se intentó la pista de «La Tata» Medina como venganza. Pero no se pudo acreditar quién era su proveedor y que él estuviera elaborando cocaína" en el chalé de Funes donde el 5 de septiembre de 2013 fue atrapado David Delfín Zacarías en un operativo en el que se secuestraron 300 kilos entre pasta base, droga procesada e insumos para su elaboración.

El abogado sostuvo que la cocaína que se colocó en la camioneta Toyota Rav de Zacarías eran 15 envoltorios que tenían grado de pureza distinto y que por cada kilo de droga secuestrado había sólo 22 gramos de cocaína. "Tiene razón el fiscal en que esto no fue un montaje", dijo Monti. Fue la entrega pactada (de Zacarías) que no se podría haber convenido sin la participación necesaria de Luis Medina".


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