Los relatos de los testigos y su propia confesión fueron los elementos de prueba
valorados para condenar a un albañil a permanecer 24 años en prisión. El suceso del que está
acusado es gravísimo: en octubre del 2007 violó a una nena de 7 años y la arrojó al río Paraná
desde la altura del parque Sunchales. Ensangrentada, la nena fue rescatada por unos pescadores,
aferrada a las ramas de la barranca del río.
La magistrada valoró la condición de reincidente del agresor y unificó una
condena anterior de 7 años que había dictado un colega. La jueza de Sentencia Nº7 Carina Lurati
condenó a Ramón Darío Silva por abuso sexual con acceso carnal agravado por el daño en la salud
física y mental provocado a la criatura. A eso se le añadió otra grave imputación: la de intento de
homicidio calificado, por haber sido realizado para ocultar el otro delito y procurar su
impunidad.
El rapto. El obrero de 27 años confesó haber retenido a la nena en un local de
videojuegos. Asumió que la trasladó en bicicleta y que luego abusó sexualmente de ella, aunque dijo
que no recordaba haber intentado matarla porque estaba "borracho y drogado". El violento episodio
se inició pasadas las 16 del 26 de octubre del 2007. Esa tarde, una nena de 7 años que vive en
Villa Banana salió de la escuela y con su mamá regresó hasta su casa. En el trayecto la mujer fue
hasta la vivienda de una vecina situada a unos 30 metros por lo que la criatura volvió sola a su
propiedad.
Un rato después, la mujer regresó a la casa, pero la hija no estaba. Entonces
fue hasta una sala de videojuegos ubicada en Gálvez al 4200 y allí le dijeron que se había ido con
un hombre "con cabello enrulado" y que llevaba puesta una gorra. También le comentaron que se
habían marchado en una bicicleta "de reparto".
El relato de la criatura fue estremecedor. La chica le contó a su mamá que Silva
le había entregado dinero para que se comprara jugo y jugara al metegol. "El tipo me tapó la boca y
me sacó del video de los pelos", dijo. Luego la llevó a la zona ribereña y en el trayecto la
amenazó de muerte para que no hablara. Una vez en la costa, Silva la golpeó hasta desvanecerla y la
violó. Después, la arrojó por la barranca del río, pero de milagro salvó su vida debido a que quedó
colgada de una rama.
La agresión. La versión de la criatura fue avalada por la dueña del negocio. La
mujer conocía a Silva ya que era un cliente habitual y reveló que este hombre había estado después
de las 16 tomando una cerveza y jugando al pool con la nena, a quien le dio 2 pesos para que se
comprara un juguito Baggio.
Más tarde, la nena apareció golpeada y ensangrentada en la zona del parque
Sunchales. Desde allí fue trasladada al Hospital del Centenario, donde se constató que había sido
abusada sexualmente. Esa noche, mientras dormía, Silva fue detenido en su casa de Rueda al 4100
donde secuestraron ropas y una bicicleta.
Ante la psicóloga del Centro de Atención a la Víctima de Delitos Sexuales, la
nena contó que el hombre la obligó a subir al canasto delantero de la bicicleta, que la amenazó de
muerte para que no hablara y que en el trayecto le tapó la boca. Luego la obligó a entrar a una
casilla de la barranca, en Francia y el río. Allí la golpeó y sometió sexualmente. La chica alcanzó
a correr pero el hombre la retuvo, la arrojó desde la barranca al río y escapó en bicicleta.
Testigos. La secuencia fue observada por unos chicos que les dieron aviso a dos
pescadores. Estos hombres habían visto cuando Silva forzó a la nena a entrar a la casilla pero
pensaron que se trataba de la hija. Luego la vieron salir "desesperada para arriba". Y también
observaron cuando el abusador se ponía una remera oscura sobre otra blanca. Ellos rescataron a la
criatura, que estaba "toda ensangrentada" entre unas piedras, a unos dos metros del río. "El tipo
la tiró a la barranca para que cayera sobre las piedras, pero la nena alcanzó a agarrarse de unas
ramas y cayó al pasto. Si hubiera caído sobre las rocas se mataba", declaró uno de los pescadores
que la socorrió.
Leandro T. observó la escena previa antes de que la nena fuera arrojada al río.
El testigo distinguió que Silva la invitaba a entrar a la casilla y que la chica se negó a
ingresar. Luego divisó que la nena salió corriendo y que el agresor se ponía una remera arriba de
la otra.
Silva fue condenado a 17 años de prisión, pero, en su fallo, la magistrada
unificó un sentencia anterior del juez Julio Kesuani por el que lo habían sentenciado a siete años.
La sanción penal no podrá reparar el daño psicológico que le provocó el ataque sexual a la nena.
Según el informe psicológico, la violación le ocasionará "consecuencias subjetivas en todas las
áreas de su vida, desde la sexual hasta la de relación cotidiana con el otro".