“Apareció un muchacho con una gorrita a comprarme tres cigarrillos y cuando se los di apareció otro. Los tiros me los pegó de frente. Uno en la cara”. Carlos C., un albañil y comerciante del barrio Santa Lucía, logró sobrevivir a los más de seis tiros que le dispararon en agosto pasado, cuando estaba a punto de cerrar el local. Cuatro meses después, una pareja detenida la semana pasada en Venado Tuerto fue imputada por el ataque, cometido sin una extorsión previa a la familia, que decidió abandonar su casa e irse de la ciudad.
El atentado en el quiosco de la calle Débora Ferrandini al 2000 fue el 2 de agosto pasado, veinte minutos después de la medianoche. A esa hora Carlos Cristian C., de 40 años, solía atender a los últimos clientes que llegaban al quiosco de su pareja, dueña del local desde hacía catorce años. Estaba a punto de cerrar cuando tocó timbre una mujer que compró caramelos y dos alfajores. El hombre, que durante el día trabajaba como albañil, la atendió rápido a través de una ventana. Apenas se dio vuelta el timbre volvió a sonar. Esta vez era un muchacho que le pidió tres cigarrillos.
Carlos le alcanzó los cigarrillos y en ese momento apareció en escena otro joven que sin decirle le nada le empezó a disparar. “Me pegaron entre ocho o nueve tiros. Uno en la cara y después otro en la espalda mientras me cubría”, contó el comerciante, que estuvo dieciséis días internado en la terapia intensiva del Hospital Clemente Alvarez con heridas en la cara, el tórax, el abdomen y el muslo izquierdo. “Traté de resguardarme atrás de las heladeras pero ya me habían pegado. No salí por miedo a que estén afuera esperándome. Antes de irse, mientras se iban corriendo, tiraron dos tiros más”, agregó.
La familia no había sufrido amenazas ni reclamos extorsivos, pero en el barrio las balaceras a comercios se repetían: “Algunos eran amenazados y otros no, pero todos recibían disparos”. Según los vecinos, los atacantes eran soldaditos de la banda de Pablo Nicolás Camino, preso por entonces en la cárcel federal Rawson e imputado en junio por más de veinte hechos violentos. Entre ellos la balacera al súper de los suegros de Lionel Messi y el crimen del artista callejero Lorenzo “Jimi” Altamirano en el marco de una pelea con otra facción de la banda de Los Monos.
A partir de escuchas y declaraciones de testigos que vieron llegar o escapar a los atacantes, la semana pasada fueron detenidos en una casa de Venado Tuerto Rodrigo Luján Seguino, de 23 años, a quien le dicen “Oreja” o “Nenuco”, y su pareja Marisol Ever, de 31. Los dos fueron imputados por el fiscal Gastón Avila como coautores de un intento de homicidio agravado. La mujer como quien pasó antes por el quiosco a realizar “inteligencia” y comprobar quién atendía. En el caso de Oreja, considerado el autor de los disparos, sumó la portación ilegal del arma Taurus calibre 40 usada en el ataque y un episodio de extorsión.
La semana pasada había sido implicado en la trama, también como coautor y en el rol de quien pidió los cigarrillos, un medio hermano de Seguino, Mario Federico Bouvier. Es también hermano de Nicolás “Tío Lucas” Bouvier, un preso de la cárcel de Coronda que cumple condena por el homicidio de David “Moco” Quiroz, de octubre de 2021. El mes pasado el interno fue acusado por extorsionar desde prisión a un empleado de Prefectura. Le exigió 500 mil pesos o que entregara la casa, también del barrio Santa Lucía, que fue blanco de una balacera. Su novia y su cuñado cayeron detenidos cuando fueron a cobrar el dinero de la extorsión.
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Las intervenciones telefónicas al celular de este preso, entre otras líneas, fue parte de la evidencia que citó el fiscal ante la jueza Valeria Pedrana, que dictó la prisión preventiva de la pareja por dos años. “Los dos son flaquitos, orejones, blanquitos. Son hijos de policías retirados. Dicen que ellos trabajarían para Nicolás Caminos, que estaba atacando los quioscos y comercios del barrio para poner búnkers”, dijeron algunos testimonios sobre los hermanos imputados por el crimen fallido.
Entre las evidencias figura una conversación que según la Fiscalía mantuvo Bouvier con su hermano preso en la que, de manera explícita, relata el ataque a un "gato" que “atendió el quiosco”. Incluso menciona el calibre del arma: “Le dimos con una 40 que nos bajaron hoy. Se escuchó pla, pla, pla. Ocho le dio. Ni cabida ahora”.
“El día que le dispararon a Carlos pasaron en un auto Marisol en la parte de atrás y Nenuco de acompañante. El hermano los estaba esperando en la esquina para darles las armas” —figura entre los testimonios citados en la audiencia—. El rumor que se escucha entre los vecinos es que Pablo Camino quiere agarrar el barrio”. La familia no denunció haber recibido un reclamo extorsivo antes del ataque. Tras la agresión instalaron cámaras de vigilancia en la casa. Con el avance de la investigación comenzaron a recibir amenazas en las que les exigían hasta un millón de pesos. Para entonces ya se habían ido de la casa.