Policiales

Doble crimen de VGG: una mujer con sus hijos pidió clemencia al sicario que asesinó a su marido

"Correte porque te matamos a vos y a tus hijos", fue la respuesta. Ocurrió el miércoles en barrio Ghiglione

Domingo 27 de Diciembre de 2020

Miércoles, 21.30. Vísperas de Nochebuena. Tres sicarios armados bajaron de un Renault Clío color gris y caminaron resueltos hacia una modesta casa de Montevideo al 3200 de barrio Ghiglione, en el patio trasero del Parque Industrial de Villa Gobernador Gálvez. Al menos dos, con barbijos y gorras con viseras, irrumpieron sin llamar a la puerta. Y una vez en el interior emboscaron en una habitación a Brian Nicolás Zapata, de 27 años, y Lucas Gabriel Sandoval, de 24. Con esa escena y en un último acto de desesperación la esposa de Brian, con sus dos hijos menores de 10 años, se pusieron por delante de los hombres para que no los ejecutaran. “Correte porque te matamos a vos y a tus hijos”, le dijo uno de los sicarios. Y después la ejecución.

Cuando Brian cayó fulminado con un balazo en la cabeza sus hijos estallaron en gritos y llantos. “Mataron a mi papá”. Completada la faena, los sicarios se fueron dejando un doble crimen y una estela de espanto. Tenebroso final de una historia de la “nueva normalidad” que parece haber ganado las calles de Rosario y sus localidades vecinas. "Todas las hipótesis están abiertas", explicó una fuente del caso. Estos homicidios llevaron a 22 la estadística anual de homicidios en Villa Gobernador Gálvez.

Ghiglione es un barrio modesto, de apariencia tranquila, en el oeste de Villa Gobernador Gálvez. Se ubica entre la autopista a Buenos Aires y la ruta provincial 22, en inmediaciones del cementerio municipal y a unas diez cuadras del arroyo Saladillo. Es un terreno de seis cuadras por seis que hasta las tomas de tierras del 2013 se había acostumbrado a ser el último barrio en el oeste villagalvense.

Sobre Montevideo al 3200, a unos 300 metros de la autopista, está el paredón del Parque Industrial. “Es un barrio tranquilo porque está lejos de los barrios conflictivos, aunque el Resistencia es bravo con el tema falopa”, explicó un vecino.

El doble asesinato de Ghiglione dejó a la barriada en medio de una “omertá”, la ley del silencio estilo mafia siciliana. El miedo y la conmoción sellaron las bocas de muchos de los vecinos. Según se pudo establecer del diálogo con residentes de barrio Ghiglione, Brian Zapata era el dueño de casa en Montevideo al 3200. Allí vivía junto a su esposa y sus dos hijos de menos de 10 años. En vísperas de Nochebuena, habían combinado con Lucas Sandoval reunirse el miércoles por la noche en su casa para luego ir a comer un asado a lo del abuelo de Brian que reside a pocos metros. Sandoval, según confiaron los vecinos, vivió varios años en barrio Resistencia (limítrofe con Ghiglione) y se mudó a la zona oeste de Rosario. Trabajaba en la carrocera Metalsur de San Martín al 2500 de VGG.

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Alrededor de las 21.30 Sandoval ya estaba en la casa de Zapata. Los vecinos relataron que Lucas había olvidado hacer compras de última hora y salió a hacerlas en negocios de las cercanías. A la hora señalada regresó a la vivienda de calle Montevideo. Los residentes de la cuadra indicaron que no pasaron más que un par de minutos entre que Lucas llegó y el Clio gris con los sicarios se detuvo frente a la vivienda.

“Bajaron tres del auto pero a la casa pero se les metieron dos. El tercero quedó en la puerta como haciendo campana. Llevaban puestas gorras con visera y barbijos. Para mí lo siguieron y le llegaron por detrás”, explicó una vecina de la zona. Una vez dentro de la casa los gatilleros se toparon con la compañera de Brian Zapata, a la que se llevaron a los empujones a la búsqueda de los dos hombres que se habían refugiado en una de las habitaciones de la casa. La mujer con sus dos hijos pequeños se transformaron en escudos humanos entre los asesinos y sus víctimas.

La escena duró intensos y desgarradores segundos. Pero el sicario no tiene corazón ni nostalgia. Sólo negocia con su patrón. No hubo espació para la lástima o para el perdón en el segundo final. “Correte porque te matamos a vos y a tus hijos”, dijo quien llevaba la voz cantante. Y así, entre gritos y llantos de niños, comenzó la ejecución. Brian, dueño de casa y padre de los dos pibitos, recibió un balazo en la cabeza que tiró hacia atrás, inerte. Entre los gritos de los nenes y su madre continuaron las detonaciones. Todo duró un parpadeo.

Las víctimas recibieron múltiples heridas de arma de fuego. Y en la escena se secuestraron vainas servidas calibre 3.80, 9 milímetros y cartuchos de escopeta calibre 16, conocida como “la perdicera”. Una vez concluida su faena los sicarios desaparecieron de la barriada dejando a su espaldas espanto y desolación. La sangre de los muertos quedó derramada entre los juguetes de los nenes. Como llegaron los sicarios se subieron al Clio gris y se fueron.

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El barrio quedó en modo conmoción, aunque eso no los liberó de tejer hipótesis sobre lo ocurrido. La primera hipótesis que lanzaron fue un asesinato en el marco de la narcocriminalidad ya que al menos uno de los asesinados tenía problemas de adicción. Otro fue que se trató de un crimen por encargo, ya que alguna de las víctimas habría mantenido un conflicto con un reclutador de sicarios en la zona.

“Lo que pasa es que andá a saber en que lugares se meten estos pibes a comprar. Por ahí se agarran con algún loco que les bajó el pulgar. Que se las juró. Y después pasan estas cosas”, explicó una vecina que recordó el asesinato de Lucas Alan Elizondo, de 24 años, el 30 de mayo de 2019 en inmediaciones de San Martín y Platón, en los confines de Las Flores y San Martín Sur. Elizondo circulaba en su moto Yamaha XTZ roja por avenida San Martín hacia el sur cuando al llegar al cruce con Platón fue atacado por tres jóvenes que a cascotazos motivaron que se estrellara contra un contenedor. En principio el asesinato se investigó en el marco de la tentativa de robo de la moto. Para la vecina el contexto parece haber sido otro.

Y la tercera teoría que se escuchó en inmediaciones de barrio Ghiglione estuvo enmarcada en el contexto del hallazgo de los cuerpos desmembrados de Jorge David “Colo Nina” Giménez y Víctor Martín “Poliyo” Baralis, encontrados un día antes del doble crimen de Ghiglione en contendedores de residuos de Lituania al 5600, Pireli y Anchorena, Castro Barros y Anchorena, y en el arroyo Saladillo frente a un frigorífico en Villa Gobernador Gálvez.

La aparición de los desmembrados marcó un salto de calidad en la evolución de las técnicas del sicariato y algunos vecinos lo colocaron dentro de las posibilidades. La consulta a los investigadores cayó por su propio peso, pero en un principio los investigadores no vieron conexión posible entre los homicidios dobles, aunque en ambos expedientes, en manos del fiscal Patricio Saldutti, todas las hipótesis están abiertas.

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