Central

Coudet, un técnico con la vista al frente

Domingo 02 de Septiembre de 2018

Es incipiente la carrera de Coudet como entrenador, de hecho sus primeras armas las hizo en Central, cuando todavía nadie se había atrevido a convocarlo para calzarse el buzo, pero eso no invalida la sentencia de que sus equipos tienen una identidad particular, establecida, que intenta respetar independientemente de la condición de local o visitante, de si cuenta con jugadores de una vasta experiencia o con un equipo limitado, algo que hasta aquí muy pocas veces le sucedió. Y esto es, a priori, un punto que habla a favor del Chacho. No cualquier DT logra que sus equipos jueguen como el conductor pretende. El tema de los resultados obtenidos es una discusión aparte, que hace a la cuestión, pero que da para otro tipo de lecturas o análisis. ¿Qué es lo que se sabe de Coudet técnico? Que los equipos que maneja marchan con la intensidad como bandera, por lo que lo de hoy será un contrapunto interesante. A ese ímpetu que seguramente impondrá el Racing de Coudet se plantará el ordenado Central de Bauza. Una pulseada interesante.

   Los equipos son intensos, dinámicos, con una clara preponderancia a buscar más el arco de enfrente que a resguardar el propio. Intentan que haya un equilibrio entre un comportamiento y otro, pero las prioridades están claramente establecidas.

   Este Racing se mueve en la misma sintonía que lo hacía el Central de 2015 y 2016. Con otros protagonistas claro, pero con una partitura similar. Es lógico que el hincha canalla no tenga desmenuzado a este Racing, pero le alcanzará con recordar la forma en la que jugaba el Central de hace apenas unos pocos años.

   Para el Chacho, sin dinámica no hay aspiraciones posibles. Por eso ese estilo tan particular. El técnico intenta que su equipo ejerza una presión alta con un único fin: provocar el error y recuperar la pelota lo más cerca posible del arco contrario. Para eso es necesario un ritmo y un desgaste físico acordes.

   Y Coudet no es de los entrenadores que elige los momentos para exigir ese vértigo. Más bien todo lo contrario. Pretende que sea una postura futbolística desde el vamos. Totalmente opuesto a lo que sucede con este Central de Bauza, mucho más mesurado en cuanto a sus modos y pretensiones.

   Hasta desde lo estratégico hay cuestiones en las que Coudet muestra cierta tozudez. Intentar resguardarse un poco una vez que su equipo logra ponerse en ventaja no es algo que le haga demasiada gracia ni que entienda como un comportamiento obligatorio. Muchos hinchas de Central recordarán, por ejemplo, aquella final de la Copa Argentina 2016, ante River, en la que luego de dar vuelta el resultado (del 1-2 al 3-2) no intentó moderar las pretensiones para jugar con la desesperación del conjunto millonario. Alentó de igual forma el golpe por golpe. El final es conocido por todos: derrota.

   La locura que muestran sus equipos dentro del campo de juego es directamente proporcional a las formas que el técnico exhibe del otro lado de la línea. Movimientos ampulosos, con cierto grado de histrionismo, indicaciones permanentes y gesticulaciones de todo tipo son su forma de vivir cada partido. Otro de los contrapuntos de lo que sucede hoy en Arroyito con Bauza. "Para qué voy a gritarles constantemente si muchas veces los jugadores no me escuchan. Prefiero tomarme algunos minutos, más tranquilo en el entretiempo, para arreglar algunas cosas", fue la respuesta del Patón tras la victoria ante San Martín de Tucumán.

   En Central, Coudet jugaba de la forma en la que lo hace Racing hoy, con futbolistas de una dinámica particular. Estaban Montoya, Cervi, Jonás Aguirre, Fernández, además de laterales (Alvarez, Villagra o Ferrari) que pasaban constantemente al ataque. Incluso Lo Celso era de los que se plegaba a la dinámica y, cuando el juego lo ameritaba, intentaba recuperar, muchas veces yendo al piso.

   ¿Pueden ayudar algunos números para apuntalar la sentencia de cómo vive el fútbol el Racing del Chacho? Claramente. En los tres partidos de la Superliga hizo goles antes de los 30 minutos. En Tucumán logró que la Academia de Avellaneda pusiera a Atlético a remolque de sus pretensiones con los goles de Licha López (28') y Bou (36'). Después, no saber o no poder jugar con ese resultado a favor hizo que el Decano se lo igualara. A Vélez, por la 2ª fecha, no le dio chances, con el gol tempranero (3') de Licha López. Y ante un desvencijado Patronato el equipo mostró quizá su versión más hambrienta y devoradora. Otra vez marcó a los 30' y a los 5' del complemento ya tenía el partido resuelto.

   Hoy se topará con un equipo que pretende hacer del orden su modo de vida, que intentará no desprotegerse. Y allí estará el gran desafío de un Racing que tendrá más obligaciones que nunca después de la soberbia cachetada que River le pegó durante la semana por la Copa Libertadores, pero que con el Chacho en banco difícilmente utilice un manual de estilo que no sea el caracteriza al DT. Siempre con la vista al frente.

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