Toda historia tiene un inicio. Un kilómetro cero. Un primer paso al que se encadenan los siguientes. Un principio que sirve para proyectar lo que viene. Y el campeonato que obtuvo Central el jueves en Mendoza, cuando se alzó con la deseada Copa Argentina, también tiene un origen, una matriz, un punto de partida. No fue obra de la casualidad ni la providencia la extraordinaria conquista que forjó el club de Arroyito, tras vencer en la dramática tanda de penales el último jueves al Lobo platense. Hay que destacar con mayúsculas que el ADN del equipo del Patón Bauza comenzó a gestarse en la pretemporada que se desarrolló a mitad de año en Costa Rica, mientras se estaba disputando el Mundial de Francia. Allí, en suelo tico, respirando el confortable aire centroamericano y rodeado de montañas, volcanes y una espesa vegetación, el Patón trazó las coordenadas fundacionales del "nuevo" Central. Puso las cartas arriba de la mesa. Desempolvó la fórmula del éxito. Por ello, la vuelta olímpica auriazul en el estadio Malvinas Argentinas tiene como primer envión las bases instauradas en el país caribeño. Y Ovación fue testigo privilegiado de esa etapa preparatoria, de ese día a día laborioso en que Central comenzó a darle vida a un sueño que ahora se hizo realidad. Fue la primera imagen de la película de la coronación.
El lunes 25 de junio Central arribó a Costa Rica y el plantel se instaló en el hotel Quality, en las afueras de la capital San José, donde permaneció por dos semanas. El primer gesto de sintonía lo dio el entonces presidente Raúl Broglia, que había llegado el día anterior y recibió en persona a toda la delegación y, además, saludó con afecto a Bauza. Un guiño de convivencia de parte Broglia, que había dado el okey para que contrataran al Patón, a pesar de haber reconocido con anterioridad que no era un admirador de su línea futbolística. Broglia y Bauza mantuvieron una relación de respeto, con el presidente yendo a mirar algunos entrenamiento, y con el Patón siempre predispuesto a charlar con el ex líder de la comisión directiva.
Claro que lo más relevante que fue a realizar Central a Costa Rica fueron dos cosas. Por un lado, llevar adelante la etapa de acondicionamiento físico más importante de la pretemporada y allí tuvo un rol clave el preparador físico Bruno Militano, que estuvo al pie del cañón en cada ejercitación que cumplió el grupo en suelo tico. Y, por el otro, siendo tan trascendente como el punto anterior, la prioridad del Patón fue comenzar a gestar un grupo rocoso, con mística, en el que los juveniles tengan como guía la experiencia de jugadores con una vasta trayectoria en el lomo.
A Marco Ruben y Germán Herrera, como históricos surgidos en el club, se sumaron los aportes de los experimentados Néstor Ortigoza (que ya estaba en Arroyito) y Matías Caruzzo, este último el único refuerzo con nombre y apellido que el Patón puso como condición indispensable para reforzar la defensa y contar con un nuevo caudillo que tenga voz de mando. Y estos jugadores fueron guiando al resto de la tropa, junto con la contribución de otros con rodaje como, por ejemplo, Parot, Carrizo, Gil, Camacho y Zampedri. Así los más grandes marcaban el camino del piberío en los entrenamientos, cumpliendo con cada consigna física a rajatabla y escuchando con atención cada concepto táctico que comenzó a esbozar el Patón.
Central practicaba en doble turno en el extraordinario campo de entrenamiento de la Liga Deportiva Alajuelense, en la zona montañosa de Turrucares. Desde allí Bauza siempre tuvo en claro a los once titulares que iba a utilizar en este primer semestre de su gestión. Y por ello ese mismo equipo que comenzó a parar en las primeros ensayos tácticos en Costa Rica fue el que salió a disputar la final del jueves ante Gimnasia y que se alzó con la Copa Argentina. El Patón jamás dudó de quiénes eran los once elegidos para arrancar los partidos, aunque está claro que luego pudo haber algún retoque por cuestiones físicas o algún bajón individual. Pero hay que reconocerle al DT que su ojo clínico inicial no falló. Y la obtención de la Copa Argentina lo certifica.
Para el Patón, más allá de que en los amistosos de la pretemporada hubo algunos retoques obligados por la carga lógica de los trabajos, el once ideal que tuvo en mente siempre fue con Ledesma; Bettini, Caruzzo, Cabezas y Parot; Carrizo, Gil, Ortigoza y Camacho; Ruben y Zampedri. Y que las primeras opciones eran el Chaqueño Herrera, Andrés Lioi, Joaquín Pereyra y Maxi Lovera (al que recién tuvo a disposición de regreso en Rosario).
Justamente en los amistosos el ciclo de Bauza arrancó con el pie derecho. Porque en la pretemporada Central logró imponerse en los dos ensayos formales que disputó. Goleó 3 a 0 a Alajuelense, con un doblete de Fernando Zampedri y uno de Alfonso Parot. Y luego superó 2 a 1 a Cartaginés, con los goles que aportaron los integrantes de la dupla ofensiva: Ruben y Zampedri. Así se hizo acreedor de la Copa Cementos Fortaleza.
La pretemporada tuvo casi todos los días doble turno de trabajo en el predio de Liga Deportiva Alajuelense. El primer turno arrancaba bien temprano, antes de que el sol y la humedad ganaran la atmósfera. Luego el plantel almorzaba y por la tarde, tras la siesta, se cumplía con la segunda tanda de trabajo, siempre con la pelota presente en los ejercicios. Y también estaba disponible el gimnasio del hotel.
Por lo general el Patón, en algún momento de la jornada, se tomaba su tiempo para parar al equipo y reforzar los conceptos tácticos de ataque y defensa, caminando como un orfebre entre los jugadores y guiándolos como un acomodador de cine al lugar de la cancha que debían ocupar según se fuera moviendo la pelota. Permanentemente motivando y arengando al plantel sobre que tenían margen para mejorar y que debían creer en ellos mismos.
Una persona clave del cuerpo técnico es José Di Leo, el Camello, el ladero incondicional del Patón, que ya desde la pretemporada realizaba anotaciones y aconsejaba a los jugadores sobre cómo resolver las diferentes facetas del juego.
También fue clave que Bauza convenciera para que se queden a Marco Ruben y Fernando Zampedri, algunos de los futbolistas por los que habían llegado sondeos. El DT sabía que los necesitaba para ir en busca de un objetivo grande.
En los ratos libres el grupo compartía rondas de mate, con buena onda y confraternidad entre los grandes y los pibes y también el cuerpo técnico extendía la sobremesa para charlar de fútbol, tanto de Central como del Mundial que se estaba desarrollando. Y más porque el Patón y su gente habían sido parte de las eliminatorias al frente de la selección argentina.
El dirigente que estaba con el grupo era Eduardo Bossio y siempre se movía con el plantel el mánager Mauro Cetto, atento a los pedidos del Patón. Hasta viajó la nutricionista Sabrina Goddard, muy atenta a la dieta de los jugadores y que todos los día los invitaba a pasar por la balanza.
Así arrancó el sueño del título que obsesionaba al Patón. Poder ser campeón como técnico en Central, algo que había logrado como futbolista. Con rendimientos buenos, con altibajos y atravesando algunos resultados negativos en la Superliga, la Copa Argentina se abrió como el gran sueño a conquistar. Y Bauza y sus muchachos fueron por todo. Por la gloria. Por lo que se habían juramentado en aquel inicio de trabajo en tierra tica.
Ovación estuvo alojado en el hotel en que hizo pie el plantel canalla y siguió cada movimiento de la etapa preparatoria. Fue testigo directo del inicio del sueño de la coronación. Se puede decir que delegación regresó a Rosario renovada por la energía del país caribeño, en el que la frase de cabecera de sus habitantes es: "Pura vida", para desearle suerte a la persona que tienen enfrente. "Pura vida", entonces tuvo el Central de Bauza. El ahora Central campeón del Patón.