Como nunca antes, en el Mundial de Estados Unidos, México y Canadá que acaba de terminar con Argentina como subcampeona del mundo y España en lo más alto del podio hubo de todo para disfrutar, compartir, conocer y, por sobre todas las cosas, analizar. ¿Quiénes fueron las figuras del Mundial? ¿Estuvieron dentro o fuera de la cancha? ¿De qué se habló en las coberturas? Algunas preguntas, con respuestas abiertas hasta el infinito. Bienvenidos todos al nuevo mundo, a subirse al tren. La pelota no se mancha, pero casi no existe para el universo viral. Youtuber, influencer, blogger y TikToker, la explosión de mirarse sólo el ombligo.
El árbol tapó al bosque y para estos nuevos personajes nada fue más importante que su propia intimidad. Moda, comidas, celebridades, familiares de jugadores y retos virales, todo enmarcado por experiencias personales con egos altísimos. Lo que no está mal y puede gustar, pero de fútbol nada.
¿Qué es esa pelota que pica? ¿Tiene un conejo adentro? Sí, increíblemente, justo en una Copa del Mundo de fútbol nada se dice de lo más lindo: el juego. A cada paso, en cada estadio, en cada práctica, en cada cancha, casi siempre, con las 24 horas con el celular encendido, pero hablando y apuntándose sólo a ello. Está perfecto. En la misma cuna del capitalismo, el individualismo debió ser la gran estrella y lo fue.
La obsesión de ganar seguidores a cualquier precio en el Mundial
La cámara del celular en la mano siempre prendida, con un objetivo innegociable y a cualquier precio: ganar seguidores y visualizaciones. Y el que consume, ¿mira verdaderamente el contenido con los ojos abiertos y los cinco sentidos atentos, o es sólo seguir a la manada? ¿Hay margen de análisis y elección o es ir para donde va la corriente? Un tema que ni los expertos de la comunicación tal vez le encuentren respuestas.
La vida parece que se juega en un click, en un me gusta, en algo que parece ser la meca a llegar: las viralizaciones. Ah, y la calidad y profundidad del contenido que se transmite, tal vez llegue más adelante, si es que llega, si es que importa. Ahí la pelota se revolea a cualquier lado y con los ojos cerrados. En el Mundial de fútbol, de lo que menos hablaron fue de fútbol. Un golazo que parece que vende y monetiza. No está mal, es lo que hay. Y la única verdad es esta nueva realidad.
Leer más: El presidente de la Conmebol busca que el Mundial 2030 tenga 64 selecciones
Las teorías conspirativas y la realidad de la cancha
Hasta ahora mismo, incluso imperan las teorías conspirativas de por qué Argentina perdió la final. Por la bandera de Malvinas ante los ingleses, por cuestiones políticas de la Fifa y la Uefa. Todo sanata, o al menos cero fuente confiable. Y la verdad es que España le dio un baile a Argentina en la final, aunque duela muchísimo. Pero vende más crear fantasmas, que puede haberlos, pero las pruebas jamás aparecen.
Claro que los enviados especiales de La Capital estuvimos dentro en esta lógica y nos animamos a transitarla sin perder el foco en que el protagonista nunca es el periodista, son los hechos. Porque nadie se quiere quedar afuera del mundo. Y menos en el multimedios de la ciudad donde nació el mejor de todos: Lionel Messi, que ahora ya descansa en las afueras de su Rosario querida. Pero el foco, errados o no, fue la noticia y los hechos reales.
Este Mundial tuvo amplificada a la máxima potencia esta faceta de las redes que no son la de los arcos y ni en las que se gritan goles como fue siempre desde que se inventó el bendito fútbol. Estas son otras redes, hay otros “jugadores”, personas que le hablan al celular todo el tiempo, que le dan la espalda a la cancha, que tal vez no vieron ni un gol del Mundial, pero que estaban felices de ser ellos los protagonistas y no los jugadores, ni los técnicos, ni los hinchas.
Un fútbol sin pelota
Leer más: "Ted Lasso", la serie que apareció en el entretiempo de la final del Mundial, estrena temporada
Será la nueva lógica de la comunicación. Tal vez sí. Esa que sueña con que el fútbol se juegue sin pelota, sin arcos, sin jugadores, hasta sin la principal emoción que tiene una Copa del Mundo: los goles. Porque parece que lo que más importa es ser el ombligo de uno mismo, ser el centro de todas las miradas y que el “me gusta del otro” sea la validación de que ni Messi ni nadie es más importante que enfocarse a sí mismo. “Ayúdame Freud”, diría Ricardo Arjona.
Hasta Lionel Scaloni dijo varias veces durante el Mundial y ahora recién llegado a Argentina: “No veo y no me importan las redes”. Algo curioso, porque todos admiran al DT, pero nadie lo escucha y siguen consumiendo como glotones todo lo que les ofrece el ecosistema cibernético.
Según la leyenda, el joven Narciso era conocido por su inigualable belleza y por rechazar a todos los que se enamoraban de él. Para castigarlo por su desdén, los dioses lo guiaron hacia un lago de aguas cristalinas. Al inclinarse, Narciso quedó tan hipnotizado por su propio reflejo que se enamoró perdidamente de él. Intentó alcanzar la imagen, cayó al agua y terminó ahogándose. Es sólo un relato ficcional, pero muchas veces la realidad supera a la ficción. Viva el fútbol y que la pelota y los jugadores sean las verdaderas estrellas de los mundiales.