Buenos Aires.— Los dos albañiles detenidos por el crimen de la odontóloga
Mariela Frydman, asesinada en noviembre pasado en su departamento del barrio porteño de Nuñez,
fueron procesados con prisión preventiva como "coautores" del homicidio con fines de robo.
Carlos Adán Duarte, de 35 años, y Maximiliano Barrios Mereles, de 25, ambos
paraguayos, fueron procesados por el delito "homicidio calificado", ya que fue cometido para
ocultar otro delito, o sea el robo. Además, la jueza Gabriela Lanz fijó una caución de 300 mil
pesos a cada uno de los acusados, quienes al momento del crimen realizaban refacciones en el
edificio donde residía Frydman.
El teléfono. Una de las pruebas principales contra los acusados fue que el
segundo de ellos, un día después del crimen, activó el chip de la línea de telefonía celular de la
víctima desde su aparato. Para los investigadores, los dos albañiles conocían todos lo movimientos
de la víctima por haber trabajado durante días en el edificio y el día del crimen entraron a robar,
pero Frydman los sorprendió en flagrancia y, como la joven los conocía, los delincuentes la
asesinaron.
Ante esa situación, los asesinos no tuvieron tiempo de robar nada más que el
teléfono celular Motorola V-3 de la odontóloga, que terminó por convertirse en un elemento clave en
la pesquisa. De hecho, dentro del departamento de la víctima la policía halló 17 mil pesos
guardados, que se creen eran el objetivo inicial de los delincuentes.
Sin embargo, el hallazgo de ese dinero llevó en los primeros momentos de la
investigación a desconfiar del robo como móvil del crimen y por eso avanzó la pesquisa en torno a
Muñoz, hasta que esta joven fue excarcelada por falta de pruebas.
El seguro. Luego, en una inspección ocular se descubrió una puerta ventana con
el seguro falseado y que daba a una terraza donde habitualmente trabajaban los albañiles, por lo
que las sospechas apuntaron a ellos, quienes una semana después del crimen, dejaron sorpresivamente
de realizar tareas de refacción en el edificio.
Ante estas pistas, los pesquisas analizaron luego los llamados realizados y
recibidos por los sospechosos, lo que terminó por acreditar que uno de ellos tenía en su poder el
chip del teléfono celular robado a Frydman.
Golpes y cuchillo. El crimen se ejecutó entre las 13:30 y las 21 del 26 de
noviembre pasado en el noveno "A" de Quesada 2248, de Núñez. La víctima, cuyo cuerpo yacía en la
bañera, fue asesinada de siete puñaladas con un cuchillo dentado, pero previamente golpeada en la
cara. Según reveló la autopsia, intentaron asfixiarla.
A dos días fue detenida la hija del portero del edificio, María José Muñoz, en
base a que tenía un corte en una mano, era fanática de los teléfonos celulares (el de la víctima
fue robado), tenía una causa por hurto por escalamiento y es homosexual, lo que hizo que la policía
presumiera un crimen pasional.
Sin embargo, Muñoz fue liberada por falta de mérito, en tanto que efectivos de
Homicidios de la Policía Federal detuvieron a fines de abril a Adán Duarte en Paraguay y a Barrios
Mereles en Mataderos. El primero de ellos, según la policía, confesó haber participado del crimen.
Pero tanto él como el otro sospechoso se negaron a declarar ante la jueza Lanz.
Hacían trabajos en el edificio donde vivía la víctima. Uno tenía un celular que
era de la dentista