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Walter Navarro: "Tuve la suerte de que Duendes se cruzara en mi camino"

El ex centro verdinegro es hoy el preparador físico del tenista español Pablo Carreño. Amigo del piloto Nani Roma, trabaja en el Centro de Alto Rendimiento Sant Cugat, en Barcelona.

Lunes 28 de Enero de 2019

Walter Navarro nació en Río Cuarto, pero es rosarino por adopción. Jugó al rugby en Duendes en la década del ochenta e integró durante varias temporadas el seleccionado de la URR, hasta que en 1989 decidió irse a probar suerte a España. Y lo que en principio fue una aventura, un salir de la rutina, terminó por definir su futuro. Desde ese momento pasó mucha agua bajo el puente, el destino le fue trazando un camino que lo alejó del rugby pero lo ubicó en un lugar de privilegio en el tenis español. Hoy por hoy Tibu, como lo apodan sus amigos, se desempeña en el Centro de Alto Rendimiento Sant Cugat en Barcelona con una estrecha vinculación con la Federación Española de Tenis, de la cual formó parte hasta junio del año pasado como preparador físico de juveniles. Casado con Fernanda Pazos (una ex jugadora de hockey de Universitario) tuvo dos hijas, Inés y Laia, ambas españolas. Con 55 años recién cumplidos, su historia merece ser contada.

¿Qué te motivó a irte?
Fue como una aventura. El rugby en aquella época te llevaba mucho tiempo y yo quería conocer otras cosas, quería conocer el mundo. No tuvo nada que ver el momento económico. Soy profesor de educación física y en ese momento daba clases en un colegio... me habían ofrecido otro pero quería salir de la rutina. Así que me fui a jugar a Vigo, en Galicia, junto con Juan Narvaja (compañero en Duendes). Después Juan se fue a Barcelona y me invitó para que lo acompañe. En ese instante le pedí a la que hoy es mi mujer que viaje y después de charlar decidimos quedarnos allá. Personalmente me di cuenta de que en el tema deportivo, para desarrollarme profesionalmente en lo que yo empezaba a ver, a conocer, a estudiar, en Rosario era prácticamente imposible. En educación física hay tres bloques: educación, gestión y rendimiento, o sea entrenamiento de deportistas, algo que siempre me había gustado. Y ese empuje que hacés para consolidarte en tu profesión, en mi caso lo hice allá, porque me gustó el enfoque, la infraestructura y el conocimiento que tenían. Si yo quería hacer lo mismo que hice, en Argentina me tendría que haber ido a Buenos Aires, pero veía que acá, si quería vivir del deporte, iba a ser complicado, sobre todo en aquella época.

¿Pudiste conseguir trabajo enseguida?
El club en el que estábamos nos daba un pequeño departamento y nos tiraba unos pesos, algo simbólico pero que al final de cuentas nos alcanzaba. Mientras tanto fui buscando cosas hasta que me encontré con un chico de acá de Rosario que trabajaba en una academia de tenis, la Academia de Bruguera. El me pidió que fuera porque necesitaban una persona que los ayudara con el tema de la preparación física. Fui, hable y arreglé. Ahí estuve como seis años y terminé trabajando con el hijo del dueño, Sergi Bruguera, que ganó dos veces Roland Garros. Ahí aprendí muchísimo. Era otro nivel. Era como el día y la noche. Yo venía de acá, que era todo a pulmón, y allá era y es todo profesional, todo es por dinero. Muchas veces me preguntaban cuánto me pagaban en Argentina cuando jugaba al rugby y cuando les decía que nada, no lo podían creer, no lo entendían. Los que se estaban formando, iban a la academia para formarse y para después ganar dinero. Siempre veían la cosa desde el punto de vista económico. Era una especie de "estoy invirtiendo. Estoy pagando tanto para después, el día de mañana, ganar el dinero y devolver esa inversión". Es muy duro, porque no todos acaban llegando a ser jugadores profesionales.

Estuviste en lo que es la élite del tenis en España. Tuviste a tu cargo los juveniles y actualmente sos el preparador físico de Pablo Carreño. ¿Cómo sigue la historia?
Cuando me voy de la academia, después de siete años de haber trabajado con Bruguera, empecé a preparar a algunos jugadores que eran más o menos destacados. Después me ofrecieron trabajar viajando con Félix Mantilla y Beto Martí, con quienes estuve unos años hasta que me llamó Feliciano López. Reconozco que viajé mucho pero pagaba el precio de no ver a mis hijas, que iban creciendo y yo no estaba al lado. Pasaba 35 semanas afuera dando vueltas por el mundo y en un punto era muy lindo porque conocía mucho y aprendés mucho, además de ganar dinero; pero cada vez que llegaba a mi casa me encontraba con mis hijas que cada vez estaban más altas. Era un poco egoísta de mi parte, porque me sentía que estaba en la gloria, pero me di cuenta de que no sirve de nada comer todos los días mariscos (un lujo) si no podés compartir un sandwinch con tu hija. Me cambió la escala de valores y lo terminé dejando. Con esa decisión es como que en un punto perdí el tren, ya no tengo ese ritmo y creo que ya no volvería a hacerlo (viajar). Después de eso me costó volver a introducirme en el mundo del tenis, porque cuando te vas de un lugar, otro ocupa tu sitio. La gente cree que estás por encima del resto, que contratarte es complicado, que hacerlo sale caro y no te llaman. Tanto es así que empecé a preparar a deportistas de otras disciplinas: son golfistas, pilotos de motos y algún que otro jugador de tenis joven. Después, en 2003, me llamaron de la Federación Española y mantuve una relación hasta junio de 2018, cuando se disolvió el grupo de trabajo. Hoy sigo manteniendo esa conexión pero desde otro lugar.

Por ahí pasó mucha gente, entre ellos Pablo Carreño.
Así es... con Pablo ya llevo un vínculo de trece años. Fue top 10 en 2007... Ese año fue como reserva al Master de Londres y tras el retiro de Rafael Nadal, después de su primer partido, participó en la competencia, pero perdió con Thiem y Dimitrov y quedó eliminado del Masters. Esa fue una experiencia brutal. Hoy por hoy bajó un poco y está 23º en el ranking.

¿Qué visión tienen del tenis argentino? ¿Cómo nos ven?
En España ven a la Argentina desde arriba. Un poco por la ciencia y la tecnología que aplican, cosas que acá no sé si se hacen, y también deportivamente, mucho más después de lo que pasó con la Copa Davis en el 2008, en Mar del Plata, cuando ganaron sin Rafa Nadal.

Tienen un gran desarrollo...
...Sí. En la federación funciona un centro que es una especie de Cenard, donde hay una infraestructura pensada para el desarrollo de deportistas jóvenes, hay residencia, colegio, comedor y además cuenta con un equipo técnico en el cual no hay solamente entrenadores y preparadores físicos, sino que además hay biomecánicos, psicólogos, médicos fisiólogos... un grupo de gente en los que yo, particularmente, me apoyaba mucho. Ellos, muchas veces, te dan parámetros que el ojo no ve. Hoy por hoy hay muchos estudios, sobre todo relacionados con la biomecánica, para evitar lesiones. Eso no sé si se usa acá. Otra diferencia es que el aporte del gobierno allá es importante.

En España parece que la predilección por los distintos deportes es bastante repartida. Ahora con el tema del Dakar hay varios españoles dando vueltas, Nani Roma, Carlos Sainz o Laia Sanz, por ejemplo.
Laia Sanz, además de correr el Dakar, es trece veces campeona del mundo de trial y cinco veces campeona del mundo de enduro... es un fenómeno, aparte muy buena gente. Yo tengo mucha amistad con Lucas Cruz, que es el copiloto de Carlos Sainz. Con él salimos a andar en bicicleta seguido. Con otro que tengo amistad es con Nani Roma. Coincidimos entrenando y es amigo del tenista Tommy Robredo, otro de los chicos que entrenó con nosotros. Con ellos hemos salido bastante en bici también. Lo que hacemos en pretemporada, que fue ahora en noviembre-diciembre, nos juntamos un sábado y decidimos hacer 100 kilómetros en bici, todos, los del deporte motor y los de tenis. Lo llamamos “jornada de hermandad”. Hacemos una vuelta, comemos algún sandwinch, tomamos alguna cerveza o lo que sea y nos volvemos. Realmente es muy lindo, porque compartís cosas y vivencias y aprendés mucho.

Estás en Barcelona y hay una pregunta obligada: ¿Lio Messi?
Los que llevamos mucho tiempo viviendo allá pasamos por varias etapas. Recuerdo que el argentino era visto como el cancherito, teníamos esa fama y no nos querían. Te cuento algo que nos pasó para que te des cuenta: estábamos buscando un departamento para alquilar, el domingo vimos un aviso de uno que nos gustó y cuando llamamos el lunes a primera hora nos dijeron que ya estaba alquilado. Eso nos chocaba un poco. Además el idioma te condicionaba mucho. Se hablaba mucho el catalán y ahora con el tema del independentismo se retomó la historia. Pero pasó Maradona y descontracturó un poco esa idea que tenían y ahora con Messi definitivamente ya no te miran igual, lo hacen de otra manera. En ese sentido nos dio una gran mano. En general, cuando saben que sos de acá, lo primero que hacen te preguntan si lo conocés y más siendo de Rosario.

¿Personalmente lo conocés?
No, no tuve ningún contacto. Estuve muchas veces en las instalaciones de Barcelona porque estoy relacionado con varios médicos de ahí que también trabajan en el centro de alto rendimiento donde lo hago yo, vi varios entrenamientos pero él está trabajando y conozco lo que son los tiempos del deporte profesional. Más allá de conocerlo o no, es un fenómeno... en Barcelona, en Europa, en todo el mundo.

¿Cómo vieron en España que la final de la Copa Libertadores se hsys jugado allá y no acá?
Eso te hace ver las falencias de un país..., la realidad. No podés garantizar la seguridad de un partido de fútbol y a los diez días organizan el G-20 ¿Cómo puede ser? Llegaron las noticias del barra de River que metieron preso y le sacaron las entradas, pero lo que más chocó fue la imagen de esa hincha de River que le ponía bengalas a su hija alrededor del cuerpo... eso fue denigrante y como argentino me dio vergüenza. Volviendo a la pregunta, creo que hacer jugar ese partido allá solamente fue un negocio para España. En Barcelona todo el mundo iba con Boca... Por Maradona y Riquelme, que habían jugado con la azulgrana. Ellos buscaban un nexo... ¿quiénes jugaron acá? Maradona... entonces vamos con el Boca de Maradona.

Hace años que estás viviendo en España, ¿qué es lo que verdaderamente más extrañás?
Extraño que te toquen timbre y te digan “tengo un pedazo de carne para hacer a la parrilla, ¿nos juntamos?" En España la gente se maneja de otra forma. Si lo invitás informalmente, no van: les tenés que decir fecha y hora. Tengo un grupo de amigos, entrenadores de diferentes deportes, a los que invito a comer a casa, porque nosotros necesitamos tener un grupo de gente para reunirnos, comer un asado. Y es lo que estoy disfrutando acá. En Rosario vivo muchas alegrías, son muchas las emociones.

Haciendo un balance de tu carrera, te dedicaste más al tenis, un deporte que por sus características
es lo opuesto al rugby
Sí, es un deporte individual en el que uno depende exclusivamente de uno. Toda la gloria y todo el fracaso se lo come uno, porque no hay nada que te ayude desde afuera a superar situaciones negativas en un partido. El rugby, como deporte de equipo, es diferente. Tenés un compañero al lado que, si te equivocás en algo, te da una palmada para seguir adelante y te motiva nuevamente.

Hablando de rugby, ¿Qué representa Duendes para vos?
Duendes para mí representa una parte de mi vida fundamental. Aprendí mucho sobre valores como el esfuerzo, la lucha, el sacrificio y el compañerismo. Cuando empecé a jugar yo era un flaquito desgarbado que hacia las boludeces propias de un pibe de 14 años. Me acuerdo la primera vez que fui al club a practicar, en 1978, terminé vomitando... pero volví el jueves. Fui creciendo como persona y haciéndome duro. Tengo que nombrar a un hombre que me enseñó muchísimo, no sólo como jugador sino como persona: Horacio Gatarello, alguien a quien considero como mi segundo padre. Me acuerdo que los veranos los pasábamos en el club y cuando bajaba el sol me decía: "Tibu, ¿vamos a patear un poco?" y estábamos hora y media dándole a la pelota hasta que llegaba la hora de los sandwiches de milanesa de la Gallega, (Silvia, su esposa, un encanto de mujer). Creo que no dejás de ser de Duendes nunca. En mi caso particular, que no vivo en Rosario, sigo teniendo contacto con todos mis amigos y disfrutó mucho de cada uno. En un punto me considero muy afortunado, porque tuve la suerte de que Duendes se cruzara en mi camino.

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