Ovación

River y Boca, de superclásico a superbochorno monumental

Lo que debía ser una fiesta terminó en vergüenza. Agredieron al micro de Boca y la final pasó para hoy.

Domingo 25 de Noviembre de 2018

Lo que era el partido de la historia pasó a ser el "de la vergüenza". Otra vez (y van) el fútbol argentino estuvo empañado por la barbarie. Por la sinrazón. Por la locura inexplicable y por la ineficiencia de los que tienen que brindar seguridad. Esos que hicieron todo lo contrario y no cumplieron para lo que fueron contratados. ¡De qué sirvieron tantas reuniones y planificaciones de los que tienen que imponer el orden! River v. Boca, la revancha de la final de la Copa Libertadores de América, no se jugó. Y se postergó para hoy, a las 17, la definición del campeón, que es lo que ayer debía determinarse para vivir una fiesta del fútbol. En el medio hubo un combo de situaciones lamentables, desde el accionar de un grupo de irracionales que perjudicaron a miles de hinchas y las idas y vueltas y las presiones intensas que ejercieron las autoridades de la Conmebol. Una verdadera pena. Ah, en días nada más se realizará la Cumbre del G20. Todos los presidentes pueden venir tranquilos.

La primera sensación que apareció en un Monumental ruidoso, pero expectante a la determinación fue de derrota general. Otra vez. De pena por no poder disfrutar de lo que es un espectáculo. Un divertimento, más allá de todas las cosas que se juegan en el medio. Y una imagen hacia el mundo de país bananero. Como tantas veces fue tildado precisamente por todas estas desavenencias. Por la incapacidad para garantizar la seguridad de los que deben hacerlo. Y por la enfermedad de algunos pocos de generar episodios de violencia. Algo de nunca acabar, porque tampoco existe la voluntad para hacerlo.

El ataque que sufrió el colectivo que trasladaba a la delegación xeneize y que lastimó a varios jugadores fue incomprensible. Porque se suponía que las autoridades habían diagramado un operativo y los lugares por dónde debía circular. Y lo inexplicable es que lo llevaron hacia el centro de un numeroso grupo de inadaptados que rompieron los vidrios del micro a piedrazos y tiraron gas pimienta. Un elemento que quedó en la memoria de los millonarios precisamente por haber padecido tiempo atrás en la Bombonera y que derivó en la clasificación millonaria y un duro castigo a los xeneizes.

Perdieron todos. Y mucho. La Conmebol presionó para que el encuentro se disputara y se resolviera el nombre del campeón. Boca se sentía perjudicado y "no" en condiciones de salir al ruedo. Una remake a lo que les había pasado a los millonarios en la Bombonera en la Copa de 2015. En esa ocasión los futbolistas se negaron a continuar con el juego y se les dio por perdido el cotejo a los boquenses.

A las 17.02 la voz del estadio anunció (¿presionando?) que el encuentro había sido postergado hasta las 18. Los hinchas que colmaron el estadio deliraron y comenzaron a cantar. Mientras la dirigencia de Boca insistía en que los jugadores no estaban en condiciones de hacerlo y encima el capitán Pérez había sido trasladado a un centro oftalmológico.

Ahí ya estaba en juego otro partido. El de la disputa, las conveniencias, los compromisos económicos. Ya lo padeció la Conmebol con la suspensión del duelo de ida por lluvia. Una cosa increíble, pero el clima no se puede controlar. Ahora la organización presionó con suma intensidad con el fin de lograr que se dispute la definición y se ponga punto final a una competencia que entró en un cono de sombras difícil de igualar.

A las 17.45 otra vez apareció la voz del estadio anunciando que "el partido fue postergado para las 19.15". Una nueva presión de la Conmebol para que el juego se llevara a cabo más allá de la barbarie. De todo el bochorno. A tal punto que Carlos Tevez y Fernando Gago dejaron el vestuario por un rato para contar: "Nos están presionando y no estamos en condiciones de jugar. Hay tres compañeros que no están bien". Y más allá de esta expresión los organizadores insistieron en llevarlo adelante y hasta mandaron a los árbitros a realizar la entrada en calor.

El mundo posó la mirada en la final. Una inédita, histórica, entre River y Boca. Por algo se modificaron tantas cosas, como que se modificara el día y horario. Trasladarlos a un fin de semana por la tarde cuando toda la vida fue entre semana y por la noche. El negocio, los dólares del exterior motivaron a dejar de lado lo que era tradicional. Y lo que se pretendía que fuera una muestra del gran fútbol argentino, el de la garra, la pasión y el folclore único en el mundo terminó transmitiendo la barbarie, la locura conocida y la vergüenza de una parte de un pueblo enfermo. La alegría y ansiedad inicial se cambió a tristeza sin fin. Por una sociedad futbolera que sigue en caída libre.

Pero... todo pasa. Y a pesar de todos los desatinos y el papelón se insistió para que se jugara como fuera, sin importar nada. Hasta más tarde de lo previsto, en horario nocturno. Hasta que pasadas las 19.30 se anunció oficialmente en la cancha la suspensión hasta hoy. Al tiempo que afuera del estadio había corridas e incidentes y luego desbandes en las tribunas y en los pasillos del estadio. Una vergüenza.

Los hinchas genuinos que perdieron por goleada

Los estúpidos, los violentos o los que se creen vivos "jodieron" a miles de hinchas que fueron a vivir y disfrutar el partido de la historia. Los que desandaron miles de kilómetros, enfundados con la camiseta de River y el buzo al tono, en un micro cargado de pasión. Desde Salta, Jujuy, Chaco, Mendoza, Río Negro, Neuquén y tantos otros lugares invirtieron sus ahorros para estar en el superclásico copero. Muchos tuvieron que recurrir a la reventa pagando 17, 20, 40 y hasta 50 mil pesos por un boleto. Una verdadera locura, pero que en el mundo del fútbol sucedió en cotejos determinantes y cargados de pasión. Y un grupo minúsculo, que hace de la violencia un negocio, hizo trizas en un santiamén esas ilusiones de disfrute. ¿Quién se hace cargo de eso? ¿Quién piensa en el público, el que mantiene vivo al fútbol? La respuesta es muy simple: nadie.

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