Cuando Mariana Correa y Matías Ferreyra decidieron dejar Rosario para mudarse a Bigand hace tres años, en busca de una vida más tranquila y segura, no imaginaban que esa decisión los llevaría de lleno a emprender y dirigir juntos su propia fábrica alimenticia. Hoy están al frente de Pizza Lista Mar, marca con la que venden entre 12 y 13 mil pizzas por mes a distribuidores que llevan el producto a comercios de Santa Fe, Buenos Aires y Córdoba.
La logística que montaron les permite atender principalmente al canal mayorista y haber ingresado con su marca en cadenas de supermercados de la ciudad como Dar, La Reina y Carrefour. También trabajan con instituciones educativas y organizaciones como escuelas, clubes e iglesias, a las que proveen pizzas a precios accesibles para que puedan revenderlas y con la diferencia de ingresos recaudar fondos para distintos fines.
“Nunca hicimos prepizzas, siempre quisimos agregarle valor y que ya estén con todos los ingredientes, listas para cocinar. Hoy tenemos seis gustos, mozzarella, especial, roquefort, napolitana, cheddar y doble mozzarella, y trabajamos cuatro estilos de pizza: una versión XL, la típica masa de molde y otra ovalada a la piedra, además de pizzetas”, cuentan los emprendedores y destacan la capacidad de realizar repartos sin costo a una gran cantidad de localidades, llegando incluso a algunas que están a más de 200 kilómetros de Bigand. Esto, gracias a su propia logística de transportes equipados con cámaras de frío para mantener los productos en condiciones óptimas.
Escalar desde lo artesanal
El inicio de este proyecto se dio en el 2023, cuando la pareja se instaló en Bigand junto a sus hijos Dante y Morena, aprovechando que el hermano de Matías ya vivía allá y apostando por una vida más tranquila, alejada de la gran ciudad. En ese momento ambos tenían trabajo, Matías cumplía tareas en una distribuidora de quesos, por lo que durante un tiempo siguió viajando todos los días a Rosario. Mariana era docente titular en una escuela, pero la distancia no le permitió continuar con las clases. Fue entonces cuando apareció la inquietud de hacer algo propio. “Siempre trabajé y necesitaba hacer algo”, recuerda Mariana.
Así empezó a preparar pizzas de manera artesanal en su casa, que luego ella misma salía a ofrecer por el pueblo, presentándose ante vecinos y comerciantes para que la conozcan y contando por qué habían decidido empezar de nuevo en Bigand. Poco a poco, fue recibiendo más pedidos y Matías se sumó a ayudarla, lo que hizo que muchas veces cocinaran la producción durante la noche, mientras sus hijos dormían. Sin embargo, el primer empujón vino cuando les llegó un pedido distinto. Una escuela de Rosario se enteró del emprendimiento y les encargó 2000 pizzas de una semana a la otra.
“Hasta ese momento hacíamos todo de forma manual, incluso rallábamos el queso nosotros a mano. Pero un pedido así no íbamos a llegar a completarlo en tan poco tiempo, así que necesitábamos equipamiento. Fue entonces cuando tomamos la decisión de comprar nuestra primera máquina para rallar mozzarella. Ese pedido, de alguna manera, nos empujó a profesionalizarnos”, rememora Mariana.
Pero lo que les permitió dar el salto y pasar de un proyecto pequeño a una marca con proyección vendría después. En el camino para mejorar el alcance de Pizza Lista Mar, Matías explica que hay que dar ciertos pasos con cuidado, alcanzando un equilibrio entre los avances que se quieren lograr y el valor de concretarlos. “Una pizza la podés mejorar, pero hay que tener en cuenta que ese camino no aumente mucho el precio. Tenés que mantener los costos para almacenes y para supermercados; tratamos de equilibrar eso, poder avanzar sin que el producto nos quede a un precio elevado”.
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Matías explica que la inversión siguiente que hicieron fue una envasadora para poder vender las pizzas envasadas al vacío, un sistema que mejora la conservación del producto y que les permitió empezar a producir y vender a mayor escala. Con el tiempo, también incorporaron un segundo formato, el termosellado. Luego llegaría la fábrica propia, en la que invirtieron gran parte de lo recaudado con la marca. El espacio donde funciona la planta era un inmueble que tenía el hermano de Matías y que originalmente estaba destinado al alquiler. Cuando empezaron a evaluar la posibilidad de instalar allí la producción, recibieron la visita de Bromatología, que les indicó una serie de adecuaciones para cumplir con la normativa y autorizar la actividad.
Trabajar con distribuidores
Haber logrado la habilitación de cada uno de sus productos le abrió a la pareja un mundo de oportunidades. Primero desarrollaron el canal mayorista, generando una red de distribuidores que les compraban decenas de pizzas (generalmente de a 50, 100 ó 200 unidades), para revender. Incluso abrieron un depósito en Rosario para que algunos compradores no tengan que viajar a la fábrica. Además del mercado local, los productos llegan a otras localidades santafesinas como Venado Tuerto, Rufino, Chañar Ladeado, Casilda, Villa Constitución, Funes, Pérez, Soldini, a ciudades de Buenos Aires como Pergamino e incluso a la Córdoba.
Para vender en los supermercados, el trabajo fue doble: fueron ellos mismos a golpear la puerta de distintos establecimientos, esperando poder hablar con los jefes de compras. Cuando lograron ingresar al primero, otras cadenas comenzaron a contactarlos para sumar el producto a sus góndolas. En paralelo, impulsaron un segundo canal, al que llaman institucional, y está integrado por escuelas y otras organizaciones que compran las pizzas a un valor promocional, que ronda los $4.500, para luego venderlas casi al doble y generar ingresos. De esa manera, las instituciones pueden recaudar fondos para costear viajes, comprar calefactores o afrontar otros gastos.
Con un crecimiento que sorprendió a la pareja, los planes de avanzar son grandes y por eso aseguraron que el objetivo a corto plazo está puesto en reforzar su presencia en Rosario, tanto con más ventas en instituciones como sumando presencia en supermercados y grandes establecimientos. “Vendemos un producto con toda la trazabilidad completa, que tiene un costo bajo y ofrece una buena ganancia. Por eso queremos seguir ganando presencia y sumando distribuidores que nos ayuden a llegar a más lugares”, indicó la pareja de socios.