Poco después de las 5.30 de ayer, cuando todavía no había amanecido, tres
hombres desesperados llevaron en un BMW gris a Roberto Pimpi Camino hasta el hospital Carrasco y
literalmente lo abandonaron en la guardia. El ex jefe de la barra brava de Newell’s, de 37
años, había sido ejecutado de cinco balazos en un ataque de claro sentido mafioso: dos tiros en las
piernas lo hicieron caer de rodillas y otros tres proyectiles de arriba hacia abajo lo mataron. Fue
en la puerta de un bar de poca monta que Camino frecuentaba esporádicamente y al que había llegado
regalado junto con algunos laderos y después de recibir una convocatoria enigmática para una
reunión. Los médicos nada pudieron hacer por su vida y la noticia empezó a correr como reguero de
pólvora por las redacciones de todo el país. A lo largo del día se escucharon las más diversas
hipótesis acerca del móvil del homicidio, todo según quien las pronunciaba, aunque con el paso de
las horas algunas se desvanecieron y otras cobraron fuerza hasta robustecer la teoría que apuesta a
la relación de Camino con el tráfico de drogas y la presunta complicidad de la policía en el
negocio.
Todo se desencadenó cinco minutos antes de las 5 de la mañana en el bar Ezeiza,
en Servando Bayo 1484, casi esquina Zeballos, un lugar poco transitado y bastante oscuro durante la
noche. El local es propiedad de un hombre al que apodan El Toro y que es un policía retirado. Allí
llegó Pimpi poco después de la medianoche convocado por un llamado telefónico de El Angelito Negro,
un uniformado en actividad y buenas relaciones con la cúpula de la fuerza. Camino no fue solo. Lo
acompañaron como mínimo dos hombres: El bocón y Tito, además de una o dos mujeres. Ellos serían
quienes después lo llevaron hasta el hospital. En derredor de ellos, unos veinte parroquianos
quemaron la madrugada tomando porrones y jugando al pool.
En la calle.A pesar de que Ezeiza cerraba habitualmente a las 9 de la mañana,
ayer empezaron a bajar las persianas alrededor de las 5 y Camino fue invitado a salir. Entonces
apareció un joven delgado y alto con una gorrita que le disimulaba el rostro. Lo llamó por su
nombre y lo ejecutó de cinco disparos. Después huyó por las oscuras calles del barrio Azcuénaga
que, de acuerdo a algunas fuentes, "estaba liberado". La autopsia determinaría que le dispararon
con balas calibre 9 milímetros recargadas, algo que impediría cotejarlas con el arma que las
expulsó. El primer proyectil ingresó por el muslo y salió por el glúteo izquierdo, el segundo le
atravesó el muslo derecho y le causó la fractura del fémur. Ya en el piso, fue alcanzado por una
bala en el abdomen, otra en el flanco derecho y una última en el hombro derecho, que le traspasó el
tórax y le perforó el corazón.
Los agresores escaparon en una moto mientras el ex líder de la barra leprosa se
desangraba en el piso y los clientes del bar se esfumaban espantados. A Pimpi lo subieron a su BMW
patente 076 y a toda velocidad recorrieron las siete cuadras que los separaban del hospital
Carrasco. Entraron a los empujones pidiendo que lo atendieran en la guardia. Los médicos intentaron
reanimarlo, pero ya estaba muerto. Cuando se enteraron del deceso, los hombres que lo auxiliaron se
esfumaron.
Irma Vargas, la jefa de guardia del hospital, indicó que quienes llevaron a
Camino "agredieron al personal (dos custodios privados), tal vez por desesperación". Horas después,
cuando los familiares de Pimpi fueron llegando al lugar hubo escenas de violencia verbal y física
entre algunos de ellos, como la que protagonizaron Rosa y Cristina, hermana y pareja del ex
barrabrava. Tampoco faltaron amenazas contra algunos periodistas.
Inspección.A media mañana la policía allanó el bar por disposición del juez de
Instrucción Javier Beltramone en búsqueda de pruebas. El operativo, encabezado por el titular de la
Unidad Regional II, Marcelo Casajuz, y el subjefe, Daniel Giménez, arrojó resultados llamativos.
Todo estaba muy limpio, "como si hubiesen baldeado", aseguró un vocero. En el interior del local
los agentes encontraron una vaina servida calibre 9 milímetros y un plomo calibre 38, mientras que
en la vereda se hallaron dos vainas calibre 9 milímetros.
La policía se llevó demorado a Raúl B., un ex policía de 57 años que revistó en
la fuerza en la década del 70 y al que apodan El toro. La misma suerte corrió un socio del
comerciante. "Tras prestar declaración recuperaron la libertad", explicó un vocero judicial.
Tras la autopsia hecha en el Instituto Médico Legal, Pimpi empezó a ser velado a
cielo abierto en los pasillos del Fonavi de Alice y Lamadrid, donde vivía y era respetado y odiado
por idéntica cantidad de vecinos. Una multitud se arremolinó junto al féretro que hoy, una hora
antes de que Newell's reciba a Vélez en el Coloso del Parque, será sepultado en el cementerio de El
Salvador, justo enfrente de la cancha. Una medida por demás de desacertada.