Rusia 2018

De raíces canallas y compinches en la selección

Di María y Lo Celso son más que dos titulares para Sampaoli en el equipo que debutará en el Mundial.

Lunes 11 de Junio de 2018

Si no estuviera hospedada la selección argentina, nadie se daría cuenta de que en el centro de entrenamiento en Bronnitsy dos jugadores unidos por el cordón umbilical de Central ya empezaron a construir sus sueños mundialistas. Poco les importa a Angel Di María y Giovani Lo Celso que la fiebre por el inminente comienzo de Rusia 2018 esté levantando temperatura en Moscú. Ellos duermen como bebés pensando todo el tiempo en que escribirán otro capítulo de la saga del pibe que sueña con ser campeón del mundo y con algún día volver a ponerse la camiseta canalla. Porque sus raíces son indelebles y jamás renegarán de ellas. Los dos se formaron en el laboratorio de la ciudad deportiva de Granadero Baigorria, pero prácticamente no disfrutaron del calor que les brindó el hincha de Central. Enseguida partieron hacia Europa, cada uno a su tiempo, y ahí pulieron la técnica y la destreza futbolísticas. Hoy no sólo los une el mismo origen, sino que comparten club. Juegan en PSG de Francia y también son piezas complementarias del entramado colectivo que piensa armar Jorge Sampaoli para debutar contra Islandia en menos de una semana.
   Angelito y Gio parecen siameses durante las concentraciones con la selección argentina. Comparten hasta la habitación en el refugio albiceleste en Bronnitsy. Se entienden puertas adentro y afuera y eso que son de distintas generaciones. Di María, con 30 años, ocupa una franja superior y en Rusia disputará su tercer Mundial. Lo Celso, con apenas 22, se ubica en la pole position en la renovación de jóvenes que promovió Sampaoli y vivirá su primera experiencia mundialista. Igual forjaron una relación que no sabe de reproches ni egoísmos y que sí entiende de afinidades y contención anímica. Es que los dos tienen personalidades similares. Son introvertidos, cuesta saber qué les pasa en determinadas circunstancias, aunque se ríen, hacen chistes, sufren y por las noches hasta se prestan las orejas para hacerse de confidentes. Se nota a la legua que hay química entre los dos. Motivos les sobran. Si hasta alguna vez dijeron que cambiarían no vivir más cerca del río Sena en París porque extrañan horrores el Paraná. Siempre Rosario les quedará cerca.
   Pero hoy el hilo conductor futbolístico de ambos es la camiseta celeste y blanca. El Mono empezó a ganarse un lugar en la consideración de Sampa también en Moscú, la ciudad en que seguramente hará su bautismo mundialista. En aquella oportunidad, cuando Argentina estuvo de gira por este país para jugar contra Rusia y Nigeria, el técnico casildense lo ubicó como interior izquierdo, un lugar al que se adaptó con creces en el fútbol francés. Fideo sigue siendo una pieza energética para la selección. Por más que esté perseguido por desgarros o lesiones musculares más leves en los partidos clave que juega Argentina, él siempre se las arregla para convertirse en un preferido por los técnicos del seleccionado. No es obra de la casualidad que Maradona, Batista, Sabella, Martino, Bauza y ahora Sampaoli, los últimos entrenadores, antepusieron su aporte futbolístico a su fragilidad corporal y mental para encarar los momentos decisivos. Alguno de ellos jugueteó con no citarlo, pero al final aparecía en la nómina. Con el Zurdo cumplirá un papel más protagónico a la hora de organizar y recostar los avances por la izquierda. Es que para Sampa la zona de volantes es la que define a qué quiere jugar el equipo. Di María se desempeñará más como un pistón por la izquierda, haciendo bien ancha la cancha y metiéndose lo menos posible por la selva del medio. Sólo tiene permiso para entrar en esa zona congestionada cuando salga como flecha para aprovechar el espacio vacío con alguna diagonal.
   Lo Celso tendrá su primer Mundial para demostrar que es capaz de encontrar a sus compañeros, entre ellos a un tal Lionel Messi, en las distintas alturas de la cancha con pases entrelíneas. Será un jugador determinante para el andamiaje colectivo. Porque si algo consiguió Sampaoli fue que el pibe automatizara los movimientos y restableciera la conectividad con Messi. El famoso circuito que empujó a Paulo Dybala a declarar que le resultaba "difícil jugar con Messi", Gio no lo padece. Al contrario. Lo disfruta y hasta se anima a hacer el doble comando cuando Leo está rodeado de piernas rivales. Sampa quiere que nunca se esconda y que siempre sea la opción de pase de Mascherano, Biglia o el cinco que juegue. En un equipo que promete, según el ideario de su entrenador, ser prepotente y valiente, el ex volante de Central más joven vendría a ser algo así como la pausa para el diálogo.
   Por más que sean compatibles adentro de la cancha, algo los distancia. Uno es el presente y futuro de la selección argentina. El otro en poco tiempo será pasado. Lo Celso procesó con inteligencia el período de aprendizaje al que debió someterse este año en PSG. De ahí que el nivel que le mostró al mundo antes de estampar su firma en la titularidad para el Mundial no fue obra de la providencia. De la mano de Sampaoli se convirtió en un eslabón calificado para darle fútbol al seleccionado. La pausa y la buena visión de la jugada para descargar en el momento justo la pelota le estampan el sello a su jerarquía. Por eso la confianza del Zurdo puede ser el mejor combustible. En cambio, Di María no necesita que nadie le explique que empezó a transitar el último tiempo como referente silencioso de esta generación que desde las finales perdidas se transformó en carne de diván para muchos argentinos. Esta nueva chance que le da Sampaoli debe transitarla por el camino de la resurrección de un futbolista que está obligado a no amilanarse en la adversidad. Sampa tiene la expectativa que Angelito encuentre en Rusia la mejor terapia para reencontrarse consigo mismo. Darle esta posibilidad de volverse a sentir determinante, valioso y seguro. Todos esos intangibles que sólo muy esporádicamente los tuvo cada vez que se puso la camiseta de la selección.
   Di María y Lo Celso, sangre joven y vena experimentada para que al mediocampo de la selección le fluya fútbol durante el Mundial. Angelito y Gio, dos amigos entrañables que sueñan noche a noche en la concentración en Bronnitsy con levantar la Copa del Mundo y con alguna vez volver a jugar en Central.

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