Una comerciante de 35 años fue encontrada asesinada en su casa del barrio 25 de
Mayo y por el crimen fue detenido su hermano siete años menor. El homicidio fue descubierto luego
de que una tía denunciara la desaparición de la mujer, preocupada porque no había ido a trabajar.
Cuando buscaron a Analía Stella Saluzzi en la casa que compartía con su hermano, el joven negó que
estuviera allí. Pero dos horas más tarde, tras rastrearla sin éxito en otros sitios, la policía la
encontró en el baño, vestida sólo con una remera y con una soga comprimiéndole el cuello.
Anoche los investigadores evaluaban las alternativas de un crimen tan oscuro
como estremecedor por el que José Damián Saluzzi, un empleado de la marina mercante de 28 años,
quedó imputado como supuesto autor.
La de ayer es la segunda tragedia que golpea a la familia Saluzzi. Hace cinco
años, la abuela materna de los hermanos apareció asesinada en Villa Gobernador Gálvez tras haber
estado desaparecida siete días. Estaba atada de los pies al cuello, varada en en la costa del
Paraná.
Oficiales del área de Unidades Especiales de Rosario confiaron anoche que José
Saluzzi estuvo bajo leve sospecha por el crimen de su abuela en 2004 a raíz de indicios que nunca
alcanzaron fuerza como para que la Justicia lo convocara a tomarle una declaración. Ese crimen está
impune (ver aparte).
Los voceros observaron que tanto en el homicidio de Analía como en el de su
abuela Nélida el agresor usó una soga para consumar el ataque y que en ambos casos los cuerpos
fueron hallados desnudos.
El crimen de Analía llenó de consternación a los vecinos de su barrio, donde con
ojos llorosos todos transmitieron el mejor concepto de la familia. La mujer era soltera y vivía en
la casa de Milán 2481 sola con su madre, Nelly, desde que falleció su padre, un jubilado
ferroviario. José, también soltero y quien además es mecánico dental, residía en la misma casa de
dos plantas durante los períodos en que no estaba trabajando como marino mercante. Al ocurrir el
drama, la madre de los hermanos estaba de vacaciones con su hija mayor en Brasil y anoche viajaba
de regreso a Rosario.
Analía trabajaba con su mamá en la granja y pollería Le Petit Poulet, de Deán
Funes y Maipú, que atendían de sol a sol junto a dos empleadas. Una de ellas fue quien ayer a la
mañana advirtió la ausencia de Analía y consultó a una tía de la mujer, Juana, de 65 años, quien
vive frente al negocio.
Evasivas. Según los investigadores, la tía de la víctima fue a la casa de la
calle Milán y tocó timbre, pero nadie atendió a pesar de que estaba prendido el aire acondicionado
y se escuchaba música a todo volumen. Entonces convocó a efectivos de la Patrulla Urbana y a un
cerrajero. Cuando entraron, encontraron a José vestido sólo con una remera. El muchacho les dijo
que su hermana no estaba allí y salieron juntos a buscarla.
La rastrearon en la casa donde la hermana mayor vive con su esposo y dos chicos,
y que Analía había quedado encargada de cuidar durante las vacaciones de la familia. José los
acompañó en la búsqueda. "Entró con los policías y la estuvo buscando hasta en el techo", contó un
vecino que presenció la medida, ayer al mediodía.
Como Analía no aparecía se decidió requisar la casa de calle Milán. La policía
contó que, al regresar allí, José estaba nervioso y trataba de evitar que ingresaran al baño. En
ese lugar encontraron a la chica, sentada en una silla. La habían estrangulado con un cable que aún
tenía anudado al cuello. En el baño había un televisor y un DVD con películas condicionadas.
Una fuente de la investigación dijo que el crimen se habría desatado cuando la
joven regresó de trabajar y encontró a su hermano viendo películas porno en el baño, se lo reprochó
y discutieron hasta que se produjo el trágico desenlace.
El arresto. En el acto José quedó detenido y fue alojado en la comisaría 15ª,
donde hasta anoche no había declarado. Al hallarse el cuerpo, según reveló un vocero, sólo dijo que
"no quería ver". Según los investigadores, los vecinos no vieron entrar ni salir a otras personas
la noche del crimen. Para el examen forense, la muerte databa de unas 12 horas. La víctima tenía
hematomas y el detenido algunos rasguños. Le tomaron muestras de orina y sangre para determinar si
estaba bajo efectos de alcohol o drogas.
"Era una excelente chica, muy luchadora, lo único que hacía era trabajar",
expresó angustiada Vilma, una vecina del negocio. Otro vecino que conoce a la familia desde hace 30
años no salía del estupor. "José es un pan de Dios, un gordito bárbaro", contó el hombre, que solía
reunirse con él para escuchar anécdotas de sus experiencias como embarcado en una flota mercante
dedicada a la pesca.