San Lorenzo

"Acá todo cambió, hasta los vecinos se corren a machetazos por lo que sea"

Cercados por tiroteos entre bandas narco, por robos de todo tipo y sin respuestas de la policía, la violencia corroe al barrio Norte de San Lorenzo.

Viernes 21 de Agosto de 2020

“¿Y usted qué hubiera hecho si ve que un ladrón se mete en la casa de una vecina que tiene cuatro pibitos chiquitos? Porque para el que no estuvo es fácil juzgar”. La pregunta de un vecino de Islas Malvinas al 4300 de San Lorenzo retumba como un cachetazo. De esa cuadra se llevaron el miércoles alrededor de las 14 a Cristian Nahuel Alvarez, un joven de 21 años a quien le atribuían el robo de una mochila. Un grupo de vecinos se percató de que el presunto ladrón había ganado los fondos de la casa de Melisa, madre de cuatro niños de entre 1 y 9 años, le pidieron entrar a ver y cuando lo localizaron lo golpearon duramente.

   “La víctima del robo decía que en la mochila tenía menos de 100 pesos”, relató una vecina. Alvarez luego fue entregado a policías que lo condujeron a la seccional 7ª de San Lorenzo. Tres horas más tarde, cerca de las 17, el muchacho se descompensó en la comisaría y murió.

   En principio cinco personas fueron detenidas sospechadas de haber participado de la golpiza: tres serán imputadas hoy al mediodía y dos adolescentes quedaron a disposición de la Justicia de Menores.

Todo descompuesto

Otra historia de pobreza, hartazgo vecinal y desamparo colectivo ocurrió en el sanlorencino barrio Norte, a 50 metros del cruce de la calle Islas Malvinas y el arroyo San Lorenzo, límite natural de esta ciudad con Puerto General San Martín. Una vecina relata a este diario una cruda versión de la vida cotidiana.

   “Para los que no viven en el barrio —comienza— es difícil de entender, pero los que vivimos acá sabemos que todo está descompuesto. Acá no hay sólo problema de drogas. Acá no hay hampones, hay rastreros. Te roban cualquier cosa, hasta las bombachas de la soga. No sos dueño de nada, tus hijos tienen que estar tras las rejas porque en la calle te los pueden matar de un tiro. En esta zona siempre hubo droga, pero hace seis o siete años esto se pone cada vez peor. Antes los que vendían no se metían con la gente del barrio, la cuidaban. Pero ahora todo cambió. Si hasta los propios vecinos se pelean por cualquier cosa y agarran machetes y pelean con eso, se corren a machetazos. Da mucha indignación porque ayer (en alusión a la mortal golpiza perpetrada el miércoles al supuesto ladrón) había ocho patrulleros y cuando vos llamás a la policía porque te robaron no viene nadie a ayudarte. Así nadie puede vivir”.

   En la esquina de Malvinas y Juan Pablo II hay una placita con juegos. Los vecinos dicen que no pueden mandar a los chicos a jugar a la plaza porque dos por tres se encienden disputas a balazos.

   A mitad de cuadra por Juan Pablo II entre Malvinas y Perú un patrullero, de los viejos Corsita, está de consigna fija. “Esos —señala un vecino el móvil policial— están cuidando a uno del bajo después de una balacera que hubo hace un mes. Pero ellos cuidan eso y nada más. No se mueven de ahí”. Ese móvil está a menos de 70 metros del lugar donde Alvarez fue cazado por una jauría de vecinos de sangre hirviendo.

Siesta y furia

Fue el miércoles a la hora de la siesta, cuando un grupo de operarios de una empresa subcontratada trabajaban sobre el arroyo San Lorenzo del lado de Puerto San Martín a escasos 100 metros del puente peatonal Reconquista. Eran cerca de las 14 cuando un muchacho se acercó a las pertenencias de uno de los trabajadores y luego de golpear a uno de ellos, según coinciden los vecinos, robó una mochila y escapó corriendo.

   El ladrón cruzó el arroyo, casi sin tocar el agua, y así ingresó al barrio Norte de San Lorenzo, donde saltó por encima de un tapial y se refugió en el corazón de la manzana. Esos movimientos fueron vistos por una decena de vecinos indignados a ambos lados del arroyo.

   Saltando tapiales, el ladrón llegó hasta la el fondo de la modesta casa que comparten Melisa, Leandro (un operario contratado por una cerealera) y sus cuatro pequeños hijos. Fue cuestión de tiempo hasta que el gentío advirtió que estaba en esa vivienda, donde la mujer le estaba dando de comer a sus hijos.

   “Cuando vi al muchacho queriendo forcejear la ventana, me encerré. Entonces golpearon las manos. Eran vecinos que estaban buscando a un ladrón. Pasaron y lo agarraron. No sé nada más que eso”, contaba ayer la mujer sobre lo ocurrido en su casa, donde al menos cinco personas golpearon con ferocidad a Alvarez.

   Momentos después de la golpiza, llegó la policía y el sospechoso fue trasladado a la comisaría 7ª de San Lorenzo, en Suiza y General López. Allí estaba siendo fichado sobre el robo que le habían achacado cuando, alrededor de las 17, se descompensó y murió.

¿Qué pasó?

En principio el médico policial que revisó el cuerpo de Alvarez constató lesiones en el rostro. El fiscal Carlos Ortigoza ordenó que se realice la autopsia bajo el protocolo de Minnesota por haberse tratado de una muerte bajo custodia policial. Por esa misma razón dio intervención a la División Judicial de la Unidad Regional XVII para la realización de medidas en la seccional.

   Sin embargo, hasta ayer los cinco detenidos —cuatro de una misma familia— eran vecinos del barrio Norte. Mientras los dos adolescentes quedaron a disposición de la Justicia de Menores, este viernes —la audiencia está prevista para el mediodía— Miguel Angel, Lucas y Luis G. serán imputados por el incidente en el que Alvarez fue agredido. Hasta anoche se desconocía cuál sería el delito a imputar y su correspondiente calificación.

   El resultado de la autopsia que se realizará la semana que viene en el Instituto Médico Legal será determinante para establecer lo ocurrido, ya que hoy nadie puede asegurar cual fue la causa de muerte de Nahuel Alvarez. ¿Fueron los golpes de vecinos enardecidos?¿Algo pasó en la comisaría que derivó en su muerte? ¿Pudo haber otra razón?

   La respuesta podría arrojar luz sobre un expediente que hasta entonces estará sobrevolado por los fantasmas de casos que podrían ser similares como el de David Moreira, linchado por vecinos en barrio Azcuénaga el 22 de marzo de 2014, o Franco Casco, hallado muerto en el río Paraná tras haber estado detenido en la comisaría 7ª de Rosario en octubre de 2014.

“Estamos muy mal”

“Estamos muy mal por lo que pasó. Es como que quedamos en el ojo de la tormenta, bajo la mirada de los vecinos. No estuvo bueno, aunque nosotros no tuvimos nada que ver. Lo que pasó fue que al pibe lo encontraron algunos vecinos en el fondo de mi casa. Uno no le desea la muerte a nadie pero también hay que entender cómo se vive en este barrio”, sostuvo con pesar Leandro, el dueño de la casa donde ocurrió la golpiza.

   El muchacho también desgranó su mirada sobre la vida en el barrio: “La gente está harta de que lo roben. Harta de que se llame a la policía y no vengan. Yo llegue de trabajar y me encontré con ocho patrulleros en la puerta. Pensé en mi familia, en los nenes. Pensé que les había pasado algo, pensé en lo peor. Es es una desgracia, pero así estamos viviendo”.

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