Un playón de estacionamiento del Gigante semivacío, con varios vehículos todavía estacionados y con los micros de Bragantino a punto de partir fue el escenario en el que los últimos integrantes de la delegación de Central dejaban el estadio, pero envueltos en sensaciones contrapuestas. También quedaban allegados, amigos de jugadores e integrantes del cuerpo técnico, quienes ya le apuntaban a la revancha en Brasil. El Kily, por obvias razones, salió con cara de pocos amigos, lo hizo serio, carrito en mano y sólo detuvo su marcha porque alguien le pidió que saludara a una persona que lo estaba esperando en un auto. El técnico auriazul amablemente se acercó y conversó unos cinco minutos. Mientras eso ocurría una persona muy amiga de uno de los máximos referentes se expresó con confianza. “Esto no está definido y creo que la levantada es posible. Bragantino también demostró ser un equipo al que se le puede hacer daño”, confió.































