Cuatro altos oficiales de la Dirección de Control y Prevención de Adicciones de la policía santafesina con destino en la ciudad de Reconquista, a 500 kilómetros al norte de Rosario, fueron detenidos ayer luego de que fueran denunciados por dos supuestos narcotraficantes a los que apresaron en plena vía pública y a los que les causaron severas lesiones.
Se trata del jefe de Inteligencia Zona Norte de la ex Dorgas Peligrosas, Daniel Musante; el jefe de la Brigada Operativa Departamental IX, Sergio Senn; y los oficiales principales Luciano Martínez y Germán Arce, quienes fueron pasados a disponibilidad preventiva hasta tanto se esclarezca su participación en los hechos denunciados. La orden de detención la dio el juez federal de la mencionada ciudad del norte santafesino, Jorge Alurralde, y agentes de la Policía Federal fueron los encargados de concretar las detenciones.
Quienes acusan a los policías son Gustavo Perro Cernadas y Luis El rosarino Ramírez, patrocinados por los abogados Ricardo Degumois y Gabriel Tanino. En tanto, la investigación fue encarada por la fiscalía a cargo de Roberto Salum, quien también evalúa la presunta omisión de funciones del médico policial Alejandro Daveau, quien anoche permanecía en libertad y sin imputación alguna.
Al respecto, la situación del médico se complicó cuando los denuciantes dijeron que en sede policial fueron revisados por un profesional que sólo cumplió un formulismo teórico y "se limitó a mirarlos y rellenar una planilla", según dijo el fiscal Salum, quien acotó que al pedido de que los dos apresados fueran revisados, "el médico sólo se sonrió".
Tras ese "trámite", Cernadas y Ramírez fueron derivados al hospital Olga S. de Rizi donde fueron revisados por los médicos de guardia. Ahí se les detectaron "múltiples fracturas en los rostros y uno de ellos (Ramírez) en la zona costal". En esa instancia los dos denunciaron ante la Justicia haber sido encapuchados durante las torturas a las que fueron sometidos tanto en la calle donde los apresaron como dentro de la comisaría.
Testigos. Con los elementos aportados por los denunciantes, las actuaciones realizadas en el hospital y algunos testimonios de cómo apalearon a los detenidos en la vereda y esposados en plena calle, el fiscal presentó el pedido de detención de los cuatro uniformados y la indagatoria del médico Daveau, que sólo indicó "lesiones leves" en la planilla prontuarial.
En ese sentido, el fiscal aseguró que "han sido de tamaña gravedad los hechos, que uno de los policías le pidió alcohol a una vecina durante el procedimiento para lavarse las manos dado que las tenía llenas de sangre por la golpiza que le había dado a los detenidos en plena vía pública".
El delito de "torturas" tiene una pena mínima de 8 años de prisión, muy por encima de los "apremios ilegales" que tiene un mínimo de un año de prisión para quienes son encontrados culpables. Los detenidos pasarán los próximos días en la alcaidía de Vera, donde fueron acondicionados espacios exclusivos para que no tengan contacto con los otros reclusos en preservación de su integridad teniendo en cuenta que hay varios detenidos que fueron apresados por esos mismos policías.