Ataque mafioso

Ataques con armas e incertidumbre, el denominador común

Lunes 06 de Agosto de 2018

• Uno. Diego Germán Romero estuvo citado como testigo por la fiscalía en el juicio a Los Monos en diciembre pasado. No se presentó. El tribunal ordenó su comparecencia con la policía. Es sabido que ser testigo es una carga pública obligatoria. Lo llevaron al Centro de Justicia Penal en los primeros días de febrero. Uno de los empleados que lo tuvo enfrente lo recuerda perfecto. Tez clara, cara cuadradita, delgado, un metro setenta y cinco más o menos. Pero lo que más recuerda es que le dijo en la cara que tenía miedo. Retiene exactamente las palabras y una expresión más elocuente que las palabras. "Me estoy cuestionando todo en este momento", dice el empleado. "Recuerdo su mirada. Y el cagazo que tenía. Una persona que me dice "por venir a declarar me van a matar». Y la matan".

• Dos. El principal problema de este momento histórico es la ambigüedad. Todo son apariencias no probadas. Diego Germán Romero identificó en junio de 2013 a varios miembros de Los Monos como quienes controlaban el negocio de la droga en su zona, por Felipe Moré y Uruguay. Mencionó por sus nombres a los integrantes de la banda, dijo qué roles cumplían e identificó a uno de sus sicarios. Dio detalles de seis homicidios hasta ese momento sin autor individualizado ni circunstancias causantes. Su testimonio ocupó cinco páginas enteras a partir de la foja 2292 del expediente. Todo ello fue desvirtuado por él mismo en el juicio, el momento en que tenía frente a frente a los imputados, después de haber explicado antes de entrar a la audiencia que estaba aterrado. También es cierto que tenía algunos frentes abiertos propios de una vida en conflicto con la ley. Su familia dice que Los Monos con su asesinato no tienen nada que ver. Junto con los cinco disparos que le quitaron la vida queda la ambigüedad.

• Tres. La cantidad de ataques sin aclarar forman una atmósfera donde se hacen asociaciones que no tienen sustento arbitrario pero son inciertas. La reiteración de hechos graves, ataques a balazos contra viviendas relacionadas con jueces y hasta un ataque al Centro de Justicia Penal, hace ver un problema de política criminal. Un grupo de motociclistas con casco y provistos de armas de guerra en dos meses reiteran ataques las veces que se lo proponen. Que no sean una banda sofisticada habla de un deterioro institucional. Que el sistema no sea capaz de detectar a los autores en la vía pública cuando huyen, con una ciudad dividida en cuadrantes y con patrullaje reforzado, instala preguntas elementales sobre la eficacia del plan.

• Cuatro. El impacto de estos incidentes sigue siendo sobre lo que viene. Todo el Ministerio Público de la Acusación, el Ministerio de Seguridad, el Organismo de Investigación y la policía están actuando sobre los hechos, sin una estrategia. Las situaciones de custodia se vuelven cada vez más dramáticas con estos episodios. Fuentes cercanas a la Unidad de Protección de Testigos señalan que a la vez que los eventos a balazos se repiten ya no queda más personal para garantizar resguardos.

• Cinco. Estos incidentes además no cesan ni se aclaran. Todos tienen relación con magistrados o policías que intervinieron en la Causa Monos. Y se reiteran cuando dentro de ocho días se inician dos semanas de audiencias para la apelación de las condenas de los principales líderes de Los Monos. En septiembre 39 acusados liderados por Ariel "Guille" Cantero y Jorge Emanuel Chamorro serán juzgados en la causa Los Patrones por narcotráfico en la Justicia Federal.

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