Policiales

Batalla legal por la herencia millonaria de un productor rural que no dejó hijos

Legó todo a un vecino en una escritura pública. Apareció otro sucesor con un escribano implicado en delitos. Para la familia uno y otro son impostores.

Martes 23 de Julio de 2019

La disputa por el multimillonario legado de Bartolo Martín Zarich, un productor agropecuario que murió sin descendencia en la zona de Casilda hace seis años, es la típica historia de comarca que contiene la sal de los dramas y las farsas universales. Una trama en la que ambición, amistad, trampa, interés y sentimiento se entreveran en pinceladas tan torrenciales como oscuras a medida que se hacen oir las voces de la historia. Lo que asoma es una pulseada judicial que se libra hace meses porque dos personas se dicen los herederos legítimos del anciano viudo que no dejó hijos pero sí un patrimonio suculento que supera largamente el millón de dólares, es decir, más de 42 millones de pesos. Pero debajo de la batalla que se dirime en Tribunales hay más cosas.

Bartolo era un hombre que vivió con aspecto humilde en medio de gran prosperidad económica. Ese desahogo le venía de unas 160 hectáreas de campo en la localidad de Los Molinos, a quince kilómetros de Casilda, que trabajó él mismo durante sus años mozos y que al entrar la vejez había cedido a un arrendatario. En el último tramo de su vida estuvo al cuidado de una familia de apellido Zuchetti con quien había mantenido una amistad.

El último paso

Al declinar su salud los Zuchetti estuvieron muy cerca suyo. Recibieron al cabo de la última etapa algunos bienes donados por Bartolo. Quien decidió en vida dejar la totalidad de su patrimonio como único heredero a Pedro Zuchetti, el jefe de la familia, mediante un testamento formalizado con una escritura pública ante un escribano de Arequito, en presencia de tres testigos.

El 31 de agosto de 2013 fue el último día de vida de Bartolo. Poco tiempo después una abogada de los Zuchetti se llegó a un juzgado civil de Casilda para iniciar un juicio sucesorio con el testamento inscripto. Cuando esta letrada fue a buscar el expediente inicial se llevó una sorpresa. Tres horas después de que acudiera a iniciar el trámite se había presentado en el mismo juzgado otro testamento, por lo que el empleado de mesa de entrada le dijo: "Hay otro heredero". La mujer lo miró perpleja. "Al ratito que vos te fuiste vino alguien y empezó otro trámite sucesorio", le comentó.

El que comparecía como sucesor de la fortuna de Bartolo no era conocido en la zona. Un tal Juan Carlos Gómez, domiciliado en el centro de Rosario, que había presentado un testamento en sobre cerrado, donde el viejo colono hacía constar con su firma, clavada frente a cinco testigos con nombre y documento, que le dejaba todo.

Todo era muy extraño. ¿Cómo sabía Gómez que era el beneficiario de un legado millonario cuando el sobre estaba cerrado? Como el testimonio no cumplía las formalidades de ley hubo una denuncia penal. Ahí saltó todo lo de apariencia irregular. Los testigos no eran de Casilda ni conocían a Zarich ni a Gómez. Tres pericias caligráficas además dictaminaron que la firma de Bartolo era falsa.

El notario

El escribano que intervino para certificar el testamento en favor de Gómez es Eduardo Martín Torres. Está camino a juicio por los casos de la llamada megacausa de fraude inmobiliario en Rosario por estafa y lavado. En 2016 los fiscales pidieron contra él 14 años de prisión, una multa de 54.777.000 pesos y diez años de inhabilitación especial para ejercer.

La sucesión es un juicio universal y no puede haber dos. Estas situaciones opacas por la herencia de Bartolo generaron la apertura de una causa penal. Los fiscales de Casilda Juan Pablo Baños y de Rosario Valeria Haurigot acusaron a Gómez, al escribano Torres y a los cinco testigos por estafa procesal, es decir, intentar confundir al juez plantando un testamento falso para inducirlo a fallar en su favor. Gómez en esa audiencia sostuvo que había tenido con Bartolo una relación sentimental oculta durante veinte años y que por esa razón éste le dejaba sus bienes. Eso motivó el estallido en plena audiencia del abogado querellante, Daniel Cuenca, que señalaba ese argumento como otro de los actos arteros del grupo de Gómez, en este caso inventando un falso romance con el difunto para justificar una maniobra vil. Incluso Cuenca mencionó otras cosas, como que Gómez publicó un aviso fúnebre a la muerte de Bartolo "despidiendo al amigo de toda su vida".

El caso judicial siguió con una audiencia la semana previa a la feria judicial, en la que la camarista Carina Lurati confirmó las imputaciones contra Gómez, el escribano Torres y los cinco testigos. El caso quedó en el umbral del juicio para todos. La creencia que tienen desde el lado de Zuchetti es que la gente de Gómez maniobró con el falso testamento para generar un acuerdo y por lo menos quedarse con una porción del legado. Desde el lado de Zuchetti están dispuestos a hacer pagar caro eso que consideran, hasta ahora con aval judicial, una trapisonda que merece sanción penal.

Pero las tramas judiciales no suelen ser toda la trama. Y esta no termina con el pleito entre dos partes. Por fuera de tribunales también existe la historia.

La historia lateral

"Bartolo era un croata auténtico. Tenía las manos y las orejas grandes. Hablaba poco pero con mucha decisión. Era antiguo en sus modales y muy conservador. A la muerte de su esposa se convirtió en un hombre muy solitario. Cuidó a su hermano Mateo, que estaba ciego, y se instaló en el campo. Era muy católico y con un lazo estrecho con el cura de Los Molinos. Lo recuerdo siempre comiendo a mi izquierda, al lado de mi mamá y mi papá, que era su sobrino preferido, por eso venía siempre a casa. Mi papá murió un año antes que Bartolo. Su vínculo afectivo más fuerte era con él”.

Quien dice esto es Carina Zarich, sobrina nieta del causante de todo este litigio, ex directora de la carrera de Publicidad de la Universidad Abierta Interamericana (UAI), que trabaja para una empresa de auditoría externa de YPF en Buenos Aires. Ella aporta un costado de la historia de la que en Tribunales no hay la menor constancia.

En la iglesia

Carina afirma que con la muerte de su padre no quedó para Bartolo un vínculo afectivo fuerte en la familia. Y que en ese vacío aparecen los Zuchetti. “No puedo decir si se conocían de antes. Lo que es seguro es que los Zuchetti nunca fueron sus amigos hasta entonces. Se acercaron a él en 2012 en la iglesia a la que Bartolo asistía con puntualidad. Se hicieron cargo de él un año antes de su muerte. Corrieron al arrendatario del campo y tomaron a cargo las tareas con Bartolo en vida. Me acuerdo que Pedro Zuchetti asumió dos juicios laborales por haber despedido a dos personas que trabajaban con Bartolo”. sostiene.

En el pueblo

Zarich asegura haber hablado con mucha gente en Los Molinos. “El discurso en el pueblo era que los Zuchetti habían hecho una maniobra para quedarse con los bienes de Bartolo. Es algo que pasa muchas veces en lugares pequeños con gente sola. Lo que recogí de primera mano es que Bartolo estaba en pésimas condiciones de higiene y de salud. Que pasaba frío, que estaba desnutrido y que tenía un cierto estado de demencia. En esas condiciones hoy difíciles de verificar él firmó la escritura cediendo a los Zuchetti todo su patrimonio”.

Carina dice saber que el tiempo modifica las verdades y ficciones de cada momento. Y que hoy se recogen en el pueblo las voces de personas diciendo que los Zuchetti merecen el legado de Bartolo por haberlo protegido en sus últimos días. “Puedo adivinar que se dirá que los Zarich no lo cuidaron y aparecen ahora. Como ya dije el lazo fuerte de Bartolo era con mi padre. ¿Quién sería el heredero más justo? Se puede discutir largo rato. Pero si alguien se apoderó de los bienes con maniobras, ¿sería un heredero justo?”.

Al morir Bartolo tenía nueve cosechas por liquidar en el silo de Agricultores Federados del pueblo. Poseía 160 hectáreas de campo, una casa que ya fue demolida, terrenos, maquinarias, certificados de plazo fijo, y una serie de cosas flotando en la memoria de los Zarich. “Llenaba cajas de zapatos con dólares y las guardaba en su casa. Las vimos. Es un recuerdo tan fuerte como cuando pasaba a tomar mate con mi papá”, dice Carina.

La idea de los familiares es que hay un heredero construido con solidez legal en base a conocimiento jurídico y mucha astucia. “Le dije a mi madre en una visita a la tumba de mi padre que es muy duro para nosotros saber que los Zuchetti se quedarán hasta con el panteón donde tenemos nuestros muertos”. Esta mujer encuentra que esta historia demuestra como alguien puede quedarse con lo que no le corresponde con claridad mental y una dudosa maniobra “pero legal al fin de cuentas”. La disputa tendrá nuevos capítulos.

Dos testamentos en la constancia

Los registros legales del caso no indican que Juan Carlos Gómez sea heredero. El Colegio de Escribanos de Santa Fe con sede en Rosario informó el 11 de septiembre de 2013 que el Registro de Actos de Ultima Voluntad de esa entidad y el Registro de Inscripciones de Testamentos del Consejo Federal de Notariado Argentino constan inscriptos dos estamentos otorgados por Zarich. Uno es por escritura del 1 de julio de 1992 ante el escribano Jorge Mestman de Casilda y el segundo con escritura de 4 de marzo de 2013 ante el escribano Héctor Damiani de Arequito, que se celebró meses antes de la muerte de Zarich, en favor de Pedro Zucchetti.

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