Un auto con las puertas abiertas en un camino rural y un cartel que decía “con la mafia no se jode” componían la escena de muerte de Dylan Valenti y Brian Molina, dos jóvenes asesinados a balazos la noche del 30 de septiembre pasado cerca de Pérez. El mismo día, a la madrugada, un grupo comando al grito de “policía” había ajusticiado con 32 disparos a Julián Zanier, un narco en silla de ruedas que se refugiaba en una casa de Nuevo Alberdi. Desde el comienzo los investigadores pensaron que los dos ataques podían estar conectados. La sospecha fue confirmada tras el hallazgo del celular robado a una de las víctimas del doble crimen, la declaración de testigos reservados y una serie de allanamientos que derivaron en la detención de cuatro personas que ayer fueron imputadas de planear el secuestro y ejecución de los dos amigos de 18 y 22 años.
Los cuatro fueron detenidos el jueves tras una serie de allanamientos. Tres de ellos en un departamento de Pellegrini al 700 donde se escondían. El fiscal Alejandro Ferlazzo les imputó haber concretado el doble crimen para vengar la muerte del "Inválido", como le decían a Zanier. De acuerdo con lo que pudo reconstruir la investigación, el grupo acusaba a Dylan Valenti de haber marcado la casa de Zanier a sus matadores y por esto lo buscaron a lo largo de todo el día. Hasta que a la noche lo encontraron junto con su amigo Molina, un joven trabajador de la construcción ajeno por completo al conflicto pero al que mataron para no dejar rastros.
Al frente del grupo está Jorge Andrés C., un hombre al que le dicen “Chivo” y sindicado como un vendedor de drogas que trabajaba para Zanier. Según la acusación, su base de actuación era Villa Banana y en ese territorio mantenía un enfrentamiento con la banda de Leonardo “Leo Rey” Saravia, detenido en marzo de 2021 en una serie de allanamientos de Prefectura Naval. Junto con él, en el departamento que alquilaba en calle Pellegrini fueron detenidos su pareja, Denise Amancay C. y Sebastián Ezequiel R., considerado un colaborador al igual que Alexis Daniel Z., apresado en otro sitio.
La jueza Valeria Pedrana dispuso la prisión preventiva de todos ellos. Fueron imputados como coautores de dos homicidios planificados entre más de dos personas, lo que prevé prisión perpetua. En el caso de Molina, ajeno a la disputa y asesinado sólo para que no atestiguara, el crimen se considera además calificado por ser “críminis causa”, es decir, cometido para obtener impunidad. A esto sumaron los delitos de hurto agravado —ya que los atacantes robaron los celulares de las víctimas— y la portación ilegal de armas 9 milímetros usadas en la doble ejecución. Los tres apresados en el departamento sumaron la tenencia ilegal de un arma de guerra.
Ese fue el resultado de una investigación que llegó a su pico cuando días atrás, en un allanamiento, se recuperó el celular Samsung A10 negro robado a Molina. Lo usaba un quinto implicado, Alan S. Según los pesquisas, este hombre cercano a Zanier dijo que le había comprado el aparato día después de las muertes a un allegado al Chivo que hasta ayer se encontraba prófugo. También le secuestraron un revólver. En una audiencia imputativa realizada en abril quedó en prisión preventiva por encubrimiento y tenencia de arma.
Otra línea fue aportada por testigos reservados, uno de los cuales mencionó a los cuatro imputados ayer como quienes concretaron las ejecuciones. Entre tanto, alguien llamó a familiares de Dylan Valenti para avisar que las armas usadas en los homicidios habían sido secuestradas en un procedimiento. Se estima que se trataría de armamento incautado en diciembre a un hombre que fue detenido con una ametralladora, pistolas y una escopeta.
A esto se suman las armas incautadas por el fiscal —dos son pistolas 9 milímetros— en una serie de allanamientos que culminaron con las detenciones del jueves. Todo el material aún debe ser sometido a cotejo balístico con las nueve vainas servidas que quedaron en el camino rural de Pérez. En el departamento de calle Pellegrini se encontraron, además de un arma, objetos de oro, dinero, anotaciones que vinculan al grupo con el comercio de drogas y un celular que habían puesto a hervir en una olla ante la llegada de la policía, a fin de inutilizarlo.
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De acuerdo con la acusación, tras el crimen en Nuevo Alberdi los allegados al Inválido salieron a la caza de Dylan, quien vendía drogas para un grupo rival. Creían que este joven de 19 años había apuntado la casa de Fontana al 3100 donde se “guardaba” Zanier, un muchacho de 25 años al que un balazo en la médula había dejado en silla de ruedas en noviembre de 2017. Respecto de Molina se pudo confirmar que “no tenía nada que ver. Estaba circunstancialmente con Dylan cuando lo encontraron y lo mataron para procurar impunidad”, dijo una fuente del caso.
El fiscal planteó en la audiencia que los cuatro detenidos “planificaron la ejecución por venganza en un lugar completamente aislado”. Alrededor de las 20.30 del 30 de septiembre trasladaron a las víctimas por la fuerza hasta la zona de Uriburu y Las Palmeras, repartidos entre el auto del propio Molina, otro vehículo de apoyo y una moto. Al llegar obligaron a los dos amigos a bajar del auto y los fusilaron. Molina recibió al menos tres disparos, uno en el pecho y dos en la cabeza. A Valenti lo alcanzaron dos tiros en el costado derecho del pecho, uno en el maxilar y el cuarto en la cabeza.
Cerca de los cuerpos dejaron un cartel que decía “con la mafia no se jode” con el dibujo de una corona debajo. En ese camino rural cercano al barrio El Jardín, ubicado a unos 300 metros en Soldini, quedó el Volkswagen Surán gris de Molina, con las puertas abiertas del lado del acompañante. Antes de partir, los matadores le robaron a Valenti su celular Iphone y a Molina su celular Samsung, dos aros y un anillo de oro.
“Yo hablaba siempre con Brian. Ibamos a trabajar juntos todos los días. Era un pibe normal. No andaba asustado o perseguido. No tenía antecedentes ni estuvo detenido”, dijo a este diario en el lugar cuando al día siguiente se hallaron los cuerpos el padre de Molina, Ramón. Contó que su único hijo varón era pintor de obra y había salido la noche anterior en su auto desde su casa de Amenábar al 7100 para llevar a una tía hasta el Fonavi de Rouillón y Seguí. De Valenti se supo que residía en la zona de Asunción al 5600, en el barrio Villa Nueva.
Unas quince horas antes del doble crimen, a las 5.30 de la madrugada, cinco personas vestidas con ropa similar a la de policías derribaron la puerta de ingreso de la casa en la que Zanier vivía con su esposa, su hijo de 4 años y su cuñado, con una maza de obra de 10 kilos. Ingresaron a la casa al grito de “policía, policía, todos al piso” y comenzaron a disparar. Eliminaron con siete balazos a un perro pitbull y luego asesinaron con 32 tiros a Zanier, siete de ellos a la cabeza.