Central

Errático, agobiado y perdedor

Central fue una sombra y un tibio San Lorenzo lo terminó de hundir. Sin juego ni rebeldía, los auriazules cayeron en los minutos de descuento ante el último de la tabla en la Superliga.

Lunes 18 de Marzo de 2019

Central jugó para perder y perdió, pero lo peor de todo es que lo hizo ante un San Lorenzo que no generó casi nada para ganar. Por eso el canalla tocó fondo futbolístico en la tarde caliente del Gigante, que sin dudas debe marcar un antes y un después de cara a lo que viene. Central fue una sombra con la pelota en los pies y con el paso de los minutos también se descompensó atrás para que el Ciclón, con un leve soplido en tiempo de descuento, le meta una puñalada letal. El gol de Nicolás Reniero no hizo más que poner al Canalla frente al espejo. Central se convirtió en un mamarracho futbolístico porque perdió ante el último de la tabla de la Superliga, llegó a 14 partidos sin victorias en todas las competencias y encima está muy comprometido con el promedio para la próxima temporada. Por eso la derrota con el cuervo debe marcar un punto de quiebre. No hay más margen de error.

   En cuanto al juego fueron 90 minutos pobrísimos, con un Central tirado en la cancha y un San Lorenzo tibio que juntaba pases sin mirar el arco de Ledesma. El Canalla fue un espanto y quedó claro que el equipo debe renacer y rearmarse arrancando desde cero. Es tierra casi arrasada.

   El primer tiempo fue soporífero. Porque la pelota rodó siempre a dos kilómetros por hora. El trámite tuvo el freno de mano puesto. Los dirigidos por el Loncho jamás pudieron acelerar con precisión en campo ajeno y así fue imposible sorprender al Ciclón. Con Gil y Rinaudo lentos y erráticos en el pase de salida, con Camacho absorbido por la marca y con Parot y Molina casi sin trepadas, se le se hizo complicado a Central romper el molde. Había fallas en los pases fáciles y eso atenta contra cualquier intento de progreso en el campo. Por eso casi no hubo aproximaciones canallas al arco del veterano Torrico. También perdieron más de lo que ganaron Zampedri y Herrera en la lucha cuerpo a cuerpo que mantuvieron con los zagueros azulgranas. El único que esbozó una bocanada de rebeldía fue el colombiano Duván Vergara. El punta cafetero al menos imprimió aceleración por la banda derecha. Primero forzó el error del rival en la salida, aunque de cara al arco remató mordido. Y después esperó la habilitación en la trepada a fondo de Molina, pero su tiro pegó en un rival cuando iba en dirección a la red. Fueron las únicas aproximaciones auriazules en los 45 iniciales. Mientras que San Lorenzo parecía no tener ganas de atacar.

   Y en el complemento lejos de mejorar Central agravó todos los males, en el juego, la intensidad, la notable merma física y ni qué hablar con el gol agónico que lo despojó hasta del punto que si bien olía a poco, al menos era un poroto más para la tabla del promedio del año que viene.

   Así en la etapa final, Central entró más torcido y Barbieri le pellizcó la pelota a Marcelo Herrera cuando estaba en las narices de Ledesma y listo para facturar. A medida que avanzaba el reloj el Canalla iba más por inercia que por juego asociado y sustento colectivo. Molina, de lo mejor en el local en el complemento, lanzó el centro y el remate de Zampedri rebotó en Gianluca Ferrari. Luego Ledesma falló con los pies y casi lo emboca Juan Salazar.

   A 20 minutos del final entró Ortigoza a flotar en tres cuartos, más como una especie de mítico guerrero salvador que como relevo que podía anexarse a una idea definida de ataque. Y el experimentado número diez le dio una buena asistencia a Zampedri, que el Toro definió cruzado y Torrico ahogó el grito. La más clara del canalla de los 90 minutos. Los ingresos intrascendentes de Pablo Becker y Lovera parecían más placebos que cambios radicales que pudieran enmendar los males del equipo en el final del partido. Tampoco es culpa de los juveniles entrar a jugar con la soga al cuello. Vergara ya estaba afuera maltrecho y dolorido por todas partes.

   El encuentro se moría 0 a 0, en la intrascendencia y la impotencia de uno y otro. Con los jugadores de Central ya con las medias bajas y sin respuestas con y sin pelota. Entonces en el segundo minuto de descuento San Lorenzo se animó y de la trepada con centro bajo del cafetero Juan Salazar sobrevino la mano de nocaut que tumbó al Canalla por toda la cuenta. Facturó Nicolás Reniero y el Gigante explotó de bronca. Central tocó fondo. Terminó el ciclo Ferrari.

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