Pandemia

Construyen cocinas a leña para paliar necesidades y también encontrarse

A través del plan Nueva Oportunidad ya se instalaron 12 en barrios con comedores comunitarios, como el Toba.

Domingo 26 de Abril de 2020

Rosa, Miriam y otras compañeras del barrio Toba pusieron unos pesos cada una y compraron una garrafa. No siempre llegan y, con el aislamiento son más bocas para comer en el barrio, ahí en el Toba, y en muchos otros. Entre la necesidad de “parar la olla”, pero también de encontrarse y convocar a los jóvenes que son parte del programa Nueva Oportunidad, se puso en marcha la propuesta para construir cocinas “rocket” a leña en los espacios donde hay comedores. Ya se construyeron 12 en diferentes zonas, detalló Luciano Vigoni, coordinador del programa a nivel local, y dejó en claro que “en tiempos de cuarentena la virtualidad no alcanza para reemplazar el vínculo humano y hay territorios donde es imprescindible y se hace necesario buscar con mucha cautela una cuarentena comunitaria para sostener a los chicos”.

   Ariel Ramírez coordina el programa en la zona oeste y señala que sólo en la zona del barrio Toba funcionan más de 42 grupos de jóvenes, mayoritariamente con organizaciones sociales de la zona y suman más de 500 chicos. Todos con las actividades tanto de capacitación como de trabajo en cooperativas suspendidas por la cuarentena.

   Allí, en el barrio de la zona oeste, donde supo estar un obrador del Servicio Público de la Vivienda y hoy funcionan las cooperativas Los Tobas y La Roca, se reunió un grupo reducido de adolescentes y acompañantes para construir una cocina de adobe. Una razón para encontrarse, que además aliviará la necesidad cuando no lleguen a la garrafa.

La construcción

Las cooperativas y las organizaciones de la zona tienen ocho comedores, donde las mujeres cocina dos veces al mes cuatro ollas enormes para la comunidad.

   “Nos cuesta mucho llegar en estos días”, dice Miriam, y señala la ayuda que reciben del Estado, como los bolsones que se entregan en la escuela, pero así y todo a veces no alcanza. Por eso, creen que tener una cocina a leña “es una gran ayuda”, dice la mujer.

   Así que en el patio del predio vieron cómo se llevaba adelante la construcción, que permite utilizar eficientemente la combustión a leña. El proceso, del que los propios chicos participaron, lleva poco más de una hora, y requiere de ladrillos y una mezcla de agua, tierra y excremento, que es el adobe que se usa para el revoque.

   La diferencia de los fogones tradicionales es que estas cocinas direccionan el calor de forma eficiente, lo que se traduce en menor cantidad de biomasa consumida, y pueden funcionar con los restos de poda.

   “Va a venir bien para hacerle por lo menos un mate cocido y una torta a los chicos”, le agrega Rosa, otra de las acompañantes del barrio, y se proponen que con algunas capacitaciones sean los propios adolescentes los que puedan hacer panificación para el barrio y sus propias familias.

Un proyecto extendido

Como desde otra decena de organizaciones que son parte del programa se puso en marcha la confección de barbijos, ya se piensa en producir repelente y jabón, y armar huertas para sostener lo alimentario, el proyecto de llevar cocinas a leña a los barrios donde funcionan comedores busca paliar una necesidad y al mismo tiempo convocar a los adolescentes.

   “Hay una necesidad real porque el que antes limpiaba vidrios en el centro, o cirujeaba o cuidaba autos y comía allá, ahora con la cuarentena lo hace en el barrio y viene al comedor, y si bien hoy hay una transferencia de recursos del Estado a todos estos sectores que está bien, es necesario no limitarse sólo a eso”, señaló Vigoni.

   Así respondiendo a la necesidad de responder a esa demanda, pero también de reforzar los lazos, aunque manteniendo la prudencia, la propuesta de levantar cocinas en los grupos donde funcionan comedores ya se replicó en Nuevo Alberdi, Empalme Graneros, San Martín Sur y promete avanzar.

   “Estamos viendo que las propias cooperativas puedan encargarse del corte y venta de la leña que queda en predio de Bella Vista de la poda de la ciudad —abundó—: y además que puedan aprender en la utilización de la leña tanto para cocinar como para calefaccionar ahora que vienen los fríos”.

La búsqueda de una cuarentena comunitaria

Que las cocinas a leña pueden ayudar, es cierto y así lo reconocen los propios vecinos y adolescentes. Sin embargo, en el marco de una cuarentena que deja a los jóvenes aislados en sus casas, donde la norma es vivir hacinados, y donde la única alternativa es la esquina y provoca cada vez más “problemas” con la policía, la necesidad de encontrarse se vuelve vital. “Es necesario que desde el Estado no sólo pensemos en transferir recursos, sino pensar con ellos la forma de enfrentar la pandemia”, señaló el coordinador del Nueva Oportunidad, Luciano Vigoni, que busca pensar “un aislamiento comunitario”.

   Las vecinas y acompañantes del programa aseguran que “para los chicos quedarse adentro, encerrados provoca las peores cosas”, relataron Miriam, Rosa y sus compañeras del Toba. Sin embargo, eso pasa allí y otros sectores, indica Ariel Ramírez, coordinador de la zona oeste.

   “Hay que ver lo comunitario, pensar propuestas de encuentro entre los jóvenes y los acompañantes, en grupos muy reducidos y con distanciamiento, pero de modo que en el barrio pasen otras cosas. Cambiar las condiciones que hacen que los chicos estén en la casa y que cuando salen a la esquina los apremie la policía”, señala el referente.

   Eso tal es así, que pocas semanas atrás y pese al aislamiento, los referentes del barrio se encontraron con que un calabozo de la comisaría de la zona había hacinados más de 20 jóvenes.

   Y los propios chicos lo relatan. “Los pibes no saben que hacer, sólo piensan en la muerte, en consumir”, dice Brian.

   El Tata, como le dicen a Fernando Reales, que lleva más de 20 años al frente de la cooperativas del barrio nacidas en 2001, no duda en decir que “hay que aceptar lo que dice del gobierno para cuidarnos”, pero también hay que ver la forma que los chicos tengan una actividad, trabajando o haciendo cosas en estos espacios, pero no pueden estar encerrados”.

   Vigoni insiste “en lo imprescindible de los lazos humanos” en los espacios donde “la virtualidad no alcanza”. Y propone avanzar con cautela en encuentros donde los adolescentes puedan “abordar temas de salud, hablar con médicos, pensar en temáticas como las paternidades y las maternidades en estos días que se ven con sus hijos en situaciones muy difíciles, pensar todo eso desde lo comunitario para no dejarlos solos”.

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