Pandemia

Jóvenes voluntarios construyen máscaras faciales 3D para el Cordón

Las viseras serán donadas a médicos, policías y bomberos de San Lorenzo y Puerto General San Martín.

Viernes 27 de Marzo de 2020

Una red de jóvenes voluntarios lanzó una campaña por redes sociales donde invitan a donar materiales para la fabricación de máscaras faciales que protejan a trabajadores de los efectores de salud del contagio del coronavirus. En una primera fabricarán unas 240 viseras protectoras para instituciones de salud y seguridad de San Lorenzo y Puerto General San Martín, pero la intención es llegar a todo el Cordón Industrial. A la iniciativa se sumó también la escuela agrotécnica Ricardone.

El proyecto consiste el producir máscaras faciales para proteger a los médicos, enfermeros, agentes de seguridad y a todos aquellos que estén más expuestos al posible contagio. Estas máscaras o viseras se producen a través de impresiones 3D, una herramienta que no es muy masiva y requiere además de gran cantidad de insumos como plástico, acetato y elástico, entre otros, lo que explica la importancia de la viralización de esta campaña para la donación de materiales.

Pablo Molina es el director de la Escuela Agrotécnica N° 383 Dr. Julio Maiztegui de la comuna de Ricardone y cuenta a La Capital que la fabricación de estas viseras era una inquietud que tenía desde que comenzó a extenderse la pandemia. “Desde el inicio de la cuarentena vi en las noticias que había una persona que estaba imprimiendo en Córdoba, pensé en las dos impresoras 3D que tenemos en la escuela y que no habíamos podido utilizar hasta el momento, así que lo hablé con un docente y me entero que había un chico en Ricardone que estaba haciendo lo mismo que yo quería hacer. Me contacto con él, me ayudó a calibrar las máquinas, a ponerlas en funcionamiento y me contó además que pertenecía a un grupo de jóvenes de la región que tenían ese mismo objetivo de producir viseras”.

Ahí comenzó todo para Pablo, porque desde ese momento la escuela Maiztegui fue incluida en el grupo. Por eso el director aclara: “Nosotros como escuela nos sumamos a esta iniciativa, no fue desde el inicio un proyecto nuestro. Nos pareció bueno que si ya había algo organizado poder sumarnos”. Es que como explica Molina, la campaña tiene que ver con la punta del ovillo de algo mucho más grande que se gesta en la región desde el inicio de la pandemia.

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Una vasta red de voluntarios

Aylén es una sanlorencina con muchas ganas de colaborar con el sistema sanitario de su ciudad. Y podría decirse que fue ella quien se ocupó de generar esta amplia red de colaboradores solidarios que trabajan para dotar de máscaras protectoras especialmente al Cordón Industrial.

En un principio pensó en hacer barbijos, pero una enfermera del hospital de San Lorenzo le dijo que si bien eran necesarios, ya había gente que estaba confeccionándolos para donarlos. Pero también le explicó que lo que necesitaban eran máscaras o viseras. Comenzó entonces a investigar cómo se hacían y a compartir en sus redes que juntaba material para fabricarlas. De este modo comenzó a contactarse con distintas personas e inició una búsqueda que la condujo a Rosario.

“Muchas personas me mandaban links o me compartían que en Rosario había emprendedores que ponían a disposición sus impresoras 3D para los soportes de las máscaras, así que me contacté con uno de ellos. Me uní a un grupo y vi que estaban a full con la producción. Rosario es enorme y ellos querían abastecer a la ciudad, así que sentí que pedirles que se expandieran para este lado era sumarles un problema”, recuerda Aylén a La Capital.

En ese nucleamiento, Aylén conoció a Damián de Ricardone y a Joaquín de Puerto General San Martín, los contactó y les propuso armar un grupo para abastecer a la zona del cordón. Luego se sumaron Andrés, David, Gino, Alejando, Augusto y por último se integró Pablo Molina con la agrotécnica de Ricardone. Prefieren no mencionar sus apellidos, “no hace falta”, dicen. Lo importante es que ahora cuentan con diez impresoras 3D trabajando para la región.

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Aylén cuenta que cada uno hace su parte en el grupo. En su caso, al no tener máquina se ocupa de coordinar, buscar donaciones y cortar los plásticos para las impresiones. Como se trata de un proyecto colectivo, se toma el tiempo en recordar a todas las personas que trabajan en la movida y menciona a las parejas de los chicos: “Algunas imprimen, las que pueden circular se ocupan del reparto, otras cortan plástico, todas son importantes colaboradoras”.

La sanlorencina destaca que en este proyecto “todo es a pulmón” y que por el momento los chicos están utilizando sus propios insumos porque las donaciones que esperan aún no llegaron. La organización del trabajo es prácticamente virtual a causa de la cuarentena, por eso decidieron crear una página de Facebook llamada "Imprimiendo Salud San Lorenzo”, para darle mayor difusión a la iniciativa y lograr la donación de insumos que necesitan para seguir imprimiendo.

Actualmente, el equipo está produciendo máscaras faciales para el Hospital Granaderos a Caballo, la policía y los bomberos zapadores y voluntarios de San Lorenzo. En Puerto General San Martín las viseras llegarán al dispensario, la prefectura y al personal de buques sanitarios. En total son unas 240 máscaras, aunque la intención es mucho más ambiciosa, ya que quieren dotar de protectores a todas las localidades que integran el Cordón. Los puntos de recepción de las donaciones reflejan el carácter regional de esta iniciativa. En San Lorenzo reciben en Salta 993, en Ricardone en el súper “El chaqueñito”, y en Puerto General San Martín en El Varipita 4452. En su página del Facebook, el grupo de “Imprimiendo Salud San Lorenzo” apunta que necesitan filamentos para impresoras 3D, elástico de 1 centímetro de ancho y acetato o radiografías viejas.

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Espacio educativo

Pero el proyecto de fabricación de protectores faciales no solo implica la organización de un colectivo solidario, sino que también dará sus frutos en el espacio educativo. La agrotécnica de Ricardone cuenta con dos impresoras 3D enviadas desde el Inet (Instituto Nacional de Educación Tecnológica) pero no podían utilizarlas porque no estaban capacitados para ello. La actitud de servicio de quienes integran esta red posibilitó que las impresoras de la escuela hoy estén en funcionamiento y Pablo Molina cuente con los planos para producir las máscaras y sumarse a este proyecto solidario.

En tiempos de cuarentena, la agrotécnica de Ricardone permanece abierta y mientras las impresiones las hace el director, la vicedirectora atiende el comedor que continúa recibiendo a la comunidad. Cuando terminen las medidas de aislamiento social y los chicos vuelvan a clases contarán con un recurso más para aprender. “Las impresoras que tenemos en la escuela estaban sin uso, por eso ponerlas al servicio de la comunidad era una buena idea. Ahora que ya sabemos cómo se usan vamos a continuar capacitándonos, y cuando los chicos vuelvan a clases vamos a incorporarlas en algún espacio curricular, enseñarles a usarlas y como se hacen los planos y los diseños para que comiencen a producir”, adelanta el docente.

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