A las 2.30 una voz atormentada había implorado ayuda al 911 desde una casa de
Marull al 200. Por la consola del Comando Radioeléctrico requerían rapidez a los móviles que
barrían la zona más cercana. Transcurrieron un par de minutos cuando los paraísos de la cuadra
brillaron bajo los faroles de las patrulleros 2218 y 3814, los primeros en llegar. Había algunas
personas asomadas a la calle. En el centro del alboroto un chico sin ropas y cubierto de sangre
estaba sentado a caballo sobre una mujer, también desnuda, a la que en medio de la vereda sujetaba
por el cuello con las manos y le mordía la cara.
A los policías que bajaron corriendo les costó mucha energía desprender al joven
de la mujer. Entre tres lo tomaron por debajo de los hombros y lo izaron con ímpetu hasta conseguir
dominarlo. El muchacho delgado, lánguido y salpicado de gotas de sangre vociferaba ser Dios y estar
salvando a la mujer del demonio. Todavía temblaba cuando delante del portón negro enrejado del 272
le colocaron las esposas y lo cubrieron con una manta.
El descubrimiento. Los policías pidieron una ambulancia y entraron en la casa que
parecía devastada por un tornado. El agente Matías P. salió y se dirigió a su jefe en argot de la
fuerza. “Hay un masculino joven con un cuchillo clavado en el pecho. Está desnudo en la cama
en una habitación. Creo que está muerto”, le dijo.
En el vértigo de esa confusión un vecino informó a los policías que el mismo
chico que ahora estaba esposado un rato antes había enfilado con su auto hacia una casa situada a
unos metros y destrozado el portón de madera pasándole por arriba. Se acercaron a la vivienda de
frente blanco, en el 256, desde donde provenían los quejidos. Adentro vieron a dos personas
tendidas en el suelo que parecían sin vida y un poco más allá, en el fondo del patio, a un Ford K
negro con las puertas abiertas y las luces encendidas.
Pidieron más ambulancias. Llegaron más patrullas y la calle se llenaba de gente.
Heros Kontides, de 43 años, dijo a los uniformados que el hombre que yacía en el piso era su padre,
Sabas Kontides, de 85 años. Y la mujer su hermana, Viviana, de 41.
A las 2.43 estacionó otra ambulancia del Sies. Un médico de apellido Meretti
entró a la casa del número 272 y constató que el chico que tenía clavado un cuchillo en el esternón
estaba muerto. Luego corroboró que en la mujer con el pómulo derecho desgarrado había signos de
vida. El médico le entregó a la policía un reloj pulsera Swatch Swiss plateado que le extrajo de la
muñeca izquierda y ordenó su traslado al Heca.
En una cartera de cuerina bordó que estaba en la vereda había, entre papeles
varios, un carné de conducir a nombre de Viviana María Bearzotti. Era la mujer de 51 años que
acababan de llevar al hospital. En el lugar quedaban sus dos hijos. El chico muerto en el
dormitorio era Nicolás Repetto, de 22. El que estaba esposado, Estanislao Lalo Repetto, de 20.
A las 3.25 una médica del Sies, de apellido Diez, examinó al chico de las
esposas. Por su estado de alteración recomendó que lo llevaran a un centro médico y no a un lugar
de detención. Poco después supieron que era él quien había derribado el portón de la casa de los
Kontides a bordo del Ford K, atacado en la cabeza al dueño de casa con una pieza de hierro de
un juego de jardín provocándole la muerte y dejado gravemente a su hija Viviana con el mismo
elemento.
El hilo de los hechos. Anoche los investigadores de la Sección Homicidios y el
juez Osvaldo Barbero seguían tratando de ordenar la cronología de la secuencia. A 24 horas de los
hechos ocurridos a partir de las 2 del jueves se determinó que una hora antes Lalo estuvo internado
en forma voluntaria en el instituto Philippe Pinel de Oroño y Zeballos. De allí escapó a la
1.15 de la mañana, descalzo y en pijama, tras destrozar el vidrio de la puerta de acceso y
escabullirse hasta de su propia madre, que lo acompañaba.
La madre lo vio irse por Oroño e ingresó al instituto a buscar la ropa del
chico. Habló por teléfono con su hijo Nicolás y le advirtió de lo ocurrido. Este la llamaría 45
minutos después para decirle que su hermano acababa de entrar a su casa y que estaba tomando una
ducha.
¿Qué ruta siguió Lalo para unir ese trecho de más de 40 cuadras? Policía y juez
no dudan de que llegó a pie, corriendo y caminando. Cuando lo examinaron después del drama tenía
los pies despelechados y enrojecidos de llagas.
Cuando Lalo atacó a Nicolás al salir de bañarse la madre de ambos no estaba en
la casa. Llegó cuando los crímenes se habían consumado y Lalo la sorprendió volviendo de la
sangrienta excursión por lo de sus vecinos. ¿Por qué los Kontides fueron también blanco del brote
del chico? Tal vez el insomnio crónico de Don Sabas haya definido su suerte: el anciano fue el
primero en aparecer en la calle al escuchar el escándalo desatado en
la cuadra. Presumen que Lalo lo vio al salir.
¿Por qué Lalo estuvo en el instituto de Oroño 1495? Desde allí señalan en las
actuaciones policiales que habían acordado con la madre su internación por una cuestión de adicción
o consumo de drogas. De esto todavía no hay constancia adicional. De parte de la familia lo único
que reconocen es que Lalo padecía un cuadro de depresión, no de adicciones, que para quienes
conocían la vida cotidiana del chico era elocuente.
El hecho de que los tres hubieran sido hallados desnudos levantó murmuraciones.
Hasta ahora lo que se determinó es que Lalo salía de bañarse. Nicolás estaba durmiendo poco antes.
Y a la madre de ambos fue Lalo, durante su arranque psicótico, quien había ido arrancando la
ropa.
Las consecuencias. Viviana Bearzotti seguía ayer en el sanatorio Parque tras una
operación de reconstitución facial. Permanece obnubilada, ajena a lo ocurrido. No está en
condiciones de declarar. En un momento de la tarde del viernes se preocupó ante quienes la asistían
por dónde había quedado su cartera y las llaves de su casa. En Tribunales creen que desconoce que
uno de sus hijos está internado y el otro muerto.╠
Lalo Repetto, apreciado por sus compañeros de fútbol de salón en Rowing como un
delantero incisivo y un chico amigable, ahora está desde el viernes a la tarde con custodia
policial de civil en el Hospital Neuropsiquiátrico Agudo Avila. Es parte de una familia hecha
escombros. El juez Osvaldo Barbero cree que deberán darle el trato procesal de un inimputable.
En la segunda parte de “El Padrino”, Michael Corleone descubre la
traición de su hermano Fredo y se propone una empresa tremenda: ejecutar su asesinato. “Si
algo nos enseña esta vida —les dice a dos cómplices íntimos para darse ánimo— es
que se puede matar a cualquiera”. La tercera parte muestra la horrenda e indeleble
consecuencia de su afirmación: el hombre que edificó una autoridad y una fortuna insuperables en
base a ese acto temerario está destruido y es incapaz de ser feliz.
Imposible parangonar un caso a otro —uno de ficción, otro real— que
no comparten nada más que el rasgo del crimen entre hermanos. Pero por esta única razón común es
posible que Lalo no sea menos infortunado que las personas a las que atacó, guiado por un impulso
que acaso no se descifre nunca.