Policiales

Crónica de una madrugada de locura en una apacible cuadra de Alberdi

Detalle de la secuencia de agresiones en dos hogares el jueves pasado en Marull al 200. La policía llegó a dos minutos del pedido de auxilio y vio a Estanislao Repetto asfixiando a su madre. Ella había sido testigo una hora antes de su huida de un psiquiátrico. Y la atacó al reencontrarla.

Domingo 13 de Septiembre de 2009

A las 2.30 una voz atormentada había implorado ayuda al 911 desde una casa de Marull al 200. Por la consola del Comando Radioeléctrico requerían rapidez a los móviles que barrían la zona más cercana. Transcurrieron un par de minutos cuando los paraísos de la cuadra brillaron bajo los faroles de las patrulleros 2218 y 3814, los primeros en llegar. Había algunas personas asomadas a la calle. En el centro del alboroto un chico sin ropas y cubierto de sangre estaba sentado a caballo sobre una mujer, también desnuda, a la que en medio de la vereda sujetaba por el cuello con las manos y le mordía la cara.

A los policías que bajaron corriendo les costó mucha energía desprender al joven de la mujer. Entre tres lo tomaron por debajo de los hombros y lo izaron con ímpetu hasta conseguir dominarlo. El muchacho delgado, lánguido y salpicado de gotas de sangre vociferaba ser Dios y estar salvando a la mujer del demonio. Todavía temblaba cuando delante del portón negro enrejado del 272 le colocaron las esposas y lo cubrieron con una manta.

El descubrimiento. Los policías pidieron una ambulancia y entraron en la casa que parecía devastada por un tornado. El agente Matías P. salió y se dirigió a su jefe en argot de la fuerza. “Hay un masculino joven con un cuchillo clavado en el pecho. Está desnudo en la cama en una habitación. Creo que está muerto”, le dijo.

En el vértigo de esa confusión un vecino informó a los policías que el mismo chico que ahora estaba esposado un rato antes había enfilado con su auto hacia una casa situada a unos metros y destrozado el portón de madera pasándole por arriba. Se acercaron a la vivienda de frente blanco, en el 256, desde donde provenían los quejidos. Adentro vieron a dos personas tendidas en el suelo que parecían sin vida y un poco más allá, en el fondo del patio, a un Ford K negro con las puertas abiertas y las luces encendidas.

Pidieron más ambulancias. Llegaron más patrullas y la calle se llenaba de gente. Heros Kontides, de 43 años, dijo a los uniformados que el hombre que yacía en el piso era su padre, Sabas Kontides, de 85 años. Y la mujer su hermana, Viviana, de 41.

A las 2.43 estacionó otra ambulancia del Sies. Un médico de apellido Meretti entró a la casa del número 272 y constató que el chico que tenía clavado un cuchillo en el esternón estaba muerto. Luego corroboró que en la mujer con el pómulo derecho desgarrado había signos de vida. El médico le entregó a la policía un reloj pulsera Swatch Swiss plateado que le extrajo de la muñeca izquierda y ordenó su traslado al Heca.

En una cartera de cuerina bordó que estaba en la vereda había, entre papeles varios, un carné de conducir a nombre de Viviana María Bearzotti. Era la mujer de 51 años que acababan de llevar al hospital. En el lugar quedaban sus dos hijos. El chico muerto en el dormitorio era Nicolás Repetto, de 22. El que estaba esposado, Estanislao Lalo Repetto, de 20.

A las 3.25 una médica del Sies, de apellido Diez, examinó al chico de las esposas. Por su estado de alteración recomendó que lo llevaran a un centro médico y no a un lugar de detención. Poco después supieron que era él quien había derribado el portón de la casa de los Kontides a bordo del Ford K,  atacado en la cabeza al dueño de casa con una pieza de hierro de un juego de jardín provocándole la muerte y dejado gravemente a su hija Viviana con el mismo elemento.

El hilo de los hechos. Anoche los investigadores de la Sección Homicidios y el juez Osvaldo Barbero seguían tratando de ordenar la cronología de la secuencia. A 24 horas de los hechos ocurridos a partir de las 2 del jueves se determinó que una hora antes Lalo estuvo internado en forma voluntaria en el instituto Philippe Pinel de Oroño y Zeballos. De allí escapó  a la 1.15 de la mañana, descalzo y en pijama, tras destrozar el vidrio de la puerta de acceso y escabullirse hasta de su propia madre, que lo acompañaba.

La madre lo vio irse por Oroño e ingresó al instituto a buscar la ropa del chico. Habló por teléfono con su hijo Nicolás y le advirtió de lo ocurrido. Este la llamaría 45 minutos después para decirle que su hermano acababa de entrar a su casa y que estaba tomando una ducha.

¿Qué ruta siguió Lalo para unir ese trecho de más de 40 cuadras? Policía y juez no dudan de que llegó a pie, corriendo y caminando. Cuando lo examinaron después del drama tenía los pies despelechados y enrojecidos de llagas.

Cuando Lalo atacó a Nicolás al salir de bañarse la madre de ambos no estaba en la casa. Llegó cuando los crímenes se habían consumado y Lalo la sorprendió volviendo de la sangrienta excursión por lo de sus vecinos. ¿Por qué los Kontides fueron también blanco del brote del chico? Tal vez el insomnio crónico de Don Sabas haya definido su suerte: el anciano fue el primero en aparecer en la calle al escuchar el escándalo desatado en
la cuadra. Presumen que Lalo lo vio al salir.

¿Por qué Lalo estuvo en el instituto de Oroño 1495? Desde allí señalan en las actuaciones policiales que habían acordado con la madre su internación por una cuestión de adicción o consumo de drogas. De esto todavía no hay constancia adicional. De parte de la familia lo único que reconocen es que Lalo padecía un cuadro de depresión, no de adicciones, que para quienes conocían la vida cotidiana del chico era elocuente.

El hecho de que los tres hubieran sido hallados desnudos levantó murmuraciones. Hasta ahora lo que se determinó es que Lalo salía de bañarse. Nicolás estaba durmiendo poco antes. Y a la madre de ambos fue Lalo, durante su arranque psicótico, quien había ido arrancando la ropa.

Las consecuencias. Viviana Bearzotti seguía ayer en el sanatorio Parque tras una operación de reconstitución facial. Permanece obnubilada, ajena a lo ocurrido. No está en condiciones de declarar. En un momento de la tarde del viernes se preocupó ante quienes la asistían por dónde había quedado su cartera y las llaves de su casa. En Tribunales creen que desconoce que uno de sus hijos está internado y el otro muerto.╠

Lalo Repetto, apreciado por sus compañeros de fútbol de salón en Rowing como un delantero incisivo y un chico amigable, ahora está desde el viernes a la tarde con custodia policial de civil en el Hospital Neuropsiquiátrico Agudo Avila. Es parte de una familia hecha escombros. El juez Osvaldo Barbero cree que deberán darle el trato procesal de un inimputable.

En la segunda parte de “El Padrino”, Michael Corleone descubre la traición de su hermano Fredo y se propone una empresa tremenda: ejecutar su asesinato. “Si algo nos enseña esta vida —les dice a dos cómplices  íntimos para darse ánimo— es que se puede matar a cualquiera”. La tercera parte muestra la horrenda e indeleble consecuencia de su afirmación: el hombre que edificó una autoridad y una fortuna insuperables en base a ese acto temerario está destruido y es incapaz de ser feliz.

Imposible parangonar un caso a otro —uno de ficción, otro real— que no comparten nada más que el rasgo del crimen entre hermanos. Pero por esta única razón común es posible que Lalo no sea menos infortunado que las personas a las que atacó, guiado por un impulso que acaso no se descifre nunca.

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