Es probable que en aquellos primeros años en los que se encontró arriba de un par de patines, Juan Francisco Sánchez no tuviera idea de lo que era convertirse en el mejor de su deporte a nivel continental. Es que entonces sólo trepaba a las rampas con rollers hasta que vio un aviso de patín artístico en un club y se metió para no salir jamás. Ahora, lejos de aquella pequeña historia, escribe otra. La de conocer y sentir en carne propia lo que es llegar a lo más alto de unos Juegos Panamericanos y como plus, ser el primer argentino en lo que va de la competencia en Lima, en colgarse la medalla dorada. ¿Algo más? Sí, marcar un hito, un punto de inflexión. Desde hacía 20 años nadie conseguía una medalla de oro en patín artístico de caballeros. El más inmediato precedente lo marcó justamente su entrenador, Walter Iglesias, quien lo acompaña en Perú como entrenador de la selección.
Juan Francisco Sánchez, el rosarino de 25 años que tuvo sus orígenes en el club La Gloria y que hoy representa a Lanús, ya que en Buenos Aires encontró la posibilidad de hacerse mejor en lo suyo, se subió a lo más alto del podio sin objeciones. El viernes dio la nota al quedar primero en la general del programa libre corto, con 60.95 puntos, 10 por encima de su más cercano perseguidor, el paraguayo Víctor López. Y ayer coronó la actuación con 91.68 en el programa libre largo y un total de 152.63. La celebración, sin embargo, llegó con cierto suspenso y ansiedad. Es que Juan Francisco fue el penúltimo en salir a escena y tuvo que esperar sin ver la rutina por el desempeño de López, quien finalmente quedó cuarto.
Al podio que encabezó el rosarino lo completaron el estadounidense John Burchfield (total 133.17) y el brasileño Gustavo Casado (128.09), quien conoce la gloria de ser nada menos que campeón del mundo. Justamente, Juan Francisco contó tras la premiación que llegaba a Lima con la confianza de haber sido medallista de oro sudamericano este año, con buen margen de puntos, pero las incógnitas se planteaban en torno a Casado, quien no había competido en esa cita. Ahora, con el resultado puesto y el diario del lunes (aunque hoy sea domingo), tiene las respuestas.
"Lo que logro lo logro entrenando, como loco, con pasión y amor. Para mí no existe otro camino que ése", dijo el rosarino cuando le preguntaron acerca de los motivos de este logro y confesó que su entrenador Walter Iglesias le dijo al inicio de este proceso que quería que él reciba su presea, de algún modo. Esto es que si había alguien que tenía que volverse a colgar la dorada tras aquel lejano Winippeg 99, fuera él. "Trabajamos con convicción. Cuando Walter me manifestó que quería que yo sea el próximo medallista de oro panamericano estaba muerto de miedo y lleno de nervios pero lo logramos".
Juan Francisco Sánchez se apoyó en su fuerte artístico pero también rindió con creces en lo técnico. En ello edificó su tarde gloriosa. Ya sabía de podios mundiales y lauros a nivel continental. Aunque ninguno, tan grande como éste, un lauro que lo ubica en lo más alto del continente.
Ahora, el nene que subía en rollers a las rampas vuelve en cierto sentido. Se ríe, se expresa con inocencia en el podio, se emociona y mueve las manos sin parar, haciendo pero sin saber qué hacer. Mientras suena el himno no canta, respira profundo. Dicen que respirando profundo se calma la mente y se alcanza la tranquilidad. La de Juan Francisco llegó. Y tiene color dorado.
Soler se acostumbró a estar arriba
El logro de Juan Francisco Sánchez no vino solo. Argentina hizo un combo casi perfecto. Es que un rato antes de la coronación del rosarino su compañera Giselle Soler se colgó la medalla de plata. Soler, de 22 años, concluyó segunda en la prueba de programa libre largo con 92,5 puntos en la competencia que ganó la brasileña Bruna Wurts con 103, 17 (también había quedado primera, como Juan Francisco, en la primera jornada del programa corto). Así, la representante del Club Tristán Suárez, ganó su segunda medalla en Juegos Panamericanos ya que conquistó la presea de oro en los de Toronto, Canadá, en 2015. Entonces fue la medallista más joven de Argentina, con 18 años.