Te consagraste como el mejor boxeador amateur del país, siendo campeón en rodeo ajeno y de forma clara. ¿Sensaciones?
Fue una experiencia muy gratificante, un regocijo personal enorme. Tengo mucha felicidad. Se te cruzan muchas sensaciones por la cabeza, sentimientos muy fuertes. Si bien peleamos en un lugar neutro, me tocó enfrentar al local y eso lo hizo menos llevadero pero no fue un impedimento para mi. Pierda, empate o gane, yo ya me sentía un ganador por estar ahí entre todos los campeones provinciales. No se puede explicar con palabras lo que se siente. Quería traer el título para Rosario y dejar a Santa Fe en lo más alto.
¿Por qué elegiste el boxeo?
Te digo la verdad, me considero una persona tranquila y nunca me llamó la atención el deporte de contacto. Entré al gimnasio de Empleados de Comercio con una necesidad que era bajar de peso. Tenía sobrepeso y estaba en 117 kilos. Entonces me recomendaron empezar boxeo porque es una actividad muy completa. Me crucé con muy buenas personas, como mi entrenador Marcelo (Botta), que desde el principio me hicieron sentir cosas que en otro lugar no sentía. Una sensación de familia. Y eso no se comparte en cualquier lado. He estado en varios gimnasios y eso no me lo daban. Así que todo empezó por una necesidad y se volvió una pasión. Veía los entrenamientos de Marcelo con los boxeadores, los ojos de hambre que tenían, me sentía totalmente identificado. De quedarme media hora guanteando, me terminaba quedando tres horas. Me levantaba a las 7 de la mañana, desayunaba, agarraba la bicicleta y me iba desde barrio La Florida -a tres cuadras del puente Rosario-Victoria-, a las 9 ya estaba en el gimnasio, a las 12 volvía en bicicleta con un amigo, y a la tarde hacía el mismo recorrido. Era una locura. Inconscientemente ya sabía que quería ser boxeador.
El boxeo es muy demandante de horas, ¿cómo haces para manejar eso, sobre todo con el trabajo?
Me lleva mucho tiempo. Entreno de lunes a sábados y a veces los domingos. Hago el recorrido que te conté antes, entreno hasta las 11.30, a las 12 marco el reloj y entro a trabajar hasta las 16 en el supermercado. Tengo un poco más de una hora para merendar y a las 17.30 ya vuelvo al gimnasio a entrenar otras dos horas. A las 20 entro a trabajar por cuatro horas. Le agradezco al sindicato de Empleados de Comercio porque siempre que lo necesité me dieron una mano y me hacen sentir muy cómodo. Las necesidades de un boxeador son muchas, desde un nutricionista, la preparación física, la indumentaria, el calzado.
¿También te dan una mano con los viajes?
Del viaje al sur se hizo cargo la Federación de Boxeo de Santa Fe porque era el representante provincial. Pero si tengo que viajar a cualquier otro lado, sea Jujuy, Salta o Estados Unidos, tengo el apoyo de Empleados de Comercio. Eso es un privilegio.
Lamentablemente eso suele salir del bolsillo del deportista, realmente sos un privilegiado más allá de que te lo ganaste.
Tal cual. Y eso también lo viví antes de ser un boxeador y de tener los títulos. Era sangre, sudor y lágrimas, como se dice. La pandemia fue dura, era agarrar una bolsa y guantear a pura voluntad, llorar porque se pasaba el tiempo y no podía pelear. Es mucho tiempo y sacrificio. No todos conocen la vida de un boxeador. No es subirse a un ring, pelear y ya está. Podés volver a tu casa o terminar en la cama de un hospital. Atrás de todo el show que rodea al boxeo hay un equipo que se sacrifica mucho.
Ese camino de sacrificio dio resultado y ahora vas a pegar el salto al profesionalismo. ¿Qué se viene para vos?
Más allá de que ahora soy el campeón nacional y es el techo en lo amateur, yo el año pasado había sido subcampeón y ya teníamos la idea de pasar al profesionalismo. Pensamos en una fecha para marzo pasado pero justo tuve una lesión en un nudillo que nos atrasó varios meses y el destino quiso que tuviéramos una revancha por el título nacional amateur. Salimos bicampeones interprovinciales y provinciales y fuimos rumbo al Nacional, otra vez. En el medio me robaron la moto, andaba mal económicamente, pero nunca me permití agachar la cabeza y me enfoqué en lo que quería. Lo dí todo, lo disfruté y se dio el título. Culminé mi carrera amateur trayendo el cinturón para casa, para mi familia, para el sindicato.
Vos salís sólo al ring pero abajo también tenés el apoyo de tu familia, ¿fundamental no?
Mi mamá, mis seis hermanos y mis dos abuelos fueron fundamentales. Siempre palabras de aliento, que estén ahí apoyándome. Estoy agradecido de tener una familia así. En los malos momentos me tendieron una mano, me ayudaron a seguir adelante. La familia te empuja.
¿Cómo te definís como boxeador y a quién tenés como referente?
Nicolino Locche. Una leyenda del boxeo argentino. Estaba tres pasos adelante del resto. Tenía una personalidad abajo y arriba del ring que era espectacular. Un showman. Realmente hacía boxeo, que es el arte de pegar y que no te peguen. Nicolino es mi espejo. En mi caso venimos de la escuela de Amílcar Brusa. Quien entrenó a mi entrenador Marcelo Botta fue Hugo Villerán (fue colaborador de Brusa). Los conocimientos que le transmitió Brusa a Villerán y Carlos Monzón, los adquirió después mi entrenador. Obviamente el le puso su impronta y le agregó cosas nuevas que te dan una técnica espléndida. Es un apasionado. En cuanto a mi estilo, hago lo que me enseñaron (risas).
Ya que lo mencionaste, ¿qué podés decir de tu entrenador Marcelo Botta?
Marcelo es lo más. Para mí es el mejor entrenador del mundo. Formamos un gran equipo. Ahora estamos gestionando para dar el salto y tener una chance el año que viene en Estados Unidos. Nos pusimos ese objetivo. Si me preguntás cuál es mi sueño, es dejar una huella en el boxeo argentino. Si a vos te pregunto qué es lo primero que se te viene a la cabeza cuando te digo boxeo, seguro me vas a responder Monzón, Ringo (Bonavena) o Nicolino (Locche). Bueno, yo quiero que también se acuerden de mi nombre. Algunos te dirán que quieren ser campeón mundial, yo quiero ir más allá y dejar una huella. Y lo voy a lograr si lo tengo a Marcelo (Botta) al lado. Estoy seguro de que va a ser así. Hacemos un gran equipo juntos. También agradezco a Carlos Locke (promotor) que nos da una mano bárbara siempre y está buscando la posibilidad de debutar afuera. Vamos por eso.
¿Qué es el boxeo en tu vida?
Es mi zona de confort. Como cuando entrás a tu casa y te sentís cómodo y bien, bueno, es eso. Me da tranquilidad, me da valores. Te da dedicación, pasión, compañerismo, responsabilidad. Es mi casa.
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Cualidades. Botta definió a Matías como “tiempista y contragolpeador”.
Los conceptos claros del DT Marcelo Botta
- “Estoy muy feliz por Matías. Si bien obtuvo muchos títulos, ahora logró ser el número uno argentino aprobado por la FAB (Federación Argentina de Box). Es doble mérito. Estoy muy orgulloso por él. Es un boxeador completo y te diría que mi hijo deportivo. Como boxeador es muy completo. Es tiempista, utiliza los errores del rival a su favor y es un gran contragolpeador. Sabe tener estrategia de combate para que el rival cometa errores. Es muy vivo para pelear. Considero que tiene una carrera muy larga por delante. Hoy por hoy no tiene techo. Ya es el número uno de Argentina y espero que ahora sea el número uno afuera. Hemos tenido conversaciones con promotores de Los Angeles (Estados Unidos) que vieron pelear a Matías y lo consideran un peleador muy interesante. La palabra “interesante” para Estados Unidos significa éxito. Ahora empieza a entrenar triple turno y queremos hacer un campamento de dos o tres meses para después hacerlo debutar, ya sea en Argentina o en el extranjero”.
- “Le quiero agradecer al sindicato de Empleados de Comercio porque todo esto también se logró por ellos. Me hicieron sentir parte de la familia y me dan total libertad. Sentí el respaldo de todos los directivos, con Luis Battistelli a la cabeza, Juan Gómez, Silvana Crocci, Daniel Baigorria, que son con quienes más hablo pero podría nombrarte a varios más que ayudan día a día”.
- “Hay algo que siempre hablo con Matías. La alegría es muy corta para un boxeador y un entrenador. Dura simplemente hasta la próxima pelea. Hoy ganamos el campeonato argentino pero no tenemos mucho tiempo de festejar. Ya tengo que estar preparando técnica, táctica y físicamente a Matías para lo que viene. Vos preguntarás “¿cuándo disfrutás esto?”, y yo creo que voy a disfrutar cuando mi cuerpo no de más y esté sentado en un sillón mirando los cuadros con fotos de cuando le levantan la mano a Matías siendo campeón (se emociona). Recién ahí voy a festejar. Esta vorágine no te lo permite. Es hoy, mañana, pasado, próxima pelea, recuperarse, entrenar, otra pelea. No es ganar y chau. Un alpinista entrena durante años para escalar una montaña en quince días pero, si se resbala en la cima, tarda menos de un minuto en caer. Así es el boxeo. Llegar a la cima cuesta años de sacrificio. Caerse, una mano”.
Juntos por el gran sueño. Carlos Sánchez Locke (promotor), Matías More, Marcelo Botta (entrenador) y Alejandro Galeano (comisión directiva de Empleados de Comercio).
El DT y el boxeador. El entrenador Marcelo Botta y el campeón nacional amateur Matías More posan con el preciado cinturón. Ahora van por más.
Los guantes y el cinturón. Matías More es el mejor amateur del país y el año que viene incursionará en el boxeo profesional. Lo hará con la misma humildad y hambre de gloria que ahora.