Muchas veces se usa de manera ligera la palabra “crisis” para definir momentos puntuales que en realidad no merecen ese calificativo porque puede tratarse de una simple racha negativa. Pero este no es el caso de Newell’s. Porque acá la palabra “crisis” encaja perfectamente para describir el duro momento futbolístico e institucional que atraviesa la entidad del Parque.
Es que el revulsivo que quiso ser el reemplazo del entrante Gallego Méndez por el saliente Mauricio Larriera lejos de aclarar el panorama lo empeoró aún más. El rojinegro luce a la deriva dentro de la cancha y la caída en el clásico fue un puñal tremendamente doloroso, pero además pasaron y pasan cosas afuera del rectángulo que colman la paciencia del hincha genuino.
Hubo renuncias y licencias en la comisión, una marcha en la puerta del club y cada vez más presencia en la páginas policiales por detenciones de barrabravas.
Todo este cóctel de pelota, violencia y política fue el que sin dudas quebró la relación entre la gente, el hincha de a pie, con los jugadores y también con la dirigencia, ambos eslabones del club que fueron silbados e insultados del minuto cero al noventa y pico en lo que fue la derrota ante Racing del viernes por la noche en el Coloso.
La gente de Newell's habló en el Coloso
La gente habló y expresó un fastidio unánime que hacía rato no explotaba con tanta potencia.
En este contexto los futbolistas debieron dar la cara y claro que lo hicieron con los nervios a flor de piel, en un escenario muy difícil para dar pases certeros o tratar de estar concentrados sin que las rechiflas y los insultos les reboten como si nada.
Esto lo aprovechó Racing para con muy poquito quedarse con todo. Encima el gol de Roger Martínez pudo ser evitado por Lucas Hoyos. Y como cuando todo viene patas para arriba también el Colo Ramírez le erró al arco desde los doce pasos en el cierre que pudo ser el empate que hubiese servido de consuelo para aplacar tanta bronca en las tribunas.
Nadie mejor que el Gallego Méndez, uno de los responsables de este momento, pero no el máximo porque llegó hace apenas seis partidos (1 victoria, 2 empates y 3 derrotas) para resumir con claridad el presente leproso tras la caída con Racing.
“Si no estás fuerte de lo anímico, lo futbolístico pasa a segundo plano. Llegamos a tocar fondo y debemos salir de ahí. Debemos tener fortaleza y seguir unidos. Es la única realidad, es trabajo, más trabajo y más trabajo. Duele muchísimo pero tenemos que volver a trabajar y levantarnos. El miércoles tenemos un partido muy importante, el más importante desde que estamos acá”. Sin vueltas el Gallego trazó el panorama deportivo y reconoció que el límite de su gestión será Central Córdoba de Santiago del Estero, en San Nicolás, por la Copa Argentina, donde allí si no hay clasificación no habrá mañana para él.
Newell's y volver a su lema
Pero el problema de Newell’s va mucho más allá de un técnico y un partido. Ganar no será resolver todos los problemas y perder no marcará el fin del mundo para el club.
Pero sí, Newell’s necesita comenzar a entregar señales de confianza y crecimiento dentro y fuera de la cancha. En este escenario de bronca e incertidumbre nada puede entregar un horizonte despejado y satisfactorio.
Y la única receta es trabajo, madurez, autocrítica, diálogo, sentido de pertenencia y como se dice pero no siempre se hace “poner al escudo por encima de todo”. Si ni siquiera logra disfrutar de la construcción de la nueva tribuna.
En el fútbol y en la vida de un club nada es definitivo ni irremediable, y lo mejor para Newell’s será mirarse al espejo, a ese espejo glorioso que tanto fútbol entregó a lo largo de más de 120 años de historia. Y la que todavía aportará mucho más con el lema de su marcha oficial: “futbol, verdad”.