Policiales

Doble crimen en Frontera: una víctima tenía seis tiros en la cabeza

Ejecucion mafiosa. Germán Lozada había sido detenido en 2010 en Sauce Viejo con cocaína y marihuana. En tanto Martín Chamorro no tenía antecedentes penales.

Jueves 22 de Enero de 2015

Uno de los dos hombres que fueron hallados muertos y quemados dentro de un auto en las inmediaciones del basural de la ciudad de Frontera pertenecía al mundo del hampa, según se desprende de información difundida ayer por el fiscal que investiga el caso, Carlos Vottero. “Aún queremos ser cautelosos respecto de la identificación de estas personas porque restan algunas diligencias que confirmen que se trata de los hombres de Santo Tomé”, dijo el fiscal y aseguró que la otra víctima no contaba con antecedentes penales. También ratificó que uno de los cuerpos presentaba seis orificios de bala en la cabeza y el otro uno.
  Las víctimas fueron identificadas por fuentes del Ministerio de Seguridad como Germán Exequiel Lozada, de 34 años, y Martín “Pitín” Chamorro, de 38, ambos oriundos de Santo Tomé y radicados desde hace algunos meses en Frontera, localidad del departamento Castellanos, separada por una calle de la ciudad cordobesa de San Francisco.
  La hipótesis preliminar de la investigación vincula a las víctimas como posibles eslabones de una organización de tráfico de drogas que funciona en el territorio comprendido entre los límites de Santa Fe, Córdoba y Santiago del Estero. Su liderazgo se atribuye a Héctor Gallardo, alias “Patrón”, detenido en una cárcel cordobesa desde 2013 (ver aparte).

Con antecedentes. Lozada había sido detenido por personal de la Sección Inteligencia Zona Centro de Drogas Peligrosas en Sauce Viejo el 22 de octubre de 2010. De acuerdo al prontuario de la Sección Indice General de la Unidad Regional I, llevaba entonces consigo 63 envoltorios de nailon conteniendo 163 gramos de marihuana y 78 cápsulas con un peso de 178 gramos de cocaína. También le decomisaron un revólver calibre 38 marca Colt en aquella ocasión.
  A Lozada fuentes policiales le atribuyen, por comentarios recogidos preliminarmente en la zona donde apareció asesinado, haber requerido dinero a modo de “rescate” por elementos de los que se había apoderado. Viajaba regularmente de Frontera a Santo Tomé.
  Los datos respecto de los balazos descargados sobre ambas víctimas surgieron de la finalización de las respectivas autopsias realizadas en Rafaela que comenzaron en la mañana de ayer y finalizaron poco después de las 19.
  “Ahora resta esperar el resultado de las pericias criminalísticas sobre los proyectiles que fueron encontrados en las cabezas de las víctimas para determinar sus características y precisar el tipo de arma y calibre utilizado”, sostuvo el fiscal.
  “Después hay un cúmulo de información que forma parte de la reserva de la investigación vinculados a datos que pueden determinar el seguimiento de diversas pistas investigativas y establecer la mecánica de cómo ocurrieron los hechos”, explicó Vottero a este diario.
  El fiscal estimó además que los hombres fueron ejecutados el lunes entre las 16.30 y las 17, “aunque nos anoticiamos de lo sucedido recién el martes a primera hora de la mañana”. También dijo que “aunque aún es materia de investigación, creemos que los disparos sobre las víctimas se realizaron en el mismo lugar en el que fueron encontrados”.
  Los cuerpos de las víctimas fueron calcinados para borrar huellas del fusilamiento.

Gallardo, la historia de un capo narco

Héctor Argentino Gallardo, de 43 años y apodado “Padrino”, “Pa”, “Jefe” o “Patrón”, está preso desde diciembre de 2013 en el penal de Bouwer, provincia de Córdoba. La Justicia federal lo encontró responsable de liderar una organización internacional de tráfico de estupefacientes con base  en Frontera, ciudad de poco más de diez mil habitantes del oeste santafesino, donde las historias de delincuentes y narcotraficantes están a la orden del día.
  El interminable historial delictivo de la ciudad se explica en la amplia vulnerabilidad que demuestran los estados provinciales de Santa Fe y Córdoba para llegar a estas dos ciudades fronterizas, separadas sólo por una avenida.
  Existen innumerables historias de delincuentes que burlaron a la autoridad simplemente cruzando la calle. “Conocen el Código Penal mejor que los abogados”, dijo un vecino en una esquina de la avenida Brigadier Bustos, límite interprovincial y centro comercial de Frontera.
  “Acá rige una ley y enfrente otra. Si el policía persigue al ladrón y cruza la calle se convierte en delincuente”, explicó y reseñó que, si bien las comunidades funcionan en conglomerado, Frontera es más chica que San Francisco y tiene menos estructura para atacar el delito.
  La explicación aclara por qué la ciudad tiene ganada la fama que la vincula como sede de organizaciones delictivas. Según la investigación del Jugado Federal Nº 1 de Córdoba, esta debilidad geográfica fue aprovechada por Gallardo para montar su estructura ramificada en varias provincias y desde donde se distribuía droga a través del corredor de la ruta 19, principalmente hacia Córdoba, Santa Fe y luego a Rosario y Buenos Aires.
  Incluso se cree que por allí pasaron cargamentos que tenían como destino los principales puertos argentinos y chilenos para luego ser transportados a Europa. El “Patrón” fue detenido en Orán minutos después de haber ordenado a través de su celular a un colaborador de Posadas que matara a otro integrante de su banda de un tiro en la cabeza por haber incumplido las reglas de trabajo.
  Un megaoperativo de Gendarmería con 500 efectivos allanó en varias provincias las propiedades de Gallardo que, en principio era investigado por lavado de dinero y luego como el mayor capo narco de la Argentina. La Justicia le adjudica numerosas propiedades en diversas provincias norteñas, entre ellas concesionarias de automóviles, una inmobiliaria, viviendas, campos y una flota de más de cien vehículos.
  
Muebles, la pantalla. Gallardo se presenta desde su lugar de detención como un humilde carpintero que llevaba a sus hijos a un comedor comunitario y luego descubrió las bondades del negocio de las comisiones. Dice que comenzó a vender muebles que traía del norte del país. Para ello reclutó a empleados colombianos y bolivianos que recorrían las calles en carros cargados de muebles. Para la Justicia, era simplemente una pantalla y lo sindicó justamente como un “capitán” o representante en Argentina del temible y poderoso Cartel de Cali colombiano.
  No sólo está acusado de liderar una gran banda que operaba en el país, también de ser un narco con conexiones internacionales y apuntado como multimillonario a través de narcolavado.

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