El duelo del sábado ante Boca tendrá condimentos muy especiales para Ever Banega. El 13º acto de la Copa de la Liga le provocará un contrapunto de sensaciones al talentoso volante rojinegro, quien regresa a la alineación principal luego de la expulsión que sufrió ante Godoy Cruz en Mendoza. Mucho ruido y mucha polémica corrieron detrás de esa tarjeta roja. Declaraciones dirigenciales para evitar males mayores, fallos y designaciones arbitrales que siguen generando enfado, y una ventana por Copa Argentina que no mostró la mejor versión del conductor de este Newell’s que quiere acomodarse para encarar bien plantado el tramo de cierre del certamen.
Este escenario agrega particularidades y multiplica las exigencias alrededor de este desafío que seguramente será determinante para la suerte de los dos contendientes en esta pulseada que será una de las más atractivas de la fecha.
En su rol de referente leproso, de estratega y de máxima carta de triunfo, Banega vuelve al once de arranque en un cotejo clave, en plena definición de la fase de grupos. Justo frente a un Boca, que fue parte perceptible de su pasado, de sus inicios en el profesionalismo, y que hace muy poco tiempo atrás intentó repatriarlo, sin la suerte que tuvo Newell’s.
El presidente xeneize Juan Román Riquelme, con quien Ever tiene una gran relación, trató de llevarlo para La Ribera pero chocó contra las intenciones del entrenador, Diego Martínez, quien le bajó el pulgar porque buscaba futbolistas jóvenes y rápidos en ese sector de la cancha.
Ante ese panorama, la dirigencia rojinegra apuró su paso y pudo formalizar el retorno de Banega a la entidad del parque Independencia. Uno de los pases más importantes y resonantes del último mercado argentino, que dejó con la boca abierta a muchos periodistas de Buenos Aires, que nunca pudieron terminar de comprender semejante acción de amor y resignación.
Los colores del corazón
Así, Ever se dejó ganar por los colores que gobiernan su corazón y que lo arrimaron a Rosario. Un gesto de pertenencia en su estado más puro. Una decisión que rápidamente lo ubicó como líder de un plantel con muchos jóvenes.
Ese papel en la conducción se fortaleció desde el aporte futbolístico del 10 leproso, que se adaptó muy bien y muy rápido al fútbol argentino y ya en las primeras fechas pudo mostrar sus dotes, su oficio, y sus virtudes en la generación de juego que elevaron y lo metieron a este Newell’s en el lote de los protagonistas.
Este mismo equipo sin Banega, pierde valías y le quita razones y sustento a sus ambiciones. Y por eso, ante cada una de sus ausencias queda claro que debe apostar al esfuerzo y a estrategias colectivas para disimular un trance que siempre lo pone incómodo.
Pero, a todo lo bueno que trajo en este nuevo paso en el club rojinegro, se le contraponen las expulsiones que padeció en momentos clave de la presente campaña: en el duelo previo al clásico y ante el puntero del grupo en Mendoza. Evidentemente, todavía no puede manejar su conducta en los choques donde Newell’s define cosas importantes. Ese exceso de temperamento, esa irritabilidad, puede representar un arma de doble filo en los encuentros determinantes en la Copa de la Liga.
En tanto, con un penal fallado y una producción muy sepia ante Midland por Copa Argentina en Santa Fe, expuso un extraño último gesto antes de retornar al once principal.
Entre esos marcados contrastes, tan propios y tan característicos de los jugadores habilidosos, el cuerpo técnico leproso espera su reinserción en la alineación titular con los brazos abiertos. Este sábado se viene Boca, en el último duelo en el Coloso ante su gente antes de lo que serán los cuartos de final, y Banega lo sabe. Una gran chance de vestirse y mostrar su vocación de maestro de ceremonias.